Tenía pensado escribir hoy sobre los acontecimientos que mueven al mundo. Hoy, en efecto, el mundo cambia de rumbo; sin embargo, he decidido enfocarme en un acontecimiento que, de no haber sido filmado y posteado en las redes sociales, hubiese pasado desapercibido, lamentablemente, perdiéndose entre folklóricos hechos que se dan ahora en la rutina cotidiana.
Muchas veces me quejo de que con frecuencia nos distraemos con detalles irrelevantes entre tanta corrupción política a la que ya nos tienen acostumbrados, y perdemos la orientación de las cosas que realmente son importantes y fundamentales. Sin embargo, hay detalles que tienen la capacidad de cristalizar todo un macrocosmo dentro de un microcosmo, y creo que este es uno de esos casos.
El hecho es que un niño, presuntamente limpiavidrios, fue brutalmente golpeado en el Km 6,5 de Ciudad del Este. El video fue posteado en Twitter y en él puede verse cómo un cobarde golpea repetidamente y con saña a un niño, y luego lo arrastra fuera de la ruta para seguir golpeándolo. También puede observarse en el video que, a pesar de los gritos del niño, nadie fue a darle socorro.
Gente mala y perversa como esta hay en todo el mundo y en todas las épocas, pero el problema más grande está cuando la gente 'buena' deja de hacer el bien.
Hoy un nuevo presidente asume la presidencia en el país más poderoso del mundo. Ese es un hecho que en sí se lleva toda la atención de la prensa, y más si consideramos las espurias circunstancias que embargan al caso de Biden. Sin embargo, de qué nos sirve a nosotros enfocarnos tanto en cosas que están totalmente fuera de nuestras manos cuando en nuestra propia casa venimos perdiendo cada vez más un pedazo de nuestra alma.
Desconozco cuál fue el motivo por el cual ese niño haya sido así brutalmente golpeado, en plena luz del día y frente a mucha gente que indiferente pasó sin más, y realmente no me interesa el motivo.
Las reacciones en Twitter no se hicieron esperar. El notorio Mili Brítez, quien últimamente anda teniendo ideas brillantes, tuiteó: “Aún no puedo entender que nadie haya defendido a ese niño. Naturalizamos tanto la violencia que buscamos una excusa para justificar lo que están haciendo...”.
Jorge Pappalardo tuiteó indignado: “Este cobarde debe ir preso por delincuente ya mismo”.
Por su parte, Goli Stroessner tuiteó expresando la suerte que tenía ese desgraciado de que él no estuviera ahí, solidarizándose con el niño. Además aclaró en otro tuit, a quienes justifican la brutal golpiza, escribiendo: “Tratá de educarle con el ejemplo hermano, no castigarle”.
https://twitter.com/golistroessner/status/1351341829418061825
Esa brutal golpiza a un niño viola tantos principios de justicia, pero a pesar de ellos hay quienes lo justifican y hacen una apología del delito. Los niños necesitan sentirse amados y protegidos.
Candidatos a presidentes
No pude dejar de pensar en nuestros políticos. Obviamente, el país está como está por lo que tenemos.
Aunque no es un candidato declarado, más que la intención de muchos, comparto la postura de Goli Stroessner. Muchos ya lo recuerdan a Goli, en la década de los 80 y 90, por defender a varios en las noches asuncenas. De él se podrán decir muchas cosas, pero no me cabe la menor duda de que, como lo dice él mismo en su tuit, este desgraciado se salvó de que él no pasara por ahí.
Otros dos que me vienen a la cabeza y que no dudo de que dejarán a un lado su marcha e irán a defender al niño, son Payo Cubas y el mejor arquero del mundo, José Luís Chilavert. No sé si alguno de ellos ha dicho algo al respecto, pero estoy seguro de que si Goli o Chilavert o Payo (que es medio de la zona), pasaban por ahí, los sopapos iban a ser más equitativos, si es que el guaperas que golpeó brutalmente al niño se animaba a hacerse del churro contra ellos.
A varios políticos, lamentablemente, los imagino mirando hacia el otro lado para no ver. Pero, en honor a la verdad, debo decir también que creo que Leo Rubín hubiese hecho algo; lo más seguro es que iba a ligar más, pero eso tiene hasta más mérito. No creo para nada en su ideología política, pero tanto él como Gloria Rubín siempre tuvieron una sensibilidad social que hay que reconocer. Otros que también sospecho que no pasarían de largo (y me gustaría que sea así), son, tanto Carlitos Rejala como Kattya González. Porque aquí hay que decirlo, no solo es vergonzoso que los hombres que vieron y pasaron no hicieran nada, sino que tampoco ninguna mujer fue lo suficientemente humana para decir o hacer lo que tenía que hacerse en defensa de un niño.
Recuerdo que estando en Princeton conocí a una conferencista que al saber que yo era de Paraguay se acercó y me contó lo que le había ocurrido en una villa miseria de Buenos Aires, cuando ella, aún estudiante, fue a hacer un estudio antropológico de campo allá. Me dijo que la asaltaron entre varios y que la iban a violar, y que fue una señora paraguaya la que salió en su defensa, “sola con un cuchillo grande de cocina y el coraje de todo un ejército”; una paraguaya sola a los gritos contra cuatro muchachos armados.
