Durante décadas, Jean Patrick "Jani" Delmás construyó una reconocida trayectoria empresarial. Acostumbrado a liderar equipos, asumir riesgos y tomar decisiones trascendentes, encontró sin embargo en la paternidad una escuela distinta. Una donde no existen manuales, balances ni fórmulas de éxito.
Padre de cinco hijos —Eduardo, Catalina, Jean Patrick, Mariana y Camila—, sostiene que la verdadera riqueza está en el tiempo compartido y que el legado más valioso no se mide en bienes materiales, sino en principios. En el marco del Día del Padre, comparte reflexiones íntimas sobre la familia, el amor y aquello que espera dejar en quienes más quiere. Habló de manera distendida con El Nacional y contó lo más importante de ser padre para él, su orgullo más grande, entre otras cosas:
Como empresario, le toca liderar equipos y enfrentar desafíos de negocios. Sin embargo, cuando llega a su casa deja de ser empresario para convertirse en papá. ¿Qué le enseñaron sus hijos que ningún libro de management ni experiencia empresarial pudo enseñarle?
—Lo que realmente me enseñaron es que no hay absolutamente nada más importante en mi vida que ellos, y el poder pasar todo el tiempo posible juntos.

Cada hijo es un universo distinto. Si tuviera que describir a Eduardo, Catalina, Jean Patrick, Mariana y Camila con una sola enseñanza o característica que le regalaron como padre, ¿cuál elegiría para cada uno?
—Los cinco son especiales y han aportado muchísimo a mi vida. Una sola palabra es muy difícil. Pero podría decir:
Camila: fortaleza, dulzura y bondad.
Eduardo: humanidad, sencillez y perseverancia.
Catalina: tenacidad, determinación y seguridad.
Jean Patrick: nobleza, sensibilidad y bondad.
Mariana: intensidad, decisión y confianza.
Los hijos suelen recordar momentos sencillos más que grandes regalos. Mirando hacia atrás, ¿cuál es ese recuerdo familiar que atesora y que, si pudiera volver a vivirlo una vez más, lo haría sin pensarlo?
—Sin duda alguna, los momentos en que estamos todos juntos. Es lo que más disfruto y atesoro. Hoy eso se vuelve cada vez más difícil por las distintas obligaciones de los mayores, por eso esos encuentros familiares tienen un valor enorme para mí.
Como padre de cinco hijos, seguramente tuvo que equilibrar trabajo, responsabilidades y familia. ¿Hay alguna decisión profesional que haya tomado pensando primero como padre y después como empresario?
—Sí. Recuerdo que en dos oportunidades tuve que cancelar viajes laborales por actividades de mis hijos. Incluso uno de esos viajes significó no poder concretar algo muy importante desde el punto de vista profesional. Pero sin duda volvería a hacerlo.

Los padres suelen preocuparse por lo que dejan materialmente a sus hijos, pero el legado más importante suele ser invisible. ¿Qué valores espera que sus hijos recuerden de usted cuando hablen de su padre dentro de 20 o 30 años?
—Toda educación viene de generación en generación y una parte fundamental son los valores que se transmiten. Me gustaría que recuerden que la familia siempre debe estar en primer lugar; que la honestidad y la palabra son el mayor activo que una persona puede tener; y que donde terminan nuestros derechos comienzan los de los demás.
Hoy Paraguay ve en usted a un empresario exitoso. Sus hijos, en cambio, conocen al hombre detrás de ese rol. ¿Cómo le gustaría que completaran esta frase el día de mañana: "Nuestro papá nos enseñó que..."?
—Nuestro papá nos enseñó que en la vida debemos manejarnos con los valores que realmente importan: la familia, la honestidad y el compromiso de ser gente de bien.
Detrás del empresario existe un padre convencido de que el éxito profesional tiene sentido únicamente cuando puede compartirse con quienes ocupan el lugar más importante. "Al final del camino, los recuerdos, el tiempo vivido en familia y los valores transmitidos serán siempre el legado más perdurable", finalizó el entrevistado.