La negligencia es un descuido o una falta de cuidado. Cuando hay responsabilidad y la misma se descuida, hay negligencia. El Estado paraguayo tiene ciertas responsabilidades para con sus ciudadanos, y sus obligaciones más vitales están siendo descuidadas por un gobierno negligente.
Desde 1910 ya existía electricidad en Asunción gracias a lo que pasaría a ser la Compañía Americana de Luz y Tracción y, posteriormente, en 1913, quedaría a cargo de la compañía inglesa Asunción Tranway Light and Power Company Ltd.
Los gobiernos republicanos no inventaron la electricidad. De hecho, como se ve, en Paraguay ya existía electricidad con los gobiernos liberales, pero la misma era solo para un grupo selecto y privilegiado, y solo llegaba hasta la Avda. Perú.
Fue recién después de que los republicanos llegaran al poder cuando la electrificación del país empezó. Ya al inicio,el 22 de noviembre de 1948, hoy hace 72 años, se creó la Administración Nacional de Electricidad (ANDE), y el monopolio de la electricidad pasó a manos del Estado.Durante el gobierno de Stroessner se construyeron las tres grandes hidroeléctricas: Acaray (1961-1969), Itaipú (1975 - 1984) y Yasyretá (1983 - 1993), con lo que el Paraguay se convirtió en una potencia en cuanto a producción de electricidad, y la electricidad llegó a varios rincones del país.
El gran declive de las empresas estatales llegó a inicios de los 90, cuando se hizo de moda lo que se denominaba neoliberalismo, lo cual pretendía privatizar todas las empresas estatales. Así fue, como por arte del birlibirloque, muchas empresas que funcionaron por muchos años súbitamente dejaron de ser eficientes y fueron privatizadas.
A partir de los 90 la gran mayoría de las empresas del Estado entraron en un estado de dejadez. Incluso las instalaciones educativas, como las escuelas, quedaron al abandono del tiempo, sin que mucho se haga por el mantenimiento de sus infraestructuras. Hoy, a más de 30 años, sentimos las innegables marcas de esa negligencia.
El pueblo, en su momento, se resistió a la privatización de algunas empresas estatales esenciales, y una vez que pasó la fiebre de la privatización otro problema más grave se puso en evidencia, ya que los gobiernos de turnos tenían otras prioridades. Ya a nadie le interesaba preservar ni mantener las obras de los gobiernos anteriores, y cada nuevo gobierno quería inaugurar lo suyo.
El gobierno actual quizás sea el mejor ejemplo de esto, pues nada les importó en continuar las obras de quienes lo precedieron. Se trata siempre de inaugurar cosas nuevas, o reinaugurar, incluso apropiándose de logros ajenos. Lo peor de todo, como no hay dinero, es que ya venimos con la costumbre de seguir prestando para que el gobierno pueda lucirse con sus “logros”, que terminan siendo aún más costosos a causa de la corrupción.
El gobierno debe ser responsable (tener lo que en inglés llaman accountability). Debe ser responsable por el deterioro debido a la falta de mantenimiento e innovación del patrimonio nacional. Los que gobiernan deben responder por las millonarias pérdidas que sufrimos a causa de la negligencia administrativa gubernamental. Estas pérdidas se ven tanto directa o indirectamente, porque al dejar de presentar un servicio eficiente, la industria privada y los ciudadanos también salen perdiendo.
Los cableríos de la ANDE son un claro ejemplo de esto. A un sistema que nunca se lo ha actualizado ni mantenido apropiadamente, se lo ha recargado con una suma de cableríos de empresas privadas, pero nunca se ha hecho nada por mejorar la infraestructura.
Los daños y perjuicios que sufrimos hoy día por culpa de esta negligencia son evidentes no solo con los cortes de luz y cuando se queman nuestros electrodomésticos. Estos cableríos también han producido incendios y representan una amenaza para el medio ambiente y la misma protección de los ciudadanos. Además de eso, está la contaminación visual.
Un turista europeo afirmó una vez: “Asunción es, aunque descuidada, una ciudad hermosa escondida bajo la mugre y una telaraña de cableríos”. Los cableríos que se pueden ver en el centro de Asunción revelan otro aspecto del manejo de la cosa pública con sus folklóricas instalaciones 'kashiâi'. Se puede ver a menudo el excedente enrollado de cables, como si ya esa multitud de cables enmarañados no sean suficientes.
El gobierno debe responder por su negligencia. El patrimonio estatal debe mantenerse e innovarse rutinariamente sin que esto represente otro crédito multimillonario para el Estado. Hoy día, este gobierno, parece estarse a la carrera por construir más cosas nuevas sin que a nadie le interese preservar y mantener lo que ya tenemos.
Los problemas que surgen con esta negligencia no son solo de orden económico, ya que borden muchas veces la responsabilidad penal. ¿Si alguien termina muriendo a causa de esta dejadez o negligencia, quién se hace responsable?
Ni hablar de la ironía de que en el país de la electricidad tengamos que andar con velas, con generadores en las casas y con frecuentes apagones.
La producción de energía limpia y renovable es un orgullo para los paraguayos. La negligencia del gobierno termina haciendo de una virtud un objeto de sarcasmo.
D.D.W.S.