Símbolo de la naturaleza y la cultura paraguaya

Nuestro chogui más allá de nuestras fronteras

Ave emblemática de la tierra guaraní, traspasa fronteras y demuestra su papel clave en los ecosistemas urbanos y rurales del Cono Sur. Su adaptabilidad y belleza no solo inspiran música y poesía, sino también admiración científica. A través de una observación en Uruguay, se revela un nuevo rol ecológico de esta especie que une a los pueblos y recuerda la riqueza compartida de nuestra biodiversidad.
Chogui posando en rama Foto: Antonio Schinca.

Existe un ave muy conocida por todos, sea en el campo o en la ciudad, y se trata de lo que científicamente conocemos como Thraupis sayaca, conocida comúnmente como celestino, pájaro celestino, choguí o en guaraní sai hovy; una de las aves más representativas de la familia Thraupidae o fruteros en Paraguay. Su presencia es habitual en gran parte del territorio nacional, especialmente en la Región Oriental, donde se encuentra en ambientes naturales y áreas urbanas. Esta ave, por su adaptabilidad y abundancia, es un excelente ejemplo para comprender la relación entre la avifauna paraguaya, la gente y los desafíos de conservación actuales.

Cogui con cochinilla en su pico. Foto: Antonio Schinca.

Pero quiero comenzar esta narrativa agradeciendo a un querido amigo uruguayo, naturalista, entrenador, fotógrafo de naturaleza, quien ha contribuido con bellas fotos de aves y paisajes del Paraguay, y siempre nos mantenemos en contacto. Se trata de Antonio Schinca, quien siempre relaciona las aves, el mundo guaraní y la naturaleza y tiene lindos recuerdos de su paso por Paraguay. Me comentaba que mientras observaba a "nuestro sai hovy o choguí" desde el balcón de su departamento en Montevideo, veía cómo esta ave comía los brotes de un árbol (que él ha llamado plátano, pero no es un banano, es el plátano de sombra), pero como buen observador y fotógrafo, se dio cuenta de que lo que tenía el árbol no eran brotes, sino infestación de huevas de cochinillas, de las que el choguí se estaba alimentando. Así que esto le llamó la atención y pensó en la importancia del ave para "limpiar" la corteza de estos árboles, mientras se alimentan, y la gran cantidad de celestinos que se alimentaban de dichos huevos. Gentilmente me compartió las imágenes para ilustrar este texto, así que gracias, Antonio, por una vez más  motivarme a escribir sobre el tema.

Chogui desprendiendo cochinillas. Foto: Antonio Schinca.

Siempre pensé que Paraguay era identificado por la polca paraguaya "Pájaro Campana", pero había sido que compite con "Pájaro Choguí", otra polca paraguaya que demuestra la importancia de las aves en la cultura nacional. Ambas obras son las polcas paraguayas más interpretadas internacionalmente a través del arpa. Y me recuerda a las palabras de Sir David Attenborough cuando en su paso por Paraguay a finales de la década del ´50 dijo que los paraguayos son grandes músicos. Tema que tengo pendiente hablar, sobre esta personalidad internacional y el Paraguay. Pero vamos a presentar a nuestro elemento de la naturaleza de este domingo.

Detalle de esta bella ave - sai hovy. Foto: Antonio Schinca.

El celestino es un ave de tamaño mediano, con una longitud aproximada de 16 cm. Su plumaje es predominantemente azul celeste en el dorso y alas, con tonos más grisáceos en el vientre; a veces se lo ve muy gris, otras veces muy celeste. No hay forma de darse cuenta de qué sexo se trata, porque no presenta dimorfismo sexual marcado, lo que dificulta distinguir machos de hembras a simple vista. Si bien pertenece a la familia de los fruteros y así se lo conoce, su dieta es omnívora, aunque muestra preferencia por frutos, semillas y ocasionalmente insectos, lo que le permite adaptarse a diferentes fuentes de alimento según la disponibilidad estacional. Y esto es lo que descubrió Antonio luego de observar y fotografiar a estas aves en un plátano de sombra.

Sai hovy alimentandose. Foto: Antonio Schinca.

La reproducción del choquí ocurre principalmente en primavera y verano, y construye nidos en árboles y arbustos, en base a fibras vegetales y pequeños ramajes. La puesta suele ser de hasta tres huevos, que incuba la hembra en unas dos semanas. Los pichones reciben alimentos de ambos padres y abandonan el nido tras unos 15 días, lo que contribuye a su éxito reproductivo en ambientes modificados por el ser humano, ya que los vemos en parques y jardines, y suelen ser el dolor de cabeza de algunas personas que plantan y cuidan frutales como el mamón (papaya), fruta que les encanta.

Cochinillas en ramas. Foto: Antonio Schinca.

Esta especie no realiza migraciones largas y se la puede ver todo el año, en áreas rurales y bosques nativos hasta parques urbanos y jardines, lo que muestra una notable plasticidad ecológica. Esta capacidad de adaptación le ha permitido prosperar incluso en zonas donde la vegetación original ha sido reemplazada por cultivos o infraestructura urbana. Como es de esperarse, forma parte de comunidades de aves frugívoras que cumplen un rol importante en la dispersión de semillas, contribuyendo a la regeneración de la vegetación nativa. En ambientes urbanos, se alimenta de frutos de especies ornamentales y cultivos, lo que facilita su observación y estudio. Su presencia en bordes de bosque, matorrales y áreas antropogénicas demuestra su tolerancia a la fragmentación del hábitat y a la actividad humana. Y ahora conocemos que tiene un importante rol en remover infestaciones de huevos de cochinillas en ciertos árboles, como nos lo demuestra Antonio.

Cochinillas, alimento para el chogui. Foto: Antonio Schinca.

La capacidad del celestino para adaptarse a ambientes modificados le ha permitido mantener poblaciones estables, pero otras especies de aves menos tolerantes han visto disminuir sus números o han desaparecido localmente. Por ello, siempre me gusta considerar la presencia de esta ave como un bioindicador de la resiliencia de la avifauna paraguaya frente a la transformación del paisaje. Un ave que necesitamos ver si estamos trabajando en restauración del paisaje, en particular forestal, o si estamos trabajando en áreas degradadas.

La investigación científica y el monitoreo de las poblaciones de aves son necesarios para detectar cambios en la abundancia y distribución de especies, identificar amenazas emergentes y evaluar la efectividad de las medidas de conservación. El celestino, por su abundancia y facilidad de observación, puede ser utilizado en programas de ciencia ciudadana y educación ambiental, contribuyendo a la sensibilización sobre la importancia de la biodiversidad. Gracias una vez más a Antonio por la voluntad de compartir y difundir la naturaleza que nos une, en este caso el sai hovy o choguí, que lo creemos muy paraguayo, pero también es uruguayo, un elemento de la biodiversidad que compartimos también con Argentina, Bolivia y Brasil.

Cochinillas en plátano de sombra. Foto: Antonio Schinca.