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Ni el mercado ni el Estado: ¿seguimos mirando hacia otro lado ante el cierre de la educación privada?

El efecto dominó: cierres de colegios privados y reconfiguración del ecosistema educativo en América Latina.

Yecid Puentes Osma
por Yecid Puentes Osma 15 Febrero de 2026
15 Febrero de 2026
Análisis sobre la educación paraguaya.
Análisis sobre la educación paraguaya. Foto: Referencia.

El cierre progresivo de colegios privados en América Latina no es un asunto sectorial ni un debate restringido a gremios educativos; es un síntoma de transformación estructural en el corazón mismo del Sur Global. Hoy, más del 85% de los niños y jóvenes del mundo viven en países de ingresos bajos y medios, y una proporción significativa de ellos se educa en sistemas donde el sector privado cumple funciones complementarias, sustitutivas o estratégicas frente a la oferta pública (UNESCO, 2023; Banco Mundial, 2022). En regiones como América Latina, África subsahariana y partes del sudeste asiático, la educación privada, en sus múltiples modalidades: confesional, comunitaria, cooperativa, empresarial o subvencionada, no es una anomalía marginal, sino una pieza constitutiva del ecosistema escolar. Cuando miles de instituciones privadas cierran en países como Colombia, Perú, Brasil o México, no estamos ante un simple ajuste de mercado: estamos ante una reconfiguración silenciosa de la arquitectura educativa que sostiene el capital humano del Sur Global. Y dado que estas regiones concentran la mayor parte de la población en edad escolar del planeta, cualquier evento fuerte en sus sistemas educativos tiene consecuencias globales en productividad, cohesión social, innovación y estabilidad democrática.

La importancia del fenómeno trasciende lo pedagógico porque, como se ha comprobado a través del tiempo, la escuela, especialmente en contextos de desigualdad estructural, es una institución ancla: organiza el tiempo social, sostiene el empleo, especialmente el femenino, dinamiza economías locales y articula redes de protección comunitaria. En el Sur Global, donde los estados enfrentan limitaciones fiscales crónicas y transiciones demográficas aceleradas, el debilitamiento de un segmento completo del sistema escolar puede traducirse en sobrecarga pública, aumento de brechas territoriales y, tal vez lo más devastador: pérdida de oportunidades intergeneracionales. La contracción del sector privado no solo desplaza estudiantes; desplaza empleos, contratos, servicios, trayectorias profesionales y expectativas de movilidad social. Si no se diseñan políticas de transición, reconversión y articulación público-privada, el riesgo no es simplemente menos colegios privados, sino mayor fragmentación educativa y más desigualdad estructural. Por eso este tema debe movilizar, por supuesto, a educadores y ministerios de educación, pero también a ministerios de hacienda, planeación, trabajo y desarrollo social; a gremios empresariales; a organizaciones comunitarias y a la ciudadanía en general. La estabilidad educativa del Sur Global no puede verse como un asunto periférico porque es una condición estratégica para el equilibrio económico y social del siglo XXI.

Algunos países bajo escrutinio

Con los lentes puestos en algunos de los países de nuestra región nos damos cuenta de la dimensión del asunto. 

El cierre acelerado de colegios privados en Colombia, por ejemplo, no es un fenómeno aislado ni meramente coyuntural; es la expresión visible de un reordenamiento estructural del sistema educativo latinoamericano. Entre 2015 y 2021 cerraron en Colombia 6.263 sedes educativas oficiales y no oficiales, de las cuales aproximadamente el 29% correspondían al sector privado (Laboratorio de Economía de la Educación - LEE, Pontificia Universidad Javeriana, 2023). Tras la pandemia, el fenómeno se agudizó: más de 800 colegios privados dejaron de operar entre 2020 y 2024, con especial impacto en Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca (Bloomberg Línea, 2023; El Tiempo, 2024). La cifra es inquietante por su magnitud, pero, a la vez, porque revela la fragilidad de un sector que escolariza a cerca del 25% de la matrícula nacional (MEN, 2023).

