En cada gobierno sucesivo, el Instituto Paraguayo del Indígena ha sido cambiado dos o tres veces. Esta vez le tocó al general (SR) Ramón Benegas presentar su forzada renuncia, y ya fue nombrado su sucesor.
Desde que, durante el gobierno de Nicanor Duarte Frutos, se abolieron el Consejo Directivo y el Consejo Consultivo del INDI, su presidencia tiene poder unipersonal, lo que le permite ser dueña de las decisiones. En ese manejo institucional, rodeado de funcionarios obedientes, las autoridades del Instituto han venido actuando en constante contradicción con los derechos y reivindicaciones de las comunidades indígenas, sin comprender, ni siquiera percibir, sus riquezas culturales, y mucho menos la sabiduría y las pautas estratégicas que los pueblos indígenas han sostenido por más de quinientos años.
El titular del INDI tuvo que renunciar al cargo. La resistencia de los pueblos indígenas venció al general obstinado que se negó a escuchar, pues, como lo hicieron los anteriores —con algunas pocas excepciones—, no supo interpretar ni respetar los mensajes reiterados de las comunidades indígenas, corriendo, en consecuencia, la misma suerte: su destitución. Y no aprenden...
Esta vez, el reclamo se centró en la restitución de la "casa del INDI". Las comunidades indígenas se aglutinaron pacíficamente en sus zonas, cerrando las rutas principales cercanas a sus comunidades, con el fin de lograr la recuperación de su local tradicional: el indígena roga, el tekoha común de todos los pueblos originarios. Se trata de aquella casa de principios del siglo XX, ubicada en la calle Hernandarias de Asunción, adquirida por el Estado paraguayo para ser destinada como sede propia del Instituto Paraguayo del Indígena.
Acudieron niños, niñas, adultos, abuelas y abuelos, grupos familiares en pleno: nadie faltó en cada ocupación zonal realizada bajo la consigna de recuperar su local propio. Y al no ser atendidos en su reclamo —ajustado a la ley—, solicitaron la destitución del presidente.
A primera vista podría parecer un detalle o un capricho, pero no lo es. Existen razones que explican esta movilización. No es el edificio ni la propiedad material lo que los mueve: es el lugar simbólico, el espacio que el Estado paraguayo adquirió para ellos, los pueblos indígenas. El indígena roga, en cuya puerta se observa un pequeño tablero que dice: Ñande ypykuéra ñangarekoha ("la casa donde nuestros ancestros son cuidados"), es un sitio de pertenencia y sensibilidad identitaria.
El local fue adquirido al término de la promulgación de la Ley 904 —Estatuto de las Comunidades Indígenas— en el año 1981, la primera ley que reconoció explícitamente los derechos especiales de las comunidades indígenas.
Hoy, las puertas del INDI permanecen cerradas. Aunque el cierre del local se realizó durante la gestión de otras autoridades, el presidente saliente, siguiendo los pasos de sus antecesores, había tomado la decisión de crear oficinas regionales fuera de la capital. Un error de ignorancia que los pueblos indígenas no perdonarían.
Con la Ley 904/81 se creó el Instituto Paraguayo del Indígena (INDI) y se estableció su domicilio legal en la capital, sustituyendo al antiguo Departamento de Asuntos Indígenas del Ministerio de Defensa Nacional, liberándolo del territorio de mando militar. Con esta significativa innovación, los pueblos indígenas sintieron que el nuevo local, desmilitarizado, les pertenecía. Por eso insisten —con sobrada razón— en reclamar la reapertura de aquel local emblemático, cuyo cierre nunca aceptaron, porque sienten que dicha clausura encubre una intención oculta.
Las puertas del INDI se cerraron por primera vez en el año 2009. Desde entonces la institución ha pasado por distintos lugares, siendo el último la guarnición militar de la calle Artigas.
¿Por qué este éxodo?
Ahora la paciencia se acabó. La gota que colmó el vaso fue la decisión del general destituido de abrir oficinas regionales y abolir definitivamente la oficina de la capital. "No —eso no—", dijeron. Jamás aceptarían no tener su representación en la capital del Paraguay.
Las organizaciones indígenas, comunitarias y pluriétnicas comprendieron muy bien el juego del ahora expresidente del INDI, que creyó que podía esconder la presencia de los pueblos indígenas y sus protestas fuera de Asunción. Pero los "otros", a quienes ignoró, mostraron su poderosa resistencia, y demostraron que, más allá de la capital, son aún más visibles.
El ex titular del INDI no entendió que debía revisar su decisión. Es mejor que su sucesor aprenda la lección. Es mi consejo, después de cuarenta años de trabajo con los pueblos indígenas de nuestro país y del exterior, en toda su diversidad.
Las poderosas organizaciones de mujeres indígenas ya le habían marcado pautas muy claras cuando se manifestaron en el Día de la Mujer Indígena, con estas palabras:
"Oficinas regionales, sí, pero exigimos que el INDI, la gran casa de los pueblos indígenas, siga funcionando en Asunción, como lo establece el Estatuto de las Comunidades Indígenas. Si quieren cambiar el domicilio del INDI, tendrán que cambiar la ley", dijeron.
La presidencia del INDI cayó en su intento de transgredir la "sagrada" ley, y ahora el presidente de la República en ejercicio ha dispuesto su destitución.
La lucha continúa. El nuevo titular tendrá que negociar la reapertura de las puertas del "sagrado local". Esperamos que actúe en su desempeño con la lección aprendida.