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Un padre como pocos: lecciones de la naturaleza para este 21 de junio

Uno de los ejemplos más fascinantes que ofrece la naturaleza sudamericana es el del ñandú guasu (Rhea americana), el gran ñandú de nuestras pampas, nuestro Chaco y nuestros Esta ave, perteneciente al grupo de los Struthioniformes, junto a los choiques, los avestruces africanos, los emúes de Australia y los kiwis de Nueva Zelanda, nos regala una lección magistral sobre lo que puede significar ser padre.

Alberto Yanosky
por Alberto Yanosky 21 Junio de 2026
21 Junio de 2026
Un padre como pocos: el ñandu guasu
Un padre como pocos: el ñandu guasu

Este domingo 21 de junio celebramos el Día del Padre, y pocas ocasiones son tan oportunas para mirar hacia la naturaleza y encontrar allí ejemplos que nos hablen de paternidad de una manera que va mucho más allá de los lazos de sangre.

En biología, la definición de "padre" parece sencilla ya que es el individuo macho que tiene descendencia directa. Sin embargo, si uno observa con atención los comportamientos que la evolución ha construido a lo largo de millones de años, descubre que la paternidad puede ser una historia mucho más rica, más generosa y, en muchos sentidos, más profundamente humana de lo que cualquier definición científica logra capturar.

Uno de los ejemplos más fascinantes que ofrece la naturaleza sudamericana es el del ñandú guasu (Rhea americana), el gran ñandú de nuestras pampas, nuestro Chaco y nuestros Esta ave, perteneciente al grupo de los Struthioniformes, junto a los choiques, los avestruces africanos, los emúes de Australia y los kiwis de Nueva Zelanda, nos regala una lección magistral sobre lo que puede significar ser padre.

13 huevos de ñandú. Foto: Talison Zardin.
13 huevos de ñandú. Foto: Talison Zardin.

Durante la temporada reproductiva, que en Paraguay se extiende entre septiembre y octubre, el campo comienza a vibrar con el ronco llamado del macho, que está llamando a las hembras y comentando que está en su fase reproductiva. Es él quien, sin ayuda de nadie, construye el nido en el suelo. Una vez listo, reúne un grupo de hembras, su harén, y se aparea con varias de ellas. Así, en ese mismo nido, terminan acumulándose los huevos de distintas madres, todos con el mismo padre. Y en la medida que avanza la oviposición que inician con las hembras más experimentadas, hace que el macho se torne más celoso y no permita a las hembras más jóvenes acercarse a poner sus huevos, los que los deja en cercanías y el macho se encarga de traer.

Hasta aquí, la situación podría parecer relativamente sencilla. Pero lo que ocurre a continuación es lo que convierte al ñandú guasú en un padre verdaderamente extraordinario. A medida que las hembras depositan los huevos, el macho se vuelve protector y celoso del nido. Con su pico va rodando hacia adentro cada huevo que encuentra en los alrededores, incluso aquellos que otras hembras —a las que él nunca llegó a traer al grupo— dejaron caer por el camino. Estos huevos, conocidos popularmente como "huevos guachos", pueden pertenecer a crías que el macho jamás engendró. Y, sin embargo, él los incorpora. Los incuba. Les da calor. Los cuida exactamente igual que a los suyos.

Durante semanas, el macho ñandú permanece sobre el nido, girando los huevos con paciencia, protegiéndolos del frío y de los predadores, sin que las hembras vuelvan a aparecer. Toda la responsabilidad de la incubación recae sobre él. Y cuando los pichones nacen —de distintos tamaños, en distintos momentos, probablemente de distintas madres— el padre los reúne a todos bajo sus alas y los conduce por los pastizales. Se lo puede ver caminando por los campos con una tropa de crías que lo siguen como una sola familia, aunque la mayoría de ellos no tenga con él ningún vínculo genético comprobado.

Lo que este animal nos muestra es algo que pocas especies en el planeta exhiben con tanta claridad: que la paternidad, en su forma más elevada, no requiere de certeza biológica. Requiere presencia, compromiso y una disposición profunda a cuidar más allá de uno mismo.

Ñandu guasu en los Pastizales. Foto: Carlos Ortega.
Ñandu guasu en los Pastizales. Foto: Carlos Ortega.

En este comportamiento —conservado a través de millones de años de evolución y compartido por grupos de aves tan distantes entre sí como los ñandúes de Sudamérica y los avestruces de África— hay algo que resuena hondamente. La biología fría de los genes cede paso a algo que, si fuera humano, llamaríamos fe, generosidad o compasión. El ñandú guasú incuba huevos cuya paternidad desconoce. Cría pichones que no son suyos. Los protege con el mismo fervor con que protegería a su propia sangre. Podemos ver en el campo tropas de ñandúes machos con pichones y juveniles de diferentes tamaños y alturas, charitos y charabones, algunos serán biológicamente sus hijos, otros y quizás la mayoría son adoptados.

En este 21 de junio, al celebrar el Día del Padre, vale la pena recordar que la naturaleza —esa gran maestra que trabajó durante millones de años para moldear los comportamientos que hoy observamos— encontró en la paternidad mucho más que una función reproductiva. Encontró un acto de solidaridad con la especie, un gesto altruista que va más allá del individuo y que apunta a la perpetuación de la vida en su sentido más amplio.

Los padres que hoy caminarán por los campos, los parques o simplemente los pasillos de sus casas con sus hijos al lado, llevan en ellos algo que comparten con ese gran ave no voladora de las pampas: la capacidad de amar y proteger no solo a los que son "suyos" por sangre, sino a todos los que la vida pone bajo su cuidado.

Feliz Día del Padre. Que la naturaleza, como siempre, nos inspire.

Macho adulto vigilante. Foto: Rebeca Irala.
Macho adulto vigilante. Foto: Rebeca Irala.

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