La ridiculización del Estado
Un comunicador peculiar en su forma de informar reveló hace poco, en una de sus entrevistas, que en el caso de los mentados sobres no habría habido dólares, sino otra cosa. Como consecuencia de este episodio, se despidió a toda una familia encargada de los asuntos domésticos de Mburuvicha Róga. Además, se recurrió a un complejo y controvertido método del polígrafo, cuya legalidad todavía se sigue debatiendo en los medios de prensa y en redes sociales.
La supuesta revelación de este comunicador —ya cuestionada y desacreditada— fue que en los sobres no había dólares, sino alfajores. Presumo que su intención era sembrar confusión en la audiencia, pues los disparates que lanza a diario hacen que cada vez le queden menos seguidores dispuestos a creerle.
A mi entender, el quid de la cuestión no es si eran dólares, euros, alfajores, miel o tabaco —porque al pombero le gustan esas cosas—, sino que el Ministerio Público debe actuar de oficio. Estamos ante un caso escabroso, pues se habría articulado un mecanismo macabro que, según analistas, tendría incluso posibles fines de carácter militar en circunstancias muy específicas.
Personalmente, he seguido la línea de varios comunicadores de distintos medios, considerados tradicionales y formadores de opinión. La situación comunicacional se ha polarizado: un sector mediático parece respaldar al actual gobierno y contradice sistemáticamente lo que otro busca instalar como "verdad objetiva" desde la oposición.
La historia del periodismo paraguayo siempre estuvo marcada por grupos a favor y en contra de los gobiernos. Sin embargo, en el pasado no existían internet, teléfonos inteligentes ni inteligencia artificial capaces de desnudar las fake news que algunos medios pretendían imponer.
Hoy el escenario es distinto. Con un teléfono y conexión a internet, cualquier usuario está informado sobre lo que acontece a nivel local e internacional. Además, surgieron streamers e "influencers" que atraen a miles de seguidores y cuestionan las informaciones de los medios tradicionales. Ese es el problema: el consumidor de noticias se desgasta con contenidos que responden a intereses políticos o económicos, porque ya nadie cree en la supuesta "verdad suprema" que intentan imponer. Hoy, con un clic, se está más cerca de la verdad que de las mentiras prefabricadas.
En lo que respecta a los sobres, ya no se habla de dólares, sino de "alfajores". Sería más responsable que este comunicador inste a fortalecer las instituciones del país —en este caso, al Ministerio Público— para que investigue y esclarezca el episodio, en lugar de banalizar un tema grave que merece credibilidad pública.
El silencio del presidente, actor principal de este escándalo, transmite la sensación de que efectivamente habría habido dinero y no dulces alfajores. Nadie en su sano juicio se atrevería a articular un método propio del terrorismo de Estado —con polígrafos aplicados por militares a civiles— por un simple problema doméstico.
Definitivamente, un caso kafkiano que raya en lo ridículo, desprestigia aún más a las instituciones y alimenta la corrupción.
*Correo electrónico: mrmwebinars@gmail.com