El alemán es un idioma muy complicado de aprender, por una parte, su tipología sintáctica corresponde a la estructura (sujeto-verbo-objeto) en construcciones sencillas, pero en las oraciones subordinadas el verbo se posiciona en último lugar. La marcación del verbo finito (conjugado) se puede dar en la primera, segunda o tercera posición; la más frecuente de estas posiciones es la segunda, es decir, el verbo conjugado en segunda posición. Además de la tipología sintáctica del idioma alemán, es esencial ilustrar el fenómeno de la declinación de ciertas clases de palabras, por ejemplo, los sustantivos. Estos traen consigo artículos definidos; tres en total: masculino, femenino y neutro; estos artículos a su vez se declinan en los casos nominativo, acusativo, dativo y genitivo. Con esta mínima explicación parecería que estoy describiendo las características del idioma latín, pero no, es el idioma alemán, y está vivito y coleando.
Wilhelm von Humboldt, lingüista, filósofo, educador y político alemán (1767-1835) decía que el hombre es intrínsecamente un ser lingüístico y social, y para conocer a cabalidad una sociedad es esencial estudiar sus lenguas. Este pensamiento lingüístico de Humboldt lo he vivido en carne propia en mis primeros años en Alemania, necesariamente debía aprender la lengua alemana para conocer y comprender las reglas que regían en dicha sociedad y, por sobre todo, acercarme al espíritu de la Nación alemana no me ha sido nada fácil. A modo de ejemplo, he ilustrado la complejidad gramatical del idioma alemán en el primer párrafo.
Humboldt le manifestaba a Schiller en sus epístolas (1800) que la lengua permite reconocer el carácter de una nación, como la historia, costumbres y otras manifestaciones, además subraya un dato no menos importante cuando sentencia que en la sintaxis de la lengua quedará vestigios particulares de la nación.
El hecho de que el verbo en el idioma alemán se posiciona en segundo lugar, corresponde quizás a lo expuesto por Humboldt, pues en las conversaciones normales coloquiales en dicha lengua, desde la perspectiva de un extranjero, la atención se concentra en la posición del verbo. Ubicarlo adecuadamente hace que toda la conversación tenga sentido, eso requiere mucho tiempo de estudio, disciplina y concentración. Los elementos adyacentes a ese elemento gramatical se tornan irrelevantes si no se logra el centro en torno al cual gira el coloquio. Estimo que esta estructura hace que la sociabilidad de los interlocutores tenga un mayor efecto empático a la hora de las charlas sociales.
La precisión de la lengua alemana también es una característica que la convierte en un idioma potente y duro. La ilustración de la ubicación de los verbos en una cadena sintáctica demuestra que esas posiciones son inamovibles, y en caso de invertirlas, la oración no tiene sentido, y genera caos para una cabal compresión. En este caso, los alemanes son muy amables con los extranjeros cuando cometen errores, con mucha cortesía dicen: “Perdón, acústicamente no lo he entendido bien, me podría repetir por favor”.
¿Y cómo estamos por casa? Paraguay, nuestro querido país, conocido en el mundo entero como una Nación bilingüe. Dos lenguas oficiales: el guaraní y el castellano, dos idiomas totalmente diferentes sin ninguna vinculación en sus raíces. El castellano, una lengua románica y flexiva, por su tipología tiene una madre, en caso de apuros lingüísticos; por su lado, el guaraní es una lengua aglutinante y polisintética por su tipología, pero no tiene una madre que la proteja en casos de problemas de índole lingüístico, como consuelo se apoyan en sus lenguas hermanas que derivan de la familia lingüística guaraní, en cuyo seno se encuentran las siguientes etnias: Aché, Avá Guarani, Mbya, Pãi Tavyterã, Guarani Ñandéva Guarani Occidental.
Actualmente, en nuestro país aumenta el uso coloquial de la mezcla de ambos idiomas, el muy popular y conocido yopará. Desde el punto de vista del lingüístico, esto se puede inferir como un empobrecimiento en ambas lenguas y camino hacia una criollización de las lenguas oficiales, y, en un tiempo futuro, Paraguay hablará y quizás escribirá con una lengua criolla castellano-guaraní. Retomo la idea de Humboldt sobre la el carácter de la lengua, que permite conocer a la nación. Si aplicáramos este pensamiento de Humboldt a nuestras lenguas, ¿cómo lo haríamos, con el castellano no bien aprendido, o con el guaraní que está luchando en sobrevivir y hacerse notar como lengua moderna, funcional y potente, como lo es el idioma alemán?
El Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) debería impulsar una Planificación Lingüística seria y responsable y con técnicos especializados en el área para corregir el rumbo que actualmente las dos lenguas oficiales del país están tomando. No hay intervención alguna en el tipo de castellano y tampoco se puede lograr el ansiado bilingüismo en el país, a pesar de estar en tren de innovaciones desde décadas. La Secretaría de Políticas Lingüísticas, dependiente de la Presidencia de la República, hace esfuerzos importantes para instalar la idea y el debate hacia el futuro de nuestras lenguas.
A diario se lee y se escucha en los medios de comunicación, imprecisiones gramaticales, sintácticas, morfológicas, lexicales y de toda índole que empobrecen el uso de nuestras lenguas. Dos lenguas que coexisten mutuamente y que marcan el pensamiento del grupo étnico nuestro, el paraguayo; dos tipologías totalmente distintas que van sin ningún control y que lentamente van formando el carácter de la nación, es decir, un yopará, una mezcla, un desorden. Si estudiáramos nuestras lenguas para entender el concepto de nación como lo señala Humboldt, encontraríamos que somos un país desordenado, apocado en hilar pensamientos genuinos en una o en ambas lenguas.
Es imperativo que el MEC y en conjunto con las organizaciones que velan por las lenguas del país inicien una verdadera revolución lingüística con el fin de comprender el carácter de nuestra Nación.
Doctor en Lingüística, Lenguas, Filosofía, Educación y Didáctica.
Universidad de Kiel, Alemania.