En medio de esta creciente expectativa, un nombre con acento paraguayo empieza a destacar entre los posibles papables: Cristóbal López, actual arzobispo de Rabat, Marruecos. Aunque nació en Almería, España, López adoptó la nacionalidad paraguaya tras casi dos décadas de servicio en nuestro país, y su figura hoy cobra relevancia en las discusiones sobre el futuro de la Iglesia Católica.
Ordenado sacerdote en 1979 como miembro de la congregación salesiana, Cristóbal López llegó al Paraguay en 1984. Desde entonces y durante 18 años, desarrolló una intensa labor pastoral, educativa y social, especialmente en sectores populares. Su compromiso con las causas sociales, su cercanía con las comunidades más vulnerables y su perfil de apertura y diálogo lo han llevado a ganarse respeto tanto dentro como fuera de la Iglesia.
El papa Francisco lo nombró arzobispo de Rabat en 2017, en una de esas decisiones que revelan el interés del pontífice por fortalecer los lazos con el mundo islámico y con los márgenes de la cristiandad. Desde ese puesto, López ha destacado por su labor en favor del entendimiento interreligioso y la defensa de los derechos humanos, ganando notoriedad internacional y la atención de quienes especulan sobre el próximo cónclave.
Sin embargo, Cristóbal López no es el único paraguayo que aparece en la línea de sucesión. El cardenal Adalberto Martínez, actual arzobispo de Asunción, también forma parte del reducido grupo de cardenales electores. Fue creado cardenal por el papa Francisco en 2022, convirtiéndose en el primer paraguayo en recibir ese honor. Con una trayectoria marcada por el compromiso social y la defensa de los valores evangélicos, Martínez también es considerado una figura influyente en la Iglesia latinoamericana.
Ambos nombres, con raíces y corazón en Paraguay, hoy colocan al país en el mapa del Vaticano como nunca antes.






