Joyas aladas del Paraguay, sobre el boyero de ala amarilla
El amigo Carlos Ortega una vez más me comparte una bella foto de un ave bastante común, pero que me motivó a escribir sobre ella por sus particularidades. Se trata de la especie científicamente conocida como Cacicus chrysopterus, conocido comúnmente como boyero ala amarilla, una especie de ave paseriforme de la familia Icteridae, que no es única a Paraguay a pesar de que se la conoce como Guarani en guaraní, y la compartimos con otros países de Sudamérica. Esta especie es característica de los bosques subtropicales y tropicales húmedos, especialmente en la región oriental del país, donde el Bosque Atlántico del Alto Paraná constituye uno de sus principales hábitats, pero también el Chaco; yo personalmente la conocí a finales de la década del 80 en los bosques en isletas del Chaco Húmedo del Chaco argentino.
En Paraguay, Cacicus chrysopterus se encuentra principalmente en la región oriental, en remanentes de bosques atlánticos, selvas en galería y bordes de bosques secundarios. Prefiere áreas con vegetación densa y presencia de árboles altos, que utiliza tanto para nidificar como para alimentarse. La fragmentación del bosque atlántico, uno de los ecosistemas más amenazados del mundo, ha reducido considerablemente la extensión de su hábitat, aunque la especie aún se considera relativamente común en áreas protegidas y reservas privadas del país.
El boyero ala amarilla es un ave de tamaño mediano, reconocible por su plumaje negro brillante y las llamativas manchas amarillas en las alas. Es una especie gregaria, que suele observarse en pequeños grupos o bandadas, especialmente fuera de la época reproductiva. Su dieta es omnívora, basada principalmente en insectos, frutos y néctar, lo que le permite adaptarse a diferentes condiciones de disponibilidad de recursos.
Una de las características más notables de la biología del Cacicus chrysopterus es su comportamiento reproductivo. Construye nidos colgantes, en forma de bolsa, que cuelgan de las ramas altas de los árboles, a menudo sobre cuerpos de agua o en lugares de difícil acceso para depredadores. Estos nidos, elaborados con fibras vegetales, pueden alcanzar hasta un metro de longitud y son construidos por las hembras. La especie suele anidar en colonias, lo que proporciona cierta protección colectiva frente a depredadores y facilita la vigilancia del entorno. La primera vez que vi estos nidos, pensé que los construían con pelos de caballo, pero luego me di cuenta de que extraían estas fibras de la corteza de los árboles, los que retiraban con mucho cuidado para luego entretejer las fibras para hacer este nido. El nido tiene una entrada superior que dificulta el ingreso de depredadores hasta los huevos o los pichones, pero he visto al tucán grande meter su enorme pico para depredar las crías.
Como parte de la avifauna del Bosque Atlántico y del Chaco Húmedo, el boyero ala amarilla cumple un papel importante en la dispersión de semillas y el control de insectos. Su dieta variada contribuye a la dinámica ecológica del bosque, participando en la polinización y en la regulación de poblaciones de artrópodos. Además, al construir nidos colgantes, modifica la estructura del microhábitat y puede influir en la disponibilidad de recursos para otras especies, como insectos y pequeños mamíferos que utilizan nidos abandonados.
La presencia del boyero de ala amarilla es considerada un indicador de la salud de los ecosistemas forestales, ya que depende de la existencia de árboles maduros y de una estructura vertical compleja en el bosque. Por ello, su abundancia suele disminuir en áreas sometidas a deforestación, fragmentación o degradación severa.
Si bien el Cacicus chrysopterus no figura actualmente entre las especies amenazadas a nivel global, en Paraguay enfrenta presiones asociadas a la pérdida y fragmentación de hábitat, principalmente por la expansión agrícola y ganadera.
Las áreas protegidas son refugios clave para la conservación de la especie. Sin embargo, la conectividad entre fragmentos de bosque es fundamental para mantener poblaciones viables a largo plazo. La especie también se adapta a ambientes secundarios y bordes de bosque, lo que le otorga cierta resiliencia frente a la modificación del paisaje, aunque su éxito reproductivo y supervivencia pueden verse afectados en hábitats degradados.
El boyero ala amarilla es una de las más de 700 especies de aves registradas en Paraguay, de las cuales unas 79 son endémicas y 23 están amenazadas. Su estudio y monitoreo contribuyen a comprender los procesos ecológicos del Bosque Atlántico y a diseñar estrategias de conservación que sean integrales. La protección de su hábitat beneficia a numerosas especies asociadas y mantiene los servicios ecosistémicos fundamentales para las comunidades humanas locales.
Esta es una especie emblemática de los bosques del este de Paraguay, cuya ecología y biología reflejan la riqueza y fragilidad de los ecosistemas subtropicales del país. Su conservación depende de la protección y restauración de los bosques nativos, la gestión sostenible del paisaje y la promoción de corredores biológicos que aseguren la conectividad entre poblaciones. El boyero ala amarilla, además de su valor intrínseco, es un símbolo de la biodiversidad paraguaya y un recordatorio de la necesidad de preservar los últimos remanentes del Bosque Atlántico y las islas de bosques del Chaco Húmedo para las generaciones futuras.
Agradezco las fotos de Carlos Ortega y también la compartida por José María Paredes.