Por una salud mental sin manicomios

30 Enero de 2021
30 Enero de 2021
Por una salud mental sin manicomios
Por una salud mental sin manicomios

El Nacional conversó con el Psiquiatra Agustín Barúa en el marco del lanzamiento de la colección de tres volúmenes denominada “Psi Crítica” que estará presentando este miércoles junto a otros dos profesionales. Aprovechamos la ocasión para obtener respuestas precisas en cuanto a como se desarrolla la salud mental en el país y como poder tratar a personas con diferentes enfermedades mentales sin manicomios ni encierros.

Agustín entiende que mucho del abordaje de salud mental todavía tienen un enfoque al que le llaman ''manicomial'' donde le dicen manicomio a todo lo que genera una tajante separación irrevertible la gente, "es loco, y porque es loco ya no es confiable, hay que apartarlo, y solamente el es loco y todo lo loco esta mal" cuestiona el profesional.

Manifiesta que esa lógica de separación no es una lógica de cuidado sino es una lógica de segregación, de castigo a la diferencia y por otro lado también de protección, a una cierta sociedad que quiere ciertas estructuras y normas, que hace que todo lo que de alguna manera no se pliegue a estas normas sociales o conductuales sea castigado con esta forma en este caso diagnostica.

"Lo manicomial puede ser tanto el manicomio físico como encerrarte compulsivamente en el neuro; pero también puede ser el manicomio químico que hace reducir a la persona a su rotulo psiquiátrico: este es border aquella es depresiva atropellando un poco la complejidad de cada quien" dice Barúa.

La trinidad mental

El profesional expresa que la propuesta es que hay tres características en que coinciden los tres autores de la colección: la primera es que la libertad no puede estar disociada del cuidado o sea no se puede tener una visión de salud mental fundamentalmente carcelaria y represiva sino que hay que poder tejer el cuidado con la libertad porque cuando separamos ambas cosas de alguna manera no estamos cuidando sino que estamos »custodiando», cuidar y custodiar no es lo mismo.

Por otro lado también piensan que cada persona tiene que ser comprendida en su particularidad, en su singularidad, sin homogeneizar a todo el mundo como si fuera que todo el mundo es de la misma manera, sino al contrario, hay que reconocer las particularidades y acompañar las particularidades de cada quien.

La tercera es intentar validar el abordaje de la gente en su vida cotidiana, en donde viven, no llevarle a los depósitos humanos, a los manicomios, sino tratar de reconocer que tienen vínculos, afectos, compromisos, sentido, preferencia, gustos, intereses que se dan ya en su día a día, entonces no desarraigarle a la gente sino que los servicios de salud mental se acerquen a las comunidades, se tejan con los saberes de las comunidades porque también creen que no solamente los profesionales tienen algo que decir sino la idea es algo que tenga si vida en conjunto como sociedad no es patrimonio exclusivo del profesional.

«Esta libertad, singularidad y comunidad es una trinidad importante para cambiar el paradigma de los manicomios. Nosotros todavía seguimos pensando que locura es igual a peligrosidad más peligrosidad es igual a encierro y esa secuencia queremos discutir con esta colección» asevera el profesional de salud mental.

Reclusivo, marginador, depositario y anticomunitario

El sistema público de salud mental del estado tiene un solo hospital psiquiátrico este es un hospital que segrega. No es lo mismo que decir un hospital cardiológico a un hospital psiquiátrico porque cuando uno va a un hospital psiquiátrico no va solamente porque tiene un sufrimiento sino que va para ser apartado del resto de la gente o sea tiene una función también de exclusión social que no es lo mismo que cuidado, dice.

«Para conocer el paradigma, digamos el modelo que guía al ministerio de salud hay que mirar cómo se distribuye el presupuesto de datos del ministerio dedicado a la salud mental y más del 65% se gasta en el hospital psiquiátrico o sea el modelo sigue siendo reclusivo, marginador, depositario, anticomunitario» afirma.

El profesional concuerda que hay que sustituir ese tipo de servicios con redes de servicio de salud mental comunitaria para que la persona pueda ser cuidada en su comunidad y no sea desarraigada. Entonces al contrario no cree que le falte gente sino que se necesita hacer este proceso de transformación de servicios y de la mirada de los profesionales para avanzar en este modelo que este centrado en los derechos humanos.

El modelo que segrega la gente que interna no le ve a la persona inflige de salud mental como una persona con derechos. Le niega su ciudadanía porque en el momento que esta así ya prácticamente es sometida una y otra vez a diagnósticos, tratamientos, encierros, donde ya no tiene derecho a decir 'yo quiero esto' o 'yo quiero lo otro' sino que todo es tratamiento compulsivo.

Sostiene que se necesita generar un cambio que por lo menos sea en 3 niveles: a nivel presupuestario, a nivel de la mirada de los profesionales y también de la mirada de la sociedad porque está muy instalada esta idea de que: loco es igual a peligro y es igual a encierro. Y uno de los efectos de esto es que uno cuando tiene problemas de salud mental, miedo, angustia, sin sentido, ira, vacío, confusión, etc. no tiene mucho permiso a pedir ayuda por el temor a ser excluido por locura.