Pero Colombia no está sola en este proceso. En Brasil, donde el sector privado representa aproximadamente el 18% de la matrícula en educación básica, el Censo Escolar del INEP reportó una disminución sostenida de instituciones privadas pequeñas entre 2020 y 2023, especialmente en São Paulo y Rio de Janeiro, asociada a la caída demográfica y a la migración de estudiantes hacia redes públicas municipales (INEP, 2023). Además, asociaciones del sector estimaron que durante 2020-2022 más de 35.000 docentes del sector privado perdieron su empleo o migraron a condiciones contractuales más precarias (FENEP, 2022).

En Chile, país históricamente dependiente del financiamiento compartido y de la educación particular subvencionada, la implementación de la Ley de Inclusión Escolar (2015) y la eliminación progresiva del copago alteraron el equilibrio financiero de numerosos sostenedores privados, provocando procesos de fusión, venta o cierre de establecimientos (Bellei & Orellana, 2022). En Perú, tras la pandemia, más de 3.000 colegios privados dejaron de reportar matrícula activa entre 2020 y 2022, de acuerdo con el Ministerio de Educación peruano, afectando especialmente a instituciones de bajo costo en Lima y regiones costeras (MINEDU, 2022).

El detonante inmediato fue la pandemia, pero reducir la explicación a una única causa demográfica sería simplificar en exceso un fenómeno profundamente multicausal. América Latina atraviesa, sin duda, una transición acelerada hacia tasas de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo —en Colombia la tasa global cayó a 1,6 hijos por mujer en 2023 (DANE, 2024); en Chile y Brasil se ubica entre 1,4 y 1,6, y en Uruguay desciende incluso por debajo de 1,3 (CEPAL, 2023)— lo que se traduce en cohortes escolares progresivamente más pequeñas. Sin embargo, la contracción de la matrícula también está vinculada a factores internos del propio sector: modelos pedagógicos que no han evolucionado al ritmo de las transformaciones tecnológicas y laborales; currículos anclados en lógicas que no desarrollan competencias digitales, pensamiento crítico, bilingüismo o habilidades socioemocionales; estructuras administrativas rígidas con altos costos fijos; y limitada capacidad de innovación organizacional. A ello se suman cambios en las expectativas de las familias, mayor escrutinio sobre la relación costo-calidad y una competencia creciente de alternativas híbridas, virtuales, de educación en casa, o públicas fortalecidas. La reducción sostenida de nacimientos actúa como presión estructural de fondo, pero es la combinación de demografía, obsolescencia pedagógica, fragilidad financiera y transformación cultural la que erosiona la viabilidad de muchas instituciones privadas cuyo financiamiento depende casi exclusivamente del volumen de matrícula.

¿Quién más cierra cuando cierran los colegios?

El efecto económico de estos cierres trasciende el perímetro escolar. La educación privada sostiene un entramado de proveedores de bienes y servicios que incluye editoriales (Santillana, SM, Norma), empresas de tecnología educativa (Google for Education, Microsoft Educación, plataformas regionales como Phidias o SIEWEB), compañías de transporte escolar, servicios de alimentación (Sodexo en varios países), aseguradoras, constructoras especializadas en infraestructura educativa y consultoras de formación docente. Cuando una institución cierra, o se fusiona con otra, como está empezando a suceder, no solo desaparecen empleos directos (docentes, administrativos, personal de apoyo), también contratos de mantenimiento, licencias de software, compras de textos y convenios de capacitación, entre otros. 

En México, donde el sector privado concentra alrededor del 14% de la matrícula básica, la Asociación Nacional de Escuelas Particulares (ANEP) informó que aproximadamente 2.000 colegios cerraron definitivamente tras la pandemia, incapaces de sostener costos fijos ante la morosidad de las familias (ANEP, 2022). Este fenómeno afectó a proveedores de servicios editoriales y tecnológicos, pero también a universidades privadas que reciben estudiantes provenientes de estas redes escolares. El cierre de colegios debilita la cadena de valor o trayectoria educativa: menos estudiantes en secundaria privada significan menos demanda futura en educación superior privada, afectando a instituciones como el Tecnológico de Monterrey o la Universidad del Valle de México, que dependen parcialmente de esa continuidad.

