Con lo difícil que está la situación en nuestro país, a nadie le gustaría que Karai Octubre aparezca rondando este martes 1 de octubre por las casas. Según la tradición, la mejor manera de evitarlo es preparando el famoso jopara.
Las costumbres dictan que el jopara, la espesa sopa que mezcla locro y poroto, se sirve el primer día de octubre para espantar la miseria que trae el Karai Octubre. La cultura popular retrata la miseria como un viejo de sombrero raído, ropas rotosas y descalzo que, con una bolsa vacía al hombro, intenta entrar a las viviendas.
Para ahuyentarlo y cerrarle las puertas al Karai Octubre, hay una receta infalible: este miércoles, en las mesas no puede faltar el jopara. El poroto y el locro en las cucharas que se llevan a la boca hacen correr a la pobreza, según el mito. El folclore, para muchos, es un acto de fe y esperanza.
Tanto el locro como el poroto se ponen en remojo en agua un día antes y, al amanecer del 1 de octubre, desde las 5 o 6 de la mañana ya comienza a hervir en la olla de hierro sobre un fuego de leña o carbón, como para que al mediodía ya se pueda consumir. El jopara puede ser con carne o una mezcla de carnes, algunos le agregan hasta chorizos, y la otra versión es el jopara kesu. Se acompaña con mandioca o tortillas y se bebe cerveza.

Variaciones del plato
La mezcla del jopará puede variar regionalmente: en algunos lugares predomina la mandioca, en otros más variedades de porotos, y en otros se agrega algún tubérculo local. Esa flexibilidad lo convierte en un espejo del territorio, reflejando la diversidad de ingredientes que la comunidad tiene a su alcance.
Incluso en la época moderna, el jopará sigue vigente en festivales folclóricos, ferias culturales y ferias gastronómicas. No es raro encontrarlo como oferta en puestos de comidas durante eventos que rememoran la cultura guaraní, fortaleciendo su presencia urbana.
En las estaciones frías o lluviosas, su valor nutricional también resalta: es un plato que reconforta, que aporta energía, fibra y saciedad. Por eso muchos hogares paraguayos lo adoptan como alternativa frente a sopas o guisos típicos, especialmente cuando se busca un alimento sustancioso de producción local.
Finalmente, el jopará plantea una invitación identitaria: mantener vivo lo nuestro, lo local, lo ancestral, sin resignar al sabor. En tiempos donde la globalización empuja por alimentos industrializados, este plato representa una afirmación cultural en el plato diario.