El Nacional accedió de manera exclusiva al informe del CADEP, elaborado por el sociólogo y analista político José Carlos Rodríguez, el cual traza un diagnóstico inquietante del Paraguay en 2025: crecimiento sin desarrollo, democracia formal con prácticas autoritarias y un Gobierno que reacciona con temor frente a la calle, especialmente cuando la protesta viene de los jóvenes.
Un año marcado por la calle y la desconfianza
El cierre del año 2025 encuentra al Paraguay atravesado por un fenómeno que, lejos de ser marginal, se convirtió en uno de los rasgos centrales del clima político: el retorno sostenido de la protesta social. Así lo plantea el análisis de coyuntura publicado por el Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (CADEP), que advierte que las manifestaciones registradas durante el año constituyen, al mismo tiempo, una señal de vitalidad democrática y un síntoma de profundo malestar institucional.
Para José Carlos Rodríguez, el país vive una paradoja peligrosa. Mientras la democracia sigue funcionando en términos formales —elecciones, mayorías parlamentarias, legalidad institucional—, crece una sensación colectiva de retroceso democrático. No se trata de un retorno a la dictadura del siglo pasado, aclara el autor, sino de una degradación más sutil: una democracia que se vacía de contenido real y se distancia de sus principios fundantes.
La generación Z como detonante político
Uno de los ejes más potentes del informe es la lectura política de la movilización juvenil protagonizada por la llamada generación Z. Para Rodríguez, el episodio no solo tuvo un valor simbólico, sino que funcionó como un punto de inflexión: el "bautismo de calle" de una generación que se reconoce como hija de la democracia y que irrumpe en el espacio público con demandas explícitas contra la corrupción y la desigualdad.
La reacción estatal frente a esa protesta revela, según el análisis, un dato clave del 2025 político: el temor del Gobierno poscolorado a la movilización ciudadana. El despliegue policial desproporcionado, las detenciones posteriores a la manifestación y las denuncias de espionaje e intimidación configuran un patrón que remite a prácticas del pasado autoritario, aunque adaptadas a un contexto democrático formal.
Rodríguez subraya que no se trató de una respuesta habitual frente a protestas sociales, ya que otras movilizaciones —campesinas, feministas o de colectivos LGTBI— no recibieron el mismo trato represivo. La diferencia, sostiene, radica en el contenido político de la protesta Z: la denuncia directa de la corrupción como núcleo del malestar social.
Crecimiento económico sin legitimidad social
El informe no separa la conflictividad política del desempeño económico. Por el contrario, plantea que uno de los rasgos centrales del 2025 fue la coexistencia entre crecimiento macroeconómico y aumento del descontento social. Paraguay crece, pero no se desarrolla; acumula cifras positivas, pero no construye igualdad ni integridad institucional.
Este desajuste erosiona la legitimidad política del Gobierno. Para el autor, el problema no es únicamente económico, sino profundamente político: un Estado que no logra traducir crecimiento en bienestar pierde capacidad de conducción y apela, cada vez más, al control y la coerción para sostener el orden.
De la democracia liberal al riesgo iliberal
Uno de los conceptos más fuertes del análisis es la advertencia sobre una posible deriva hacia un régimen iliberal, entendido no en términos ideológicos, sino jurídicos. Rodríguez describe un modelo en el que el Gobierno es electo democráticamente y respeta las formas, pero restringe en la práctica derechos fundamentales como la protesta, la libertad de expresión y la participación ciudadana efectiva.
Este proceso no se manifiesta mediante rupturas abruptas, sino a través de decisiones administrativas, operativos de seguridad, vigilancia tecnológica y un discurso que equipara la protesta social con el delito. En ese sentido, el 2025 aparece como un año de consolidación de una lógica punitiva frente al conflicto político.
Fragmentación política y ausencia de proyecto nacional
El balance político del informe también apunta a la falta de liderazgos y proyectos con convocatoria nacional. El fraccionamiento del sistema político se profundiza, mientras el oficialismo muestra debilidad para articular consensos y la oposición carece de una narrativa común capaz de canalizar el descontento social.
En ese vacío, la calle se convierte en un espacio de disputa central. La protesta deja de ser un fenómeno marginal y pasa a ocupar un lugar estructural en la dinámica política del país.
2025: un año bisagra
Leído en clave de balance, el análisis de José Carlos Rodríguez presenta al 2025 como un año bisagra para la democracia paraguaya. No marca un quiebre definitivo, pero sí un punto de inflexión donde se combinan crecimiento económico, regresión en derechos, miedo institucional y una nueva generación que irrumpe en el escenario político sin intermediarios.
El informe del CADEP deja una advertencia clara: la democracia no se mide solo por elecciones y estabilidad macroeconómica, sino por la capacidad del Estado de tolerar la crítica, garantizar derechos y transformar crecimiento en desarrollo. El modo en que el poder respondió a la protesta juvenil en 2025 es, en ese sentido, una señal de alerta sobre el rumbo político del país.




