Motivado por diferentes personas que me han compartido fotos de buitres o yryvu comentándome sobre estas especies, como es el caso de la foto que me enviara Hernán Schaefer desde Encarnación y su comentario que permite evidenciar la confianza de estas aves con los seres humanos y sus instalaciones. Inspirado, también, por el mensaje de Hernán, pedí imágenes a los apreciados colegas, así que gracias a Rebeca Irala, Tatiana Galluppi, Carlos Ortega y José Maria Paredes; gracias a sus fotos podemos evidenciar la presencia de estas tres especies de buitres de las que voy a hablar hoy día, y no olvidemos que el "Gran Rey" de los buitres es el yryvu ruvicha o buitre real, del cual ya hablamos el 19 de junio y el 4 de diciembre del 2022, así que enfoquémonos en las otras tres especies.

Estas aves, mal llamados cuervos, son en realidad buitres y su color negro causan un poco de temor en la gente. Sobrevuelan campos, humedales y ciudades con una elegancia que pocos reconocen, se los señala con desconfianza, asociados a la muerte y a lo macabro. Sin embargo, los tres buitres o jotes (en guaraní yryvu) que habitan Paraguay, el jote de cabeza colorada, el jote de cabeza amarilla menor y el jote negro o yryvu hū, son en realidad uno de los pilares más silenciosos y esenciales de la salud de los ecosistemas y las comunidades naturales, no solo del Paraguay sino de la región.

Tres especies de buitres muy emparentadas y han evolucionado con un mismo oficio vital. El jote de cabeza colorada científicamente conocido como Cathartes aura y en guaraní como yryvu aka virái, es quizás el más conocido y ampliamente distribuido. Se lo reconoce fácilmente por su cabeza desnuda de color rojo intenso y su silueta en vuelo en forma de "V", con las alas levantadas respecto al cuerpo. Habita en una gran variedad de ambientes, desde bosques abiertos hasta bordes de rutas, y se lo puede ver planear durante horas aprovechan

do las corrientes térmicas con un gasto energético mínimo. Lo que lo hace verdaderamente extraordinario, único entre casi todas las aves, es su agudísimo sentido del olfato. Las investigaciones científicas han demostrado que puede detectar carroña a varios kilómetros de distancia, incluso bajo una densa cubierta vegetal, gracias a receptores olfativos altamente desarrollados.

Por otro lado, el jote de cabeza amarilla (menor), científicamente como Cathartes burrovianus y en guaraní como yryvu akâ sa'yju,es el menos conocido de los tres y habita principalmente en los pastizales húmedos y esteros del Chaco y el Ñeembucú. Se lo puede ver volando muy bajo sobre los bañados, con un comportamiento similar al del aguilucho, y su cabeza multicolor, con tonos naranja, azul y amarillo, lo distingue claramente de sus parientes. Comparte con el jote cabeza colorada la notable capacidad olfativa, lo que lo convierte en un "rastreador" especializado en ambientes abiertos e inundables. Por su baja densidad y hábitats específicos, es la especie sobre la que existe menor información científica en Paraguay. Recuerdo cuando en 1987, hace casi 40 años describía el nido y sus huevos, hasta entonces desconocido "para la ciencia".

Y finalmente, el jote negro es el más abundante y el que con mayor frecuencia se encuentra cerca de los asentamientos humanos o dentro de ellos como la foto que nos comparte Hernán. Su plumaje completamente negro, su cabeza arrugada de color grisáceo y su tendencia a congregarse en grupos numerosos lo hacen inconfundible. A diferencia de sus parientes, localiza la carroña principalmente por la vista, o siguiendo a los Cathartes, quienes la detectan primero por olfato. Esta especie s mucho más oportunista, la podemos ver también en basurales, mataderos y zonas periurbanas, y en casos excepcionales puede atacar animales debilitados o recién nacidos. La gente de campo siempre comenta que cuando están sobrevolando el ganado es porque ya presienten que uno de ellos va a morir, y también cuando los vemos sobrevolando un área, podemos afirmar que existe allí en cercanías un cadáver o un animal que está por morir.
Es por ello que los buitres son los grandes recicladores del ecosistema. El rol ecológico de estas tres especies es indispensable y está bien documentado científicamente. Al consumir rápidamente cadáveres de animales, evitan la proliferación de bacterias patógenas como Clostridium y Bacillus anthracis, y reducen drásticamente el riesgo de transmisión de enfermedades como el ántrax, el cólera y la tuberculosis bovina. Su sistema digestivo es extraordinariamente ácido, con un pH que destruye prácticamente todos los patógenos que ingieren, incluyendo bacterias que serían letales para otros animales o para el ser humano.

Estudios realizados con cámaras trampa en bosques neotropicales han demostrado que los buitres consumen la vasta mayoría de los cadáveres disponibles, muy por encima de otros carroñeros como perros o jagua, zorros o aguara o zarigüeyas o mykure. Cuando las poblaciones de buitres colapsan, como ocurrió de manera catastrófica en el sur de Asia en los años noventa, el resultado fue un aumento explosivo de perros callejeros y ratas, con un incremento asociado de casos de rabia y otras enfermedades zoonóticas en humanos. La lección fue dura y clara: sin buitres, los ecosistemas y la salud pública se deterioran. Y muchas de estas muertes de buitres tienen que ver con medicamentos que se usan para el ganado, que los buitres ingieren al comer estos cadáveres, como es el caso de algunos antiparasitarios bovinos.

La relación entre estas aves y las personas es ambivalente. Por un lado, los buitres prestan servicios directos e irremplazables a las comunidades rurales: eliminan los restos de animales muertos en campos ganaderos, reduciendo costos y riesgos sanitarios. Pero por otro, son frecuentemente perseguidos, envenenados y atropellados por vehículos. El envenenamiento intencional, ya sea por confundirlos con una amenaza para el ganado, es una de las principales causas de mortalidad. Unas investigaciones recientes también documentaron que tanto el jote negro como el jote cabeza colorada transportan fragmentos de plástico desde los basurales a sus dormideros comunales, convirtiéndose en víctimas directas de la mala gestión de residuos humanos.
La presencia de grandes grupos de buitres en un área es, para los ecólogos, un indicador de un ecosistema con suficiente biomasa y flujo energético. Verlos sobrevolar es, en realidad, una señal de que la naturaleza funciona y los ecosistemas se encuentran en buen estado.

Los tres jotes, buitres o o yvyru, como quieran llamarlos, pero no "cuervos", de Paraguay no son aves de mal agüero, no traen mala suerte ni son animales lúgubres. Son el resultado de millones de años de evolución, perfectamente diseñados para cumplir una función que ningún otro grupo de animales realiza con tanta eficiencia. Protegerlos no es solo un acto de justicia ecológica: es una inversión directa en la salud de los ecosistemas y, en última instancia, en la nuestra propia. La próxima vez que uno de ellos pase planeando sobre tu cabeza, vale la pena detenerse a mirarlo con otros ojos e inclusive agradecerles por su existencia.
Gracias Hernán, Rebeca, Tatiana, Carlos y José María.