En Argentina, la situación adopta matices distintos pero igualmente preocupantes. Aunque el sistema privado cuenta con subvención estatal en muchos casos, la crisis económica crónica y la inflación superior al 100% anual en 2023-2024 tensionaron la sostenibilidad financiera de colegios confesionales y laicos. Organizaciones como la Asociación de Institutos de Enseñanza Privada de Argentina (AIEPA) alertaron sobre cierres silenciosos y fusiones institucionales, especialmente en provincias con menor capacidad fiscal (AIEPA, 2024). La contracción no siempre se traduce en cierre formal, sino en reducción de jornada, eliminación de niveles educativos o precarización contractual.

En Paraguay, el impacto del cierre o debilitamiento de instituciones privadas adopta una configuración particular, dado que el sector privado concentra aproximadamente entre el 20% y el 25% de la matrícula en educación inicial, escolar básica y media, con mayor presencia en áreas urbanas como Asunción y el Departamento Central (Ministerio de Educación y Ciencias - MEC, 2023). Tras la pandemia, gremios como la Asociación de Instituciones Educativas Privadas del Paraguay (AIEPP) advirtieron sobre el cierre definitivo de decenas de establecimientos pequeños y medianos que no lograron sostener costos operativos ante la morosidad de las familias y la migración hacia el sistema público gratuito. A esto se suma una transición demográfica incipiente: si bien Paraguay mantiene una tasa de fecundidad superior a la de países del Cono Sur, esta ha descendido de más de 3 hijos por mujer en 2000 a cerca de 2,4 en 2023 (Banco Mundial, 2024), anticipando una contracción progresiva de cohortes escolares en la próxima década. El efecto económico se percibe especialmente en redes de colegios confesionales y cooperativos, así como en proveedores locales de textos, uniformes y transporte escolar que dependen de contratos anuales con instituciones privadas. A diferencia de sistemas con mayor subsidio estatal, el modelo paraguayo combina gratuidad pública con limitada articulación financiera con el sector privado, lo que deja a muchos establecimientos expuestos a choques de liquidez sin mecanismos robustos de transición o reconversión institucional.

El efecto en el equilibrio social

Las consecuencias sociales son menos visibles pero más profundas. El colegio privado en América Latina no es únicamente un proveedor de instrucción académica; funciona como nodo comunitario, espacio de socialización, red de apoyo familiar y, en muchos casos, como mecanismo de movilidad social aspiracional. Cuando desaparece, las familias deben reubicarse en sistemas públicos que, en varios países, ya enfrentan sobrecarga estructural. En Perú y Colombia, ministerios de educación reportaron incrementos súbitos de matrícula pública en 2021-2022 asociados a la migración desde el sector privado (MINEDU, 2022; MEN, 2023). Este traslado masivo no estuvo acompañado necesariamente de ampliación proporcional de recursos, generando presión sobre infraestructura y planta docente.

Organismos internacionales han advertido sobre esta reconfiguración. El Banco Mundial (2022) señaló que la pandemia produjo la mayor disrupción educativa en un siglo, con riesgo de pérdidas permanentes de aprendizaje y reestructuración institucional. El BID (2020) ya había advertido que la educación privada en América Latina operaba con márgenes financieros estrechos y alta dependencia de ingresos por matrícula, lo que la hacía particularmente vulnerable a choques económicos. UNESCO (2023) subrayó que los sistemas educativos de la región deben adaptarse simultáneamente a la recuperación postpandemia y a la transición demográfica, dos fuerzas que operan en direcciones distintas pero convergen en la sostenibilidad institucional.

La pregunta crítica para hacedores de política pública no es si el sector privado debe sobrevivir por razones ideológicas, sino qué ocurre con el equilibrio sistémico cuando desaparece una fracción significativa de la oferta. En países como Chile, la educación particular subvencionada representa más del 50% de la matrícula escolar; un colapso masivo implicaría una presión fiscal inmediata sobre el Estado. En Brasil o Colombia, donde la proporción es menor pero significativa, el cierre concentrado en zonas urbanas específicas puede generar segmentación territorial y aumento de desigualdades intraurbanas.

