El trámite fue impulsado por la Municipalidad de Pilar y concluyó este año sin ningún tipo de objeción por parte de terceros, un punto clave que terminó allanando el camino para que el reconocimiento quede formalmente en manos de la capital de Ñeembucú. Desde la Dinapi explicaron que el procedimiento contempló la publicación del signo distintivo y un plazo legal para eventuales oposiciones, pero durante ese periodo no se presentó ningún reclamo.
Con esta resolución, la comuna pilarense pasa a tener derechos exclusivos sobre el uso del nombre, lo que le otorga herramientas legales para actuar en caso de que otras ciudades o instituciones utilicen la misma denominación de forma que pueda generar confusión o interpretarse como una imitación.
Mientras tanto, desde la propia institución señalaron que Encarnación, que en los últimos años también se posicionó con el apelativo "Perla del Paraguay", no cuenta con ningún registro formal vinculado a esa denominación, lo que deja a la ciudad itapuense sin respaldo jurídico en este terreno.
El origen del nombre que hoy queda oficialmente ligado a Pilar se remonta a relatos históricos que mencionan al mariscal Francisco Solano López, quien habría utilizado la expresión "Perla del Sur" en referencia a la ciudad durante sus visitas. Según esa tradición, el vínculo estaría asociado a Juanita Pesoa, figura cercana al mandatario, y a quien se atribuye la inspiración de la frase que con el tiempo fue adoptada como símbolo de identidad local.
No obstante, desde sectores de Encarnación sostienen una interpretación distinta y afirman que la expresión no hacía referencia a la ciudad en sí, sino a una relación personal del mariscal, lo que alimenta una discusión histórica que, pese a la resolución administrativa, sigue abierta en el plano cultural.
Más allá de la controversia, la decisión de la Dinapi marca un antes y un después en la disputa por el uso del nombre, al establecer un criterio legal claro que consolida a Pilar como la única titular de la marca "Perla del Sur" en el país.