Entonces cada vez que se vive muchas veces escondido o resguardando únicamente nuestros conflictos eso generalmente implica que se multiplican esos problemas.

«Uno pierde el derecho a ser cuidado y también uno no se reconoce como alguien que necesita cuidarse, algo así. Te dicen mucho también en Paraguay 'para que voy a contar mis problemas si nadie me va a solucionar mis problemas' pero en el fondo hay miedo a reconocer la fragilidad, a pedir ayuda y a ser discriminado por locura; nos mostramos como superiores, fuertes, entonces detrás de eso hay un montón de conflictos que ojala podamos ir cambiando como sociedad para que esto se valide» indica Barúa.

Sabiduría de la comunidad

Se cuestiona que todo se medicalice se psiquiatrice o se psicologice, muchos conflictos no pasan por intervención profesional sino pasa por otras cuestiones de la sabiduría del cuidado de la gente.

Hay un lugar llamado Trieste, al noroeste de Italia y es la referencia de la Organización Mundial de la Salud de políticas públicas de salud mental sin manicomios, sin internación compulsiva, o sea sin obligar a la gente y ¿qué es lo que se hace?; se hace un proceso progresivo de sustitución de los hospitales psiquiátricos por una red de servicios de salud mental de base comunitaria, lugares de internación en los hospitales generales, «si yo tengo una crisis no me tienen que llevar a un hospital apartado, me llevan a un hospital cualquiera, me ponen en una sala por ejemplo de psiquiatría para mi crisis ahí, no apartado porque como decía esta lógica del apartamiento es parte de ese modelo manicomial» agrega.

Entonces generar una red de servicios de salud mental comunitaria es lo que sustituye el gran depósito de hospitales psiquiátricos. Esa es toda la política que hay que construir la que es específica para cada país no hay una receta uniforme porque en cada país se tiene una particularidad pero eso sería lo fundamental.

«Cuando decimos que hay una red de servicios de salud mental comunitarios implica que no es solamente la sabiduría profesional la que cuida la salud mental, la sabiduría de la gente no profesional también cuida, entonces que puedan dialogar esas dos sabidurías» afirma Barúa.

Aporte al tema

La colección de tres libros para los autores sirve como un momento para detener, a conceptualizar nuestras experiencias porque son libros únicos, indica, basados en nuestras experiencias social en Paraguay, también es armar un conjunto de ideas y experiencias, sistematizar y presentar para la discusión.

«Creo que esto intenta aportar a la libertad como una noción central para la sociedad paraguaya porque es una sociedad que tiene fuertes experiencias históricas autoritarias en varios sentidos entonces la noción de libertad no solamente en el campo de la salud mental sino en toda la sociedad es o periférica o directamente ausente, disociada entonces lo que nosotros decimos es tenemos que recuperar la pregunta de la libertad para la salud mental. No puede ser una cosa: que nosotros siempre estemos validando la asociación de locura con peligrosidad y estos libros creo intentan apuntar en ese sentido» afirma uno de los autores de Psi Crítica.

Encierro peligroso

Por un lado, sobrevaloramos los encierros como una forma de borrar los conflictos sociales y no solamente salud mental, la cuestión judicial, los delitos también. Hay una crítica a lo carcelario como respuesta que en realidad termina complicando más la vida de la persona que fue encerrada para reparar algo o sea las personas salen peor de la cárcel la mayoría de las veces, dice.

«El principal nudo manicomial es entender que toda persona diversa psíquicamente o loca necesariamente es peligrosa; los hechos más violentos son hechos por los cuerdos entonces hay un tema muy fuerte que sobrevaloramos el peligro a la locura y minimizamos el peligro de la cordura» nos comenta.

Barúa cuenta que le dicen normópatas o normopatía a la patología de la normalidad; a la gente que es demasiado normal. Y esa normalidad exagerada tiene que ver con la gente que es demasiado adecuada, siempre ubicada, siempre correcta, nunca entran en crisis, nunca se revelan, en general la gente que es demasiado normal tienen demasiado miedo y eso también es un problema porque se piensa que algo del orden de la locura también es necesario para algunas cuestiones como cambiar, crear y arriesgar.

«La persona que es demasiado normal queda atrapada en estas cuestiones de adecuación y miedo entonces nunca crea cosas nuevas y eso es un problema interesantísimo también para esa sociedad que tiene ese rasgo autoritario porque ahí con las cosas nuevas vamos a crear las respuestas para las necesidades contemporáneas pero eso no se discute, se discute siempre la locura; pareciera que la normalidad es algo que no hay que pensarlo, que no tiene conflicto, que no hay preguntas sobre lo normal también» explica.

El profesional indica que en nuestra región inmediatamente hay toda una discusión que está viniendo y que a medida que nosotros reconozcamos que la persona en crisis de salud mental sigue siendo una persona o sigue siendo ciudadana o que sigue teniendo derechos, Barúa cree que vamos a poder incorporar todos estos debates, mientras no nos demos cuenta de que esto viola los derechos humanos porque descalifican a esa gente como persona y como ciudadanía, entonces vamos a seguir reproduciendo este modelo tan represivo, tan autoritario y tan segregador, finaliza.

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