¿Para dónde se van quienes antes eran los aliados de los colegios privados?

No todos los aliados se van "sin mirar atrás". Algunas empresas tecnológicas están pivotando hacia modelos híbridos y servicios directos a familias; editoriales están migrando a plataformas digitales con licencias individuales; organizaciones como Fe y Alegría o redes confesionales están consolidando sedes para sobrevivir. Sin embargo, la lógica de mercado tiende a abandonar rápidamente territorios con baja rentabilidad, lo que puede profundizar vacíos educativos en periferias urbanas o municipios intermedios.

En términos macroeconómicos, el cierre de miles de instituciones implica pérdida de empleos formales, reducción de inversión privada en infraestructura educativa y contracción del consumo asociado (uniformes, transporte, servicios complementarios). En economías donde la educación privada representa entre 1% y 2% del PIB educativo total, la retracción tiene efectos multiplicadores en empleo femenino (alrededor del 70%-75% de los docentes escolares en América Latina son mujeres (UNESCO UIS, 2023; CEPAL, 2023), y en cadenas productivas locales (CEPAL, 2023).

El cierre sistémico de colegios privados es mucho más que una estadística sectorial; es un síntoma de transformación demográfica, fragilidad financiera y ausencia de políticas de transición. América Latina enfrenta una década decisiva: menos niños, más presión fiscal y mayores exigencias de calidad. Ignorar el colapso gradual de una parte del ecosistema educativo puede producir, paradójicamente, mayor desigualdad y menor capacidad de respuesta pública. La discusión ya no es sobre defensa corporativa del sector privado, sino sobre gobernanza educativa integral en contextos de contracción demográfica.

Bibliografía

Asociación de Instituciones Educativas Privadas del Paraguay (AIEPP). (2022). Comunicados institucionales sobre la situación del sector educativo privado postpandemia. AIEPP.

Asociación de Institutos de Enseñanza Privada de Argentina (AIEPA). (2024). Reporte sobre la situación del sector educativo privado en Argentina. AIEPA.

Asociación Nacional de Escuelas Particulares (ANEP). (2022). Informe sobre cierres de escuelas particulares en México postpandemia. ANEP.

Banco Interamericano de Desarrollo (BID). (2020). La educación privada en América Latina y el Caribe en cuidados intensivos. BID.

Banco Mundial. (2022). The State of Global Learning Poverty 2022. World Bank.

Banco Mundial. (2024). World Development Indicators: Fertility rate, total (births per woman) - Paraguay. World Bank Data. 

Bellei, C., & Orellana, V. (2022). La reforma de inclusión escolar en Chile y sus efectos estructurales. Universidad de Chile.

Bloomberg Línea. (2023). Más de 800 colegios privados han cerrado en Colombia desde 2020.

Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). (2023). Panorama Social de América Latina 2023. Naciones Unidas.

Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). (2024). Estadísticas vitales: nacimientos en Colombia. Gobierno de Colombia.

El Tiempo. (2024). La crisis de los colegios privados no se detiene: más de 400 cierres en seis años en Bogotá.

Instituto Nacional de Estudos e Pesquisas Educacionais Anísio Teixeira (INEP). (2023). Censo Escolar da Educação Básica 2023. Ministério da Educação, Brasil.

Laboratorio de Economía de la Educación (LEE), Pontificia Universidad Javeriana. (2023). Cierre de sedes educativas en Colombia 2015-2021. Universidad Javeriana.

Ministerio de Educación Nacional (MEN). (2023). Estadísticas del sector educativo colombiano. Gobierno de Colombia.

Ministerio de Educación y Ciencias (MEC). (2022). Reporte de matrícula y gestión de instituciones educativas de gestión privada. Gobierno de la República del Paraguay.

Ministerio de Educación y Ciencias (MEC). (2023). Anuario Estadístico Educativo 2023. Gobierno de la República del Paraguay.

Ministerio de Educación del Perú (MINEDU). (2022). Reporte de matrícula y cierre de instituciones privadas. Gobierno del Perú.

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). (2023). Global Education Monitoring Report - Latin America regional brief. UNESCO.

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