El jacamar colirrufo, científicamente conocido como Galbula ruficauda, es un ave de la familia Galbulidae, fácilmente reconocible por su plumaje iridiscente de un marcado verde metálico, garganta blanca y una larga cola rufa o marrón-colorada. Escribo sobre esta ave, ya que en una reciente visita a la Estación Tres Gigantes de la Reserva Natural del Pantanal Paraguayo por parte de Tatiana Galluppi, tomó unas bellas fotos que nos permite compartirlas y me motivó a comentar sobre la especie. Este jacamar o jacamara, hace unos años era "buscado" en Paraguay; había registros que indicaban que posiblemente estuviera en el país, pero no fue hasta que se pudieron hacer expediciones al noreste de la región oriental, en particular en el este de Bahía Negra, cuando la especie comenzó a ser registrada y fotografiada. En el estrato bajo de los bosques ribereños de Tres Gigantes es común ver a esta especie y disfrutar de sus despliegues.
Estas aves de pico y cola largos se encuentran entre los pocos depredadores de los bosques neotropicales hábiles para capturar mariposas y libélulas de vuelo veloz; se lanzan desde sus perchas para atrapar a sus presas. De hecho, sus perchas suelen reconocerse por los montones de alas de insectos desechadas en el suelo, una de las señales que delatan su presencia. Solo estas aves tienen la audacia y la memoria para probar incluso las especies de mariposas con las defensas químicas más desarrolladas, aprendiendo detalles de los patrones de color locales para encontrar presas apetecibles que imitan a las venenosas. En este sentido, están a salvo, ya que generalmente rechazan las presas con defensas mediante el gusto antes de ingerirlas.

El jacamar que habita en el norte del país es una de las 18 especies conocidas de galbúlidos, y mide entre 19 y 25 cm de longitud, con un pico recto y largo, adaptado para la captura de insectos voladores. Si bien la especie ha sido registrada principalmente en la región del Chaco/Pantanal, con avistamientos en Tres Gigantes, Estancia Chovoreca, Estancia Pozón y el Parque Nacional Defensores del Chaco, existen algunos otros que carecen de documentación formal. En cuanto al estado de conservación a nivel nacional, decimos que es de "Datos Insuficientes", lo que indica que la información sobre su distribución y abundancia es limitada. Sin embargo, la especie no está considerada amenazada a nivel global por la clasificación internacional UICN, aunque la falta de datos en Paraguay sugiere la necesidad de monitoreo y estudios adicionales.
Este jacamar colirrufo es de hábitos diurnos, solitario o en parejas, que se caracteriza por su postura erguida en perchas abiertas, desde donde observa y caza insectos. Su vuelo es rápido y directo, adaptado para la persecución aérea de presas. Es estrictamente insectívoro. Su dieta se compone principalmente de termitas, hormigas, abejas y avispas, libélulas, mariposas y otros insectos voladores. Y utiliza la técnica de "espera y captura": ya que permanece inmóvil en una rama, con el pico ligeramente inclinado hacia arriba, y se lanza en vuelo corto para atrapar sus presas, los insectos, en el aire. Posteriormente, regresa a la rama donde estaba vigilando, la percha, para golpear la presa y consumirla.
La reproducción ocurre en la temporada cálida y húmeda, y anida en madrigueras excavadas en taludes arenosos, barrancos o montículos de termitas. El nido es un túnel horizontal de hasta medio metro de longitud, donde la hembra deposita de dos a cuatro huevos blancos con manchas rojizas. Ambos padres participan en la incubación y alimentación de los polluelos, y se han registrado a ambos sexos llevando alimento a sus crías, en un nido excavado en la orilla de un arroyo.
Hay dos condicionantes para su ciclo reproductivo: por un lado, la disponibilidad de insectos y, por otro, las condiciones del suelo para excavar madrigueras. Y se sabe que la tasa de éxito reproductivo puede verse afectada por la degradación del hábitat y la compactación del suelo.
El jacamar habita una variedad de ambientes, desde bosques secos y húmedos hasta matorrales y bordes de selva. Prefiere áreas abiertas, claros, bordes de bosques y zonas cercanas a cuerpos de agua, donde la abundancia de insectos es mayor. Y en Paraguay, su presencia está asociada principalmente a los bosques chaqueños y el Pantanal, ecosistemas que ofrecen una combinación de vegetación arbustiva y suelos arenosos aptos para la nidificación. La especie tolera cierto grado de perturbación, pero depende de la existencia de perchas abiertas y taludes o paredes naturales.
Esta especie cumple un papel importante como controlador biológico de insectos, contribuyendo al equilibrio de las comunidades de artrópodos. Es presa ocasional de aves rapaces y serpientes, y sus nidos pueden ser depredados por mamíferos pequeños. La especie es sensible a la fragmentación del hábitat, la deforestación y el uso intensivo del suelo, que reducen la disponibilidad de sitios de nidificación y perchas de caza. Sin embargo, su capacidad de adaptarse a bordes y claros le permite persistir en paisajes modificados, siempre que existan remanentes de vegetación y taludes.

Este jacamar es una especie emblemática de los bosques chaqueños y del Pantanal paraguayo, con una biología especializada en la captura de insectos y una ecología dependiente de hábitats abiertos y suelos aptos para la nidificación. Aunque no se considera amenazada a nivel global, la falta de datos en Paraguay y las presiones sobre su hábitat justifican acciones de monitoreo y conservación específicas. Su presencia es indicadora de ecosistemas saludables y su protección contribuye al mantenimiento de la biodiversidad regional. En la medida en que exista más información de campo, podremos conocer más sobre esta especie que por mucho tiempo se supuso que habitaba el territorio nacional, pero era buscada por los especialistas para confirmar su presencia.
Gracias a Tatiana Galluppi por compartir sus fotos y motivar este documento sobre la especie.