Eduardo Dose Martínez es ingeniero ambiental, con maestría en Manejo de los Recursos Hídricos por la Universidad Leibniz de Hannover, Alemania; cursa el doctorado en la Universidad Nacional de Itapúa, Paraguay. Trabaja en el Sector de Hidrología de la Entidad Binacional Yacyretá y hoy realiza una estancia de investigación en el Laboratorio de Ciencias Hidrológicas de la NASA (Goddard Space Flight Center), en el marco de una cooperación técnica internacional, integrado al equipo científico de NASA.
Este prestigioso profesional conversó en exclusiva con El Nacional. Explicó el trabajo que realiza en Estados Unidos, habló, además, sobre su futuro y dio un panorama sobre el escenario para la ciencia en la actualidad para nuestro país.
¿En qué consiste la investigación que estás realizando en la NASA y tu trabajo actual?
Mi trabajo se enfoca en la validación de datos del satélite SWOT para el monitoreo de niveles de agua en reservorios del río Paraná, y en la implementación del modelo hidrológico continental HyMAP, dentro del sistema LIS desarrollado por la NASA. El objetivo es contribuir a una gestión más precisa y sostenible de los recursos hídricos en una de las regiones más estratégicas de Sudamérica, combinando herramientas satelitales, modelación hidrológica y cooperación interinstitucional.

¿Tus planes son quedarte en EE.UU o volver a Paraguay y aplicar lo aprendido?
Pretendo volver a Paraguay en el corto plazo. Actualmente estoy realizando una estancia de investigación temporal en Estados Unidos, de 6 meses. He recibido propuestas para retornar en el futuro y continuar colaborando con equipos de investigación en este país, lo cual valoro profundamente porque permite fortalecer los lazos científicos entre ambas naciones.
A futuro, mi objetivo es seguir apoyando desde mis funciones a la Entidad Binacional Yacyretá, contribuyendo a una gestión cada vez más moderna, basada en ciencia y tecnología. Al mismo tiempo, deseo continuar con mi línea de investigación y desarrollar actividades de docencia, con la convicción de que la formación de nuevas generaciones de profesionales es clave para el desarrollo sostenible del país.
Tengo el compromiso personal de ayudar a la ciencia en Paraguay, promoviendo el uso de tecnologías satelitales, modelos hidrológicos avanzados y alianzas estratégicas que permitan enfrentar los desafíos del cambio climático y la gestión del agua con base científica.
Mi visión es que Paraguay no solo sea un país que adopta tecnología, sino también que genera conocimiento propio. Para ello, es fundamental seguir construyendo puentes entre la ciencia, las instituciones y las decisiones que impactan en nuestro futuro.
Sobre sus experiencias
¿Cuáles son las principales diferencias al estudiar y hacer ciencia en Paraguay y EE.UU?
Una de las principales diferencias entre hacer ciencia en Estados Unidos y en Paraguay es la estructura institucional y la cultura científica consolidada. Acá en Estados Unidos existen sistemas muy bien organizados para vincular la investigación con las políticas públicas, con equipos interdisciplinarios, financiamiento estable, infraestructura robusta y una comunidad científica que colabora de forma permanente entre agencias, universidades y organismos multilaterales.
En Paraguay tenemos muchísimo talento y compromiso, pero necesitamos fortalecer las instituciones científicas, crear políticas a largo plazo para sostener líneas de investigación, y sobre todo, alinear los temas de estudio con las necesidades reales del país. La ciencia útil es aquella que resuelve problemas concretos, que mejora la calidad de vida de las personas, y que permite tomar decisiones basadas en evidencia.
Creo que producir contenido científico que le sirva realmente al país implica apoyar la formación de investigadores, fomentar alianzas internacionales estratégicas y, sobre todo, generar un ambiente donde la investigación sea reconocida como una herramienta clave para el desarrollo nacional.
¿Sentís que podés aportar una mirada especial a la investigación en la NASA siendo paraguayo?
Trabajar en ciencia en Estados Unidos siendo paraguayo es una experiencia enriquecedora en muchos sentidos. Uno llega con otra historia, otra formación, otra manera de mirar el territorio y los problemas. Y eso, lejos de ser una desventaja, puede ser una fortaleza si se combina con apertura y disposición al aprendizaje.
Vengo de una cultura donde muchas veces hay que hacer mucho con pocos recursos, y eso te da una mirada muy concreta, muy práctica y orientada a buscar soluciones. También te sensibiliza más sobre las desigualdades estructurales y la urgencia de aplicar la ciencia a problemas reales.
Siento que desde Paraguay puedo aportar una perspectiva complementaria, con un enfoque más contextual, más territorial, que busca que los datos y modelos realmente respondan a las necesidades de la gente.
Y eso, en un entorno como NASA, que valora la diversidad de experiencias, genera un intercambio muy valioso para todos.

¿Tenías el sueño de ser científico desde niño o la vida te fue llevando hacia ese camino?
No, no fue un sueño claro desde niño, pero mirando en retrospectiva, hubo muchas señales que marcaron el camino. Cuando estaba en la escuela, participé en ferias científicas, y fue ahí donde tuve mi primer acercamiento al mundo de la investigación. Recuerdo especialmente un libro que me marcó mucho en ese momento: "50 cosas que podés hacer para mejorar tu planeta". Ese tipo de lecturas despertaron en mí una conciencia ambiental temprana y una curiosidad que fue creciendo con los años.
Durante mis estudios universitarios en Ingeniería Ambiental, esa inquietud tomó forma. Me involucré en proyectos internacionales relacionados con el Acuífero Guaraní, lo que reforzó mi interés por los temas regionales, especialmente vinculados al agua y al manejo sostenible de los recursos naturales. Esos primeros pasos me mostraron que la ciencia podía ser una herramienta concreta para generar impacto.
Luego llegó la oportunidad de hacer una maestría en Alemania, en la Universidad Leibniz de Hannover, lo cual fue un punto de inflexión. Estudiar e investigar en un contexto tan exigente y diverso no solo amplió mi formación técnica, sino que también tuvo un profundo impacto personal. Mi tesis de maestría tuvo un reconocimiento importante en su momento, y dio lugar a publicaciones científicas, lo que reafirmó mi vocación por la investigación.
Así que no, no fue un sueño infantil definido, pero fue un camino que se fue construyendo paso a paso. Hoy, estar colaborando con NASA es el resultado de esa trayectoria, de años de trabajo, aprendizaje y convicción en que la ciencia tiene un rol fundamental para mejorar nuestras sociedades.