En nuestros bosques y sabanas, donde haya árboles y arbustos, un grupo de aves discretas pero fascinantes desempeña un papel fundamental en la salud de los ecosistemas, y éstos son los científicamente pertenecientes a la familia de los Dendrocolaptidae o dendrocoláptidos, conocidos comúnmente como trepadores, picapalos o arapasu en guaraní. Estas aves se confunden con carpinteros o relacionados con los aloncitos u horneros, y se caracterizan por su especialización en la vida arbórea y su singular forma de buscar alimento.

En Paraguay tenemos unas doce especies de trepadores, un 25 % de las especies conocidas, entre ellas el chinchero chico o arapasu ka'atî (Lepidocolaptes angustirostris), el chinchero grande o arapasu guasu (Drymornis bridgesii), el guiri (Sittasomus griseicapillus) y el picapalo colorado o arapasu juru karapâ (Campylorhamphus trochilirostris), solo por mostrar cuatro de esas doce especies que habitan en territorio nacional y que hoy tenemos la oportunidad de verlas en fotos gracias a las imágenes que nos cede el apreciado Carlos Ortega, a quien le estoy agradecido por compartirlas y haberme motivado a escribir sobre este grupo de aves.
Estas especies se distribuyen principalmente en los bosques húmedos de la Región Oriental, el Bosque Atlántico y, en menor medida, en el Chaco y bosques secos, adaptándose a diferentes tipos de hábitats forestales nativos.

Es llamativo verlos, ya que presentan cuerpos alargados, picos curvos y fuertes patas con garras adaptadas para trepar troncos y ramas. Su plumaje suele ser críptico, en tonos marrones y ocres, lo que les permite pasar desapercibidos entre la corteza de los árboles; y el diseño de sus picos les permite explorar grietas y desprender la corteza en busca de insectos y otros invertebrados, su principal fuente de alimento.
Estas aves son insectívoras especializadas y eso le llamó la atención a Carlos Ortega mientras las seguía para poder registrarlas, cómo levantan la corteza en búsqueda de sus presas. Utilizan su pico para buscar larvas, escarabajos y otros artrópodos en la madera muerta y bajo la corteza, contribuyendo al control de plagas y a la descomposición de la materia orgánica. Al remover la corteza y excavar en los troncos, facilitan el acceso de otros organismos y promueven la biodiversidad microbiana y de invertebrados en el bosque. Son arborícolas netos, están así adaptados, trepan en espiral a los árboles, tienen para ello una larga cola, rígida, terminada en puntas. Sus tarsos son cortos, lo que les permite trepar.

La mayoría de los trepadores nidifican en cavidades de árboles lo que parece ser su hábitat preferido, ya sea en huecos naturales o en nidos abandonados por otras especies. Son aves solitarias o viven en parejas, y su canto es discreto, lo que dificulta su observación a través de la identificación de su vocalización. El éxito reproductivo depende de la disponibilidad de árboles viejos y madera muerta, elementos cada vez más escasos debido a la deforestación, pero también porque creemos que estos elementos no aportan al ambiente, y olvidamos que hay una gran diversidad que depende de ellos.
Siempre me gusta señalar a los arapasu como indicadores de la salud de los bosques ya que su presencia señala la existencia de hábitats bien conservados, con estructura compleja y abundancia de madera muerta. Además, al participar en la cadena alimenticia y en la dinámica de los bosques, contribuyen a la resiliencia y estabilidad de estos ecosistemas.

Estas doce especies tienen como principal amenaza la desaparición o empobrecimiento de los árboles y los bosques o sabanas que los contienen, sea en la Región Oriental y el Bosque Atlántico, o en la región occidental, ya que estas especies están tanto en el bosque seco del chaco como en los bosques del chaco húmedo. La expansión agrícola, ganadera y urbana reduce el área de hábitat disponible y elimina los árboles viejos necesarios para su alimentación y reproducción. Algunas especies estarían más amenazadas que otras ya que tienen una distribución más restringida. La tala selectiva, los incendios forestales y la introducción de especies exóticas también afectan a los Dendrocolaptidae, y la reducción de la conectividad entre fragmentos de bosque limita sus desplazamientos y aumenta el riesgo de extinción local o extirpación.
La conservación de los trepadores depende de la protección y restauración de los bosques nativos y sus elementos arbóreos, e iniciativas como la consolidación de corredores de biodiversidad y la gestión sostenible de áreas protegidas son fundamentales para mantener poblaciones saludables de estas especies. La restauración del paisaje forestal, la promoción de prácticas silvículturales sostenibles y la reforestación con especies nativas favorecen la recuperación de hábitats adecuados para los trepadores; y por sobre todo es importante conservar árboles viejos y madera muerta en los bosques manejados.

La divulgación sobre la importancia de los trepadores y la biodiversidad forestal asociada puede fomentar el apoyo local a la conservación, y es por ello que involucrar a comunidades y propietarios rurales en la protección de los bosques y en el monitoreo de aves es clave para el éxito de las estrategias de conservación. El monitoreo de las poblaciones silvestres de estas aves, como así también de otras, y la investigación sobre la ecología de los Dendrocolaptidae permiten identificar tendencias y ajustar las acciones de conservación.

El uso de tecnologías como el monitoreo acústico y la ciencia ciudadana puede ampliar el conocimiento sobre estas aves. Los Dendrocolaptidae de Paraguay son mucho más que aves discretas: son ingenieros ecológicos y centinelas de la salud de los bosques. Su conservación es inseparable de la protección de los ecosistemas forestales y de la biodiversidad del país. Protegerlos es proteger el futuro de los bosques paraguayos y de todos los servicios ambientales que estos brindan a la sociedad. ¡Conozcámoslos y conservémoslos!
Se agradece el apoyo y motivación sobre la temática al apreciado Carlos Ortega.