Gracias por los comentarios al primer artículo del domingo pasado, que ha trascendido las fronteras nacionales y, como vimos, el reciclaje natural involucra innumerables organismos y materiales diminutos que se descomponen o dejan sus desechos y así se devuelven los nutrientes al suelo, lo que ayuda a la vida a resurgir. Así que va un gran agradecimiento a la querida Lidia Pérez de Molas por haberme resaltado la importancia de hablar de este tema, y me motivó con excelentes fotos de nuestros ambientes naturales.
Aunque a menudo se pasan por alto, los musgos y líquenes desempeñan un papel esencial en el reciclaje natural. Algunas veces aprendemos de su existencia por algún golpe que nos damos al resbalarnos con ellos, sea que se ubiquen sobre troncos o sobre rocas. Los musgos atrapan la humedad y ayudan a mantener el suelo en su lugar, creando unos pequeños ambientes en donde los insectos y otros animales pequeños pueden prosperar. Como ya alguna vez dijimos, los líquenes en realidad son asociaciones entre hongos y algas, y pueden crecer sobre rocas, árboles o sobre el mismo suelo y son pioneros en entornos hostiles, rompiendo la piedra, desgastándola y ayudando a crear las primeras capas de suelo en donde luego "se suceden" otros elementos vivos. Algunos líquenes tienen incluso la capacidad de absorber nitrógeno del aire y lo incorporan a la tierra, enriqueciendo el suelo para que otras plantas lo utilicen.
Aunque tienen una mala reputación en los hogares, las termitas son esenciales en los ecosistemas naturales. Descomponen la madera muerta y el material vegetal, masticándolo en pedazos pequeños y acelerando el proceso de descomposición. Al hacerlo, ayudan a reciclar el carbono y devolver los nutrientes al suelo. Sin termitas, muchos ecosistemas tendrían dificultades para manejar la gran cantidad de material vegetal muerto que se produce cada año.
El reciclaje en la naturaleza no solo lo llevan a cabo los héroes mencionados en este artículo y los que mencionamos el domingo pasado; hay muchos animales que contribuyen con la tarea. Muchos animales mudan su piel, plumas o caparazones a medida que van creciendo; consideren las metamorfosis, piensen en las mudas de las cigarras o ñakyrã, las que vemos con frecuencia en el verano pegadas a ramas, troncos, paredes y otros lugares. Todos estos materiales no se desperdician; los invertebrados se alimentan de ellos, los descomponen y los hacen utilizables para el suelo. Incluso los excrementos de los animales, a los que muchas veces consideramos desagradables; sin embargo, son increíblemente valiosos, ya que devuelven a la tierra el material vegetal y animal que han consumido, y que son ricos en nitrógeno, fósforo y otros elementos que las plantas necesitan para su crecimiento. Los escarabajos peloteros, las bacterias y los hongos los descomponen rápidamente y lo propagan por el suelo, cerrando el ciclo de la vida. Los escarabajos peloteros llevan sus excrementos como presentes a las hembras, y los entierran profundamente, dándole riqueza al suelo. Muchos hormigueros de la hormiga ysaú o Atta llevan nutrientes a las profundidades, y es por ellos que vemos crecer vegetación leñosa en ellos, ya que sus raíces están en una zona muy orgánica bajo un suelo poco fértil.
Todos los elementos del sistema natural de reciclaje están conectados. Cuando caen las hojas, cuando muere un árbol, cuando un animal defeca, todos estos son pasos en un poderoso proceso que mantiene la naturaleza sana y equilibrada. Cuando alguna parte de esta cadena se rompe, o si a propósito la rompemos, ocurre que no hay hongos que descompongan la madera, o no hay invertebrados que descompongan la basura; todo el sistema sufre; y entonces las plantas no obtienen los nutrientes que necesitan, los animales pierden fuentes de alimento y el suelo se vuelve seco, estéril y sin vida.
De hecho, proteger a estos pequeños recicladores es tan importante como salvar a los grandes y más carismáticos animales, plantas o los ecosistemas enteros de bosques y pastizales. Los ecosistemas saludables dependen de trabajadores invisibles como musgos, termitas y hongos tanto como de los árboles y animales que vemos todos los días.
La naturaleza se recicla perfectamente desde hace millones de años. Al observar cómo funciona, recordamos que los desechos no son realmente desechos, son solo parte de un ciclo, son insumos de algo que cumplió su función y ahora formará parte de algo nuevo. Todo vuelve, todo se reutiliza. Incluso el organismo más pequeño juega un papel importante. Respetar y proteger a los recicladores del mundo natural no solo es una buena práctica ecológica, sino que es esencial para el futuro de nuestro planeta.
