Con el 2025 llegando a su fin, el escenario político paraguayo comienza a definirse prematuramente de cara a las elecciones presidenciales de 2028. Así lo analiza el politólogo y analista Benjamín Fernández Bogado, en una entrevista exclusiva con el diario El Nacional, quien señala que, lejos de presentar novedades sustanciales, el mapa político evidencia un adelantamiento de las disputas internas especialmente dentro del Partido Colorado, tras la derrota municipal en Ciudad del Este.
Según Fernández Bogado, en las filas coloradas se aceleró el lanzamiento de precandidaturas a la presidencia. El cartismo impulsó a Pedro Alliana, actual vicepresidente, mientras que otros sectores posicionan a Arnoldo Wiens y a Lilian Samaniego, esta última más como una figura destinada a negociar espacios políticos y familiares que a competir frontalmente. "Las tendencias se decantarán luego de los comicios municipales del 2026, en dónde aunque no sean completamente ciertas procurarán darle alcance e interpretación nacionales", señala el experto.
El analista advierte que uno de los movimientos centrales del oficialismo es comenzar a despegarse del presidente de la República, Santiago Peña, ante un gobierno percibido como desgastado. "Dentro del coloradismo ya buscan no quedar pegados a un eventual fracaso en 2028. Las denuncias y rumores de corrupción en el Ejecutivo son de conocimiento público, al punto que el propio Horacio Cartes le recordó a Peña, en un acto público, que 'se puede gobernar con honestidad'", remarca. En ese contexto, figuras como Nicanor Duarte Frutos y Gustavo Leite estarían realizando un trabajo " de zapa", al que podrían sumarse otros actores.
Para Fernández Bogado, la prioridad del Partido Colorado será evitar perder el poder, incluso si eso implica sacrificar al actual presidente. "La cuestión central será que el Partido Colorado no caiga del poder a toda costa y si hay que sacrificar a Peña lo harán", apuntó.
Esa estrategia se apoya, además, en la debilidad y fragmentación de la oposición, que ya muestra agentes divisores en su interior, como el caso del exsenador Blas Llano en el liberalismo. A esto se suma la figura de Paraguayo Cubas, a quien el analista ve poco dispuesto a integrarse a un proyecto común, optando más bien por jugar en solitario y dividir el frente opositor.
Escenario 2026
En cuanto al clima político hacia el 2026, Fernández Bogado observa "más de lo mismo", pero con un componente de creciente desconfianza institucional. Señala que está instalada en la opinión pública la idea de que el voto con papeletas es más confiable que las máquinas electrónicas, mientras que los cuestionamientos al Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) y a la Corte Suprema de Justicia (CSJ) profundizan la incertidumbre. Las declaraciones del presidente Peña sobre reuniones secretas con ministros de la Corte y la posibilidad de reformas constitucionales "tramposas", como en el caso de los senadores vitalicios, tampoco contribuyen a un escenario de estabilidad. "No vislumbramos un horizonte tranquilo ni predecible", insistió.
Finalmente, el analista advierte que decisiones sensibles como la reforma de las cajas jubilatorias y los acuerdos vinculados al investment grade tocarán intereses profundos dentro de la estructura colorada. "Tocará intereses de la argamasa colorada y es poco probable que (ese proceso) no dejen contusos y heridos que pasarán la factura electoral", concluye, anticipando un camino electoral conflictivo, incierto y con fuertes tensiones políticas.