Esa mujer anónima me recuerda a mi propia hija Zoé, ahora ya con 11 años, pero que desde muy chiquita sacaba el pecho como un carnerito de Aries para defender a quienes sufrían alguna injusticia. Por lo que ni el sexo ni la edad pueden ser excusas para ser impasibles frente a la injusticia.
Ese es el material que corre en el ADN cultural de las paraguayas desde tiempo de los guaraníes. ¿Cómo es que ahora nos estamos volviendo tan insensibles?
En los Estados Unidos, en las encuestas presidenciales, solía preguntarse con qué candidato te gustaría tomarte unas cervezas; y la otra pregunta que hacían (que curiosamente no quisieron hacerla más esta última vuelta), es con qué candidato dejarías a tus hijos un fin de semana para que los cuiden.
Creo que nosotros deberíamos pensar bien ya no con qué candidato nos tomaríamos unas cervezas, y aunque quizás sea bueno imaginarnos a quién de ellos confiaríamos a nuestros hijos, nos haría muy bien además preguntarnos si qué haría nuestro candidato si en su paso viera un hecho como este. No solo basta pedir que nuestro candidato presidencial se ponga la camiseta del Paraguay, sino que también sude con ella.
Y vos, ¿qué harías si pasaras por ahí y vieras a un niño siendo brutalmente golpeado?
La ley del Buen Samaritano y el arresto civil
Quizás haya quien quiera acusarme ahora de promover la violencia. Yo no tengo ningún problema en ello. Venimos a este mundo en un acto de violencia y el mismo universo fue creado en forma violenta. Existe también una ira santa, la misma que usó Jesús contra la simonía, ya que cuenta el Buen Libro que Jesús estando en el Templo hizo un látigo de cuerdas de cuero y echó a todos los que estaban comerciando en el Templo (Juan 2: 15). Y a nosotros los paraguayos, ¿qué nos lleva a una ira santa?
Es obvio que no espero que el primero que intervenga en este tipo de casos se presente ya con puños y patadas, si es que puede evitarlo.
Existen dos leyes que necesitamos para estos tiempos: La ley del Buen Samaritano, que generalmente se asocia con la asistencia médica a alguien que la necesite, pero que también puede extenderse a otros campos. Básicamente, esta ley protege de cualquier demanda o querella a cualquiera que haya actuado de buena voluntad para ayudar a alguien que necesita ayuda inminente.
Vemos a menudo cómo mucha gente arriesga hasta su vida para defender a gente que es asaltada. La ley debe protegerlos de cualquier demanda o querella que posteriormente puedan sufrir, si es que actúan de buena voluntad y si es que la opción era razonable en el momento.
La otra ley que necesitamos es la del 'arresto civil', por la cual cualquier civil pueda arrestar a una persona que esté cometiendo un crimen infraganti. En realidad, es más que nada una 'detención' hasta que lleguen las autoridades pertinentes.
Vivimos en un mundo donde las leyes deben evolucionar con nuestra realidad presente. Ojalá que por lo menos el miedo a las consecuencias legales no sea excusa para no dar auxilio.
Y digo aún más, ojalá incluso se criminalice el hecho de no prestar ayuda. Dice la máxima del Derecho qui tacet concentire videtur (el que calla consiente lo que ve). Si uno ve un crimen y no dice nada, consiente lo que ve, y ese silencio cómplice debería condenarlo.
En 2008, en un hospital de Nueva York, una mujer que estaba en la sala de espera cuando colapsó. Nadie de los que estaba junto a ella, ni siquiera los enfermeros y administrativos hicieron nada, hasta que 45 minutos después, un guardia de seguridad se percató de que ella había muerto. El juez del caso, considerando que pudo evitarse su muerte, condenó a todos los presentes, llevándose la peor parte los enfermeros y administrativos del hospital, por no haber asistido a dar auxilio (por lo menos hacer un llamado) y dejar morir a una persona.
Hoy entrega Trump su mandato, aunque lo hace con la dignidad de honrar la democracia que respeta la voluntad de los votantes. Trump, en sus cuatro años de gobierno, a pesar de sus excentricidades, ha puesto en evidencia muchas cosas, pero lo que no le perdonan los pseudodemocráticos es el haber sido tan popular y el haber demostrado que se puede hacer política levantando la economía sin necesidad de invadir a otros países. Eso es algo que el mundo entero valora, menos los pregoneros del globalismo.
Hoy, el mundo que conocemos retorna al rumbo globalista, pero de nada nos sirve preocuparnos tanto de aquello que no podemos cambiar, si lo que podemos cambiar no nos importa. Y de qué nos sirve poder cambiar al mundo si en casa estamos perdiendo nuestra alma.
Uno de los mejores indicadores de una sociedad es ver cómo tratan a sus miembros más vulnerables.
Dice una cita, creo que es apócrifa de San Agustín, que “la Esperanza tiene dos hijas: Ira y Valentía; Ira para no seguir aceptando el estado de las cosas, y Valentía para tener el coraje de cambiar”.