Emotivo Viernes Santo

Reflexión y fe en la conmemoración de la Pasión de Cristo

El público fue testigo de una nueva edición de los célebres cuadros vivientes, una fusión de arte e interpretación que representa escenas icónicas de la tradición cristiana.
Miles de personas se agolparon para ver arte. Foto: Gentileza.

Un Viernes Santo distinto, pero igual de conmovedor, se vivió en la compañía Tañarandy, de San Ignacio Guasu. Por primera vez en 33 años, la emblemática conmemoración de la Pasión de Cristo se realizó sin la presencia de su creador, el artista plástico Delfín Roque "Koki" Ruiz Pérez, fallecido el año pasado. Sin embargo, su ausencia no apagó el espíritu del evento: sus hijos —Macarena, Almudena y Julián— tomaron el timón de una de las celebraciones más significativas del calendario cultural y religioso del Paraguay.

Miles de personas se congregaron para vivir una experiencia de recogimiento, belleza y devoción, que entrelaza arte sacro, tradición popular y naturaleza. En la zona conocida como La Barraca, epicentro de la actividad, los herederos del legado de Koki organizaron una noche colmada de mística, donde cada detalle habló de continuidad y amor por la obra del padre.

Noche mágica en Misiones.

Procesión de luces y cuadros vivientes

Las actividades comenzaron a las 15:00, con un acto que rememoró la muerte de Jesús en la cruz, acompañado por los cantos de los estacioneros, en el mismo jardín donde hoy descansan los restos de Koki Ruiz. La ceremonia fue íntima, pero profunda, atravesada por un silencio reverente y el eco de voces que, como cada año, elevan la memoria colectiva.

El público fue testigo luego de una nueva edición de los célebres cuadros vivientes, una fusión de arte e interpretación que representa escenas icónicas de la tradición cristiana. Este año, se incluyeron obras como La Última Cena, de Leonardo da Vinci, El Descendimiento de la Cruz, de Roger van der Weyden, y pasajes de la vida de María Felicia de Jesús Sacramentado —Chiquitunga—, además de fragmentos del altar de maíz y coco que Koki diseñó para la visita del Papa Francisco en 2015.

Como es tradicional, el trayecto se extendió hasta la calle Cerro Corá esquina San Juan, donde aguardaba la imagen de la Virgen Dolorosa. Con la caída del sol, dio inicio la emblemática procesión de las luces, un recorrido de aproximadamente cinco kilómetros iluminado por antorchas y candiles elaborados con cáscaras de apepú, símbolo de lo simple y lo eterno.

Por primera vez en 33 años no estuvo Koki Ruíz en el proyecto Tañarandy.

Fe que resiste en tiempos difíciles

La Semana Santa de este año se vivió en un contexto de marcada incertidumbre económica en todo el país. Aumentos sostenidos en los precios de los productos básicos, dificultades para acceder al empleo formal y una creciente sensación de frustración por parte de la ciudadanía, marcaron los días previos al feriado largo. Para muchas familias, viajar incluso dentro del país fue un esfuerzo importante, una apuesta por el descanso o el reencuentro con las raíces. En ese escenario, la propuesta de Tañarandy emergió como un refugio espiritual y cultural que no exige más que disposición interior: allí, la entrada es libre, la participación es comunitaria, y lo más valioso —el arte y la fe— no tiene precio. En medio de la escasez, esta celebración volvió a recordar que la belleza y la esperanza pueden sostenerse con lo esencial.

El legado de Koki Ruiz, más vivo que nunca

La edición 2025 de Tañarandy tuvo un carácter especial, no solo por la ausencia de su impulsor, sino por el modo en que su legado fue honrado. Los tres hijos de Koki no solo organizaron y sostuvieron la puesta en escena con rigor y sensibilidad, sino que lograron emocionar al público con una edición profundamente fiel al espíritu original del proyecto.

Tañarandy —palabra guaraní que significa "tierra de los irreductibles"— no es solo una celebración religiosa: es una obra viva que condensa el alma del Paraguay profundo. Es también una apuesta estética y espiritual que trasciende lo efímero y convoca, año tras año, a miles de personas a reencontrarse con lo sagrado a través del arte.

Fallece el artista Koki Ruiz a los 67 años

Hoy, con la llama encendida por una nueva generación, queda claro que el sueño de Koki Ruiz sigue ardiendo. En cada vela, en cada canto, en cada escena recreada con devoción, su obra se transforma en memoria activa, en una celebración de lo que somos y de lo que no queremos perder.