NacionalesFin de clases y estrés

Más diálogo, menos presión: cómo apoyar a los hijos en el final del ciclo escolar

El fin del año escolar no siempre trae alivio. Exámenes, tareas acumuladas y presión por las notas afectan a los estudiantes y a sus familias. En una entrevista con El Nacional, la psicopedagoga Nora Giménez analiza el impacto emocional de esta etapa y propone estrategias para acompañar sin aumentar la tensión.

19 Octubre de 2025
19 Octubre de 2025
La psicopedagoga Nora Giménez advierte que los chicos llegan al fin de año escolar saturados y propone acompañar con más escucha y menos presión.
La psicopedagoga Nora Giménez advierte que los chicos llegan al fin de año escolar saturados y propone acompañar con más escucha y menos presión. Foto: Imagen ilustrativa.

El último tramo del año escolar suele ser un camino empinado. Las semanas de exámenes y trabajos finales se convierten en una carrera contra el reloj que deja exhaustos a los alumnos y también a los padres. La sensación de saturación es generalizada: los chicos se enfrentan a un cúmulo de exigencias que no siempre saben cómo gestionar, y los adultos se debaten entre la preocupación y la presión por los resultados.

En diálogo con El Nacional, la psicopedagoga Nora Gómez explica que este agotamiento es consecuencia de un proceso que se acumula a lo largo del año. "Se acumulan las tareas, los exámenes y los compromisos, pero no se les brinda herramientas emocionales para sobrellevar esta carga", señala. Para la especialista, el problema radica en que "los chicos sienten que hay demasiada demanda y poca oferta de recursos internos para responder", lo que se traduce en frustración y ansiedad.

La profesional sostiene que la escuela puede contribuir a que esta etapa sea menos agobiante si incorpora espacios de contención durante el año. Sugiere que los docentes trabajen con los estudiantes ejercicios de respiración y relajación, o pequeñas pausas antes de las evaluaciones, para ayudar a disminuir el nivel de ansiedad. "El final del ciclo debería vivirse como un logro, no como un castigo o una carrera de resistencia", agrega.

En el entorno familiar, el acompañamiento emocional resulta clave. Giménez remarca que el diálogo debe ser constante y que las notas no pueden convertirse en el único termómetro del éxito. "Las buenas calificaciones no siempre reflejan el éxito de una persona. Los niños aprenden por imitación, y la familia tiene un rol fundamental en transmitir valores como el respeto, la empatía y la responsabilidad", expresa.

La psicopedagoga menciona que muchos alumnos llegan a esta altura del año con síntomas de saturación: ausentismo, irritabilidad, llanto fácil, desinterés o bloqueos mentales durante los exámenes. Estos signos, advierte, son una forma en que el cuerpo y la mente piden descanso. Si no se atienden a tiempo, pueden derivar en cuadros más complejos de ansiedad o agotamiento emocional.

Para Giménez, es importante que los padres comprendan que acompañar no significa controlar ni presionar. Escuchar a los hijos, reconocer el esfuerzo y ayudarles a aceptar los errores como parte del aprendizaje son, según ella, los pilares para cerrar el año con calma. "De los errores también se aprende —dice—, y esta etapa puede ser una oportunidad para fortalecer los vínculos familiares y valorar el crecimiento más allá del resultado".

Con empatía y paciencia, sostiene la especialista, el cierre de clases puede transformarse en un momento de alivio y no de angustia. La clave, insiste, está en mirar más allá de las notas y poner el foco en el bienestar emocional de los niños.

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