El 1 de marzo no es una celebración, es una construcción política de memoria
El historiador Herib Caballero analiza cómo la figura de Francisco Solano López fue reivindicada en el siglo XX, por qué Paraguay conmemora su derrota como heroísmo y qué aspectos de la Guerra contra la Triple Alianza aún permanecen silenciados.
En el marco de las conmemoraciones del 1 de marzo, Día de los Héroes, el debate sobre el sentido histórico de la fecha vuelve a instalarse. ¿Se trata de una exaltación patriótica, de una memoria selectiva o de una construcción política consolidada a lo largo del siglo XX?
Para profundizar en estas cuestiones, conversamos con el historiador Herib Caballero, quien sostiene que la resignificación del 1 de marzo respondió a intereses políticos concretos y que aún hoy persisten visiones caudillistas en la interpretación del pasado nacional.
De derrota militar a símbolo patriótico
Caballero explica que el proceso de reivindicación de Francisco Solano López comenzó a inicios del siglo XX y se consolidó oficialmente en 1930 con la ley de feriados que estableció el 1 de marzo como Día de los Defensores de la Patria.
"El proceso de reivindicación de la figura de Francisco Solano López empezó a comienzos del siglo XX y culmina con la ley de feriados de 1930, que declara el 1 de marzo como el Día de los Defensores de la Patria", señala.
Según el historiador, el contexto político fue determinante: Paraguay se encaminaba hacia la Guerra del Chaco y era necesario fortalecer el discurso nacionalista. Posteriormente, la fecha pasó a denominarse Día de los Mártires de la Patria y finalmente quedó establecida como Día de los Héroes.
La consolidación simbólica de López como figura central se afianzó en 1936 con la inauguración del Panteón Nacional de los Héroes y el decreto del coronel Rafael Franco que lo declaró "la figura más encumbrada de la historia nacional".
¿Celebración o conmemoración?
Ante la pregunta de cómo se explica que Paraguay conmemore su derrota militar más devastadora como un hito heroico, Caballero sostiene que no se trata estrictamente de una celebración, sino de una construcción discursiva.
"Tiene que ver con la visión de que quien muere por la patria da lo máximo de sí mismo por una causa. Esa explicación se sostiene dentro de la campaña reivindicatoria de la figura de López", afirma.
Para el historiador, el 1 de marzo concentra una carga simbólica mayor que otras fechas clave, como el 12 de junio final efectivo de la guerra, que pasa casi desapercibido en el calendario cívico.
En su análisis, el relato construido durante décadas presentó la Guerra contra la Triple Alianza como el origen de los males nacionales y a sus protagonistas como defensores de un Paraguay "grande y progresista", una narrativa que terminó consolidándose en la memoria colectiva.
El peso del caudillismo en la historia
Consultado sobre si el siglo XXI logró democratizar el concepto de héroes o si aún persiste una visión centrada en figuras individuales, Caballero reconoce avances, pero también limitaciones.
"Se empieza a hablar de colectivos y de otros actores, pero las grandes polémicas históricas siguen girando en torno a gobernantes y guerras. Es lo que más atrae la atención", señala.
Mientras tanto, el rol de maestros, médicos, científicos o comunidades enteras continúa relegado. Para el historiador, la conmemoración de los 160 años del final de la guerra podría ser una oportunidad para ampliar el enfoque y revisar aspectos menos abordados del conflicto.
Las heridas aún abiertas
Entre los episodios poco explorados o deliberadamente omitidos, Caballero menciona los procesos de San Fernando, que implicaron ejecuciones ordenadas por el propio Solano López contra miembros de la oficialidad y la cúpula estatal.
También destaca la situación de las mujeres durante la guerra, muchas de las cuales fueron obligadas a sostener la producción alimentaria en condiciones extremas.
"Falta mucho por dilucidar sobre cómo era la vida en los pueblos y ciudades más allá del frente de batalla y cómo afectó la guerra a las personas después del conflicto", sostiene.
La guerra dejó una de las mayores catástrofes demográficas en la historia independiente del país, un impacto cuyas consecuencias sociales y económicas aún requieren mayor profundización académica.
López en el siglo XXI
Sobre la vigencia de la figura de Francisco Solano López frente a los desafíos actuales, Caballero propone una revisión más humanizada y menos mitificada.
"Está puesto en un pedestal en el cual cualquier observación sobre sus decisiones se toma como una crítica a la nacionalidad. Y eso no debería ser así", afirma.
Para el historiador, acercarse a López como personaje histórico complejo con aciertos, errores y condicionamientos propios de su tiempo permitiría a las nuevas generaciones construir una mirada más crítica y menos nostálgica del pasado.
La conversación con Herib Caballero deja en evidencia que el 1 de marzo no es solo una fecha patriótica, sino el resultado de un proceso político e historiográfico que moldeó la identidad nacional. Más que una simple evocación del pasado, el Día de los Héroes sigue siendo un espacio de disputa simbólica: entre la exaltación, la memoria crítica y la necesidad de revisar la historia con mayor pluralidad y profundidad.