En el barrio Las Praderas de Ypané, a escasas seis cuadras de la ruta Capiatá-Thompson, se encuentra una calle sin nombre, sin mantenimiento y de uso frecuente por los pobladores, que deben transitarla a diario en condiciones que rozan lo inhumano: la calle es de tierra, está plagada de pozos, rodeada de malezas y obstaculizada por decenas de troncos, que con cada lluvia se convierten en proyectiles naturales arrastrados por los raudales.
Los enormes cráteres dificultan el tránsito de vehículos y obligan a los conductores a zigzaguear con extrema precaución, especialmente de noche, cuando la falta total de iluminación pública vuelve el camino aún más peligroso. Pese a que se trata de una vía de acceso clave hacia el barrio, la zona es olvidada por las autoridades municipales, según reporta NPY.
Sin embargo, el miedo al castigo impone un silencio forzado. Varias personas consultadas se negaron a brindar declaraciones por temor a represalias por parte de funcionarios locales. "Tengo una despensa, no quiero hablar porque me pueden venir a clausurar", expresó uno de los pocos vecinos dispuestos a conversar bajo anonimato, de acuerdo a lo testimoniado por el reportero del mencionado medio.
Lo más preocupante es que esta situación no es nueva, y ningún ente municipal parece responder por ella. A pesar de su importancia como acceso principal al barrio Las Praderas y su cercanía con una ruta nacional, la calle no figura en ningún plan de reparación ni cuenta con señalización, nombre ni mantenimiento básico.