"La Virgen no hace milagros: Dios actúa por su intercesión"
El reciente documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano generó una ola de comentarios entre los fieles paraguayos. El texto reafirma una enseñanza antigua: los milagros no provienen directamente de María ni de los santos, sino de Dios, que escucha sus ruegos e intercede por medio de ellos. Aunque la aclaración es teológicamente precisa, despertó confusión en algunos sectores del país, donde la devoción a la Virgen tiene raíces culturales, históricas y afectivas profundas.
En redes sociales y comunidades parroquiales se multiplicaron las preguntas: "¿Entonces la Virgen ya no hace milagros?", "¿Cambia algo en lo que creemos?". La respuesta de la Iglesia paraguaya, acompañada por teólogos como el Pbro. Dr. César Nery Villagra Cantero, ha sido de serenidad: no se trata de un cambio, sino de una explicación.
"La persona y misión de María, madre de Jesús, están prefiguradas de varias maneras en el Antiguo Testamento. Se podría decir que está proféticamente bosquejada en la experiencia de Israel."
(Padre Neri Villagra, "La figura de la Virgen María en la Biblia")
El sacerdote explica que la grandeza de María está precisamente en su fe. En la Biblia no se la muestra haciendo milagros, sino creyendo en el poder de Dios. "Nada hay imposible para Dios", recuerda el texto evangélico, y es esa confianza absoluta la que convierte a María en la primera creyente. Ella no actúa por sí misma, sino que se abre a la acción divina y se convierte en su instrumento.
"El título dado a María describe el cambio ya operado en ella por la gracia de Dios. Esta gracia describe la santidad de María realizada en ella por la acción divina como preparación para el acontecimiento de la encarnación."
(Padre Nery Villagra)
El documento del Vaticano, publicado a fines de octubre, busca justamente esa claridad: no negar la fe popular, sino purificarla de interpretaciones mágicas. En los últimos años, el Vaticano ha actualizado sus normas sobre fenómenos sobrenaturales y apariciones, recordando que los milagros son "signos de la acción divina", no obras humanas ni de los santos. La intención es evitar confusiones o devociones centradas más en los signos que en la fe misma.
En Paraguay, donde la Virgen de Caacupé es símbolo de unidad nacional, la noticia se vivió con particular sensibilidad. Cada diciembre, millones de peregrinos llegan al santuario con promesas, agradecimientos y testimonios de "milagros". Para muchos, esas experiencias son expresiones vivas de esperanza en medio de la pobreza, la enfermedad o la soledad. Por eso, cualquier aclaración doctrinal debe comunicarse con delicadeza pastoral: sin apagar la fe, pero iluminándola con verdad.
"El ángel le explica a María que su concepción será virginal ya que se debe a la acción del Espíritu Santo... María será como una nueva arca de la alianza: llevará en su seno el Hijo de Dios."
(Padre Nery Villagra)
En el plano social, esta enseñanza puede leerse también como un llamado a madurar la fe del pueblo paraguayo. En un país con fuertes contrastes, donde la religión sigue siendo uno de los pocos lenguajes comunes, María aparece como un puente entre lo sagrado y lo cotidiano. Su imagen está en capillas rurales, estaciones de buses y hogares humildes; no como una figura distante, sino como madre cercana. Comprender que su intercesión nos lleva a Dios no debilita esa cercanía, sino que la profundiza.
La polémica, en definitiva, revela una tensión fecunda: entre la devoción emocional y la comprensión teológica. Pero no hay contradicción entre ambas. La Iglesia reconoce que la fe popular "posee una fuerza evangelizadora que no se puede despreciar", y la teología simplemente la orienta hacia su centro: Cristo.
"La madre de Jesús es presentada en la Escritura como la imagen de la Iglesia; esto implica además que toda la Iglesia es mariana y nos invita cada vez más a descubrir el rostro mariano de la Iglesia."
(Padre Nery Villagra)
Más allá de las discusiones teológicas, la aclaración del Vaticano deja al descubierto una certeza que en Paraguay sigue intacta: la fe del pueblo se expresa en el amor sencillo a la Virgen. En los caminos que conducen a Caacupé, entre promesas, velas y cantos, se renueva cada año la convicción de que María acompaña, escucha y consuela. No importa si los milagros se explican desde la teología o desde la experiencia: para miles de paraguayos, la Virgen sigue siendo el rostro maternal de la esperanza, la que enseña —en silencio y con fe— que todo milagro empieza cuando el corazón vuelve a confiar en Dios.