Una lagartija emblemática de Paraguay y la región: el amberé
Comúnmente conocido como amberé, y científicamente conocido como Notomabuya frenata, es un saurio conocido en la región, también llamado lagartija de las dunas o mabuya, y es un reptil perteneciente a la familia Scincidae o de los scíncidos. Este género, Notomabuya, ahora diferenciado de los antiguos Mabuya sensu lato, como yo los estudié hace unas cuatro décadas, agrupa especies que son endémicas de América del Sur. Este amberé o N. frenata es una de las especies más importantes en los ecosistemas de pastizales, sabanas y zonas áridas del Cono Sur. Su estudio es esencial para comprender la biodiversidad de ambientes terrestres en la región; y lo traigo aquí para hacerlo conocer más aún, gracias a la sugerencia de la querida Lidia Pérez de Molas, quien me pasó fotos muy bellas que acompañan este artículo.
Esta lagartija es bien diferente a todas las demás que podemos encontrar, ya que se distingue por un cuerpo alargado, cilíndrico y patas relativamente cortas. Una característica notable de todos los escincos o amberés es su piel lisa y brillante, cubierta de escamas cicloides superpuestas, que le otorgan un aspecto brilloso; parece pulido. En cuanto a su coloración, suele variar entre tonos de marrón y gris, pero su rasgo más distintivo es una banda lateral oscura (el "freno" que da nombre a la especie) que corre desde la cabeza hasta la base de la cola.
El amberé Notomabuya frenata es una especie de hábitos diurnos y es conocida por su agilidad y rapidez. Su dieta se compone principalmente de pequeños invertebrados, como insectos, arañas y larvas, lo que la convierte en un regulador natural importante de las poblaciones de artrópodos en su hábitat. Un aspecto biológico crucial es su estrategia reproductiva, ya que no pone huevos, o sea que es una especie vivípara, lo que significa que las hembras dan a luz crías vivas, sin la necesidad de poner y hacer eclosionar huevos. Esta adaptación es vital para la supervivencia de la especie en ambientes con condiciones ambientales fluctuantes o desfavorables para la incubación de huevos.
El amberé que nos interesa tiene una distribución relativamente amplia en el centro-sur de América del Sur, abarcando partes de Brasil (principalmente el sur), Uruguay, Argentina y, significativamente, Paraguay. En Paraguay, la especie se encuentra en diversos hábitats, pero es particularmente común en la Región Occidental (Chaco), adaptándose tanto a las zonas de Chaco Seco como a las áreas de transición hacia el Chaco Húmedo y el Cerrado. Su presencia se relaciona con ambientes de matorral abierto, pastizales y suelos arenosos, incluyendo las dunas interiores. En la región Oriental, su distribución puede ser más puntual y ligada a remanentes de Cerrado y pastizales naturales. Su distribución en la región la sitúa en ecosistemas como las Pampas argentinas, el Gran Chaco en su totalidad y el sur de Brasil, donde persiste en fragmentos de vegetación nativa que resisten la intensa transformación del paisaje; inclusive se la puede encontrar asociada a asentamientos humanos. Particularmente, la he encontrado en maderas apiladas y hojarasca asociada a viviendas y patios de pobladores rurales y semirurales.
Es una especie bastante mimética en el ambiente que habita y se la suele confundir con su entorno; además, tiene habilidades para trepar, si bien es mayormente terrícola y no tan arbórea como otros saurios.
A nivel global, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasifica a Notomabuya frenata como de Preocupación Menor (LC) debido a su amplia distribución y la presunción de una población numerosa. Sin embargo, esta clasificación general puede ocultar graves problemas a nivel local y regional. En Paraguay y la región parece que existen poblaciones estables siempre que se den las condiciones naturales o seminaturales.
Las principales amenazas que enfrenta el amberé, como otros reptiles en Paraguay y en el resto de la región, son, por un lado, la pérdida y fragmentación del hábitat, como el factor de riesgo más significativo, por la rápida expansión de la frontera agrícola y ganadera, especialmente en el Chaco paraguayo y el Cerrado. La deforestación y el desmonte transforman radicalmente los ambientes de matorral y pastizal que la especie necesita para vivir y reproducirse. La intensificación de la agricultura conlleva el uso de pesticidas y herbicidas. Estos químicos no solo pueden afectar directamente a los reptiles por toxicidad, sino que también diezman las poblaciones de los invertebrados que constituyen su base alimenticia. La quema de pastizales, práctica común para la renovación de pasturas, destruye refugios, mata individuos y degrada el suelo, afectando negativamente la supervivencia local, si bien estos individuos pueden buscar refugio en grietas y pozos de la tierra. Finalmente, las proyecciones de aumento de temperatura y alteración en los regímenes de lluvia en el Chaco y otras áreas secas representan una amenaza a largo plazo para una especie ya adaptada a condiciones extremas.
Si bien la especie es común, tenemos la enorme responsabilidad de asegurar que las especies comunes sigan siendo comunes y la conservación de Notomabuya frenata requiere un enfoque de paisaje que proteja los ecosistemas de los que forma parte. Para ello, es necesario fortalecer la protección de áreas naturales con suelos arenosos, pastizales y matorrales nativos en el Chaco y el Cerrado. También se requiere promover prácticas de ganadería y agricultura menos invasivas, que incluyan la conservación de franjas de vegetación nativa a lo largo de los campos para servir como corredores biológicos y refugios. Y debemos fomentar la realización de más investigaciones sobre la densidad poblacional, la genética y la dispersión de N. frenata para identificar las áreas prioritarias para su conservación en Paraguay. Es fundamental educar a la población sobre el rol positivo de los reptiles, como el control de plagas, para reducir la persecución y el temor infundado hacia estas especies.
Proteger a nuestro amberé o formalmente la especie Notomabuya frenata significa preservar la compleja red de vida de la que es un elemento esencial en los frágiles ecosistemas del sur de América. Gracias, Lidia, por la motivación y las fotos.