Educación 2020: sin comprensión ni lógica
Los actuales indicadores de nuestra situación educativa ameritan que se haga una reflexión constructiva.
Sin menospreciar los tantos obstáculos (humanos, morales, éticos y materiales) que se han ido agregando para obstaculizar los buenos resultados de la educación formal en nuestro país, considero que, a lo largo del tiempo, por debajo de todos los planes, parches y remaches;fundamentalmente, ha faltado una mirada pragmática.
Si entendemos al proceso educativo como transmisión/incorporación de capacidades y contenidos, y observamos los resultados obtenidos en la escolarización, salta a la vista que no se ha sopesado, en términos prácticos, el valor trascendental de la dimensión de las
capacidades.
El ethos de la Reforma
La propia denominación otorgada al capítulo educativo, vigente desde los 90s, puede indicar al lector qué es lo que primaba en la cabeza de las 'vacas sagradas' en aquellos tiempos. Optaron por el título de 'Reforma'. Según la Real Academia Española (RAE) el verbo 'reformar' es definido como enmendar, corregir la conducta de alguien, haciendo que abandone comportamientos o hábitos que se consideran censurables. De todas las acepciones que contempla la RAE, esta parece la más próxima al ethos de nuestra Reforma Educativa, al leer una publicación de un importante referente del ámbito en cuestión:
“En rigor, en su origen el planteamiento de la necesidad de una reforma educativa fue precedida por un categórico rechazo del aparato educativo montado y controlado desde los ámbitos político-partidarios del poder. Tal rechazo [...] se expresó por el masivo movimiento de descalificación surgido en el seno de las organizaciones no gubernamentales, la prensa, los docentes hasta entonces excluidos o marginados por el oficialismo, la dirigencia de la emergente democracia, padres, etc. ...” (Rivarola, D. en ONU-CEPAL, Serie Políticas Sociales Nº 40, año 2000)
La expresión 'la carreta delante de los bueyes' describe llanamente a esa pretensión dirigida netamente a la estructura funcional de la educación pública de ese momento. El impacto principal lo recibieron los docentes y, en consecuencia, también los alumnos.
Si a esta directriz le sumáramos los años que el Instituto Superior de Educación (ISE) no admitió nuevos formandos (por hipernumerarios), el desprestigio en el que cayó la carrera docente y la inclusión del bilingüismo con una implementación plagada de ensayos; no nos debiera sorprender las alarmantes estadísticas (2015-2018) del Servicio Nacional de Evaluación del Proceso Educativo (SNEPE).
Cuanto tenemos ante nosotros, se debe a que la Reforma, en su esbozo e implementación, puso como criterio predominante el discurso y no la dotación de herramientas fundamentales para el aprendizaje.
Un modelo que no atendió las capacidades básicas
Si bien las capacidades básicas (lecto-comprensión, escritura y aritmética) representaron desde siempre un desafío a nuestro sistema educativo, la Reforma no incorporó los resortes necesarios para prestar atención a esto.
La tesis de que ese déficit se debía principalmente a la desnutrición infantil, al obstáculo lingüístico (alumnos 'guaraní hablantes' asistiendo a una educación 'hispano hablante') y a la ausencia de libros para los alumnos; daba por sentado que aquel tema quedaría resuelto con la merienda escolar, la implementación de la educación bilingüe y la dotación gratuita de textos.
Sin embargo, a más de dos décadas de su puesta en marcha, los indicadores de los logros educativos, en ningún momento, han mostrado un avance.
El recientemente divulgado informe del SNEPE (2015-2018), basado en el relevamiento de una muestra excepcional de más de 360 mil alumnos entre 3er grado y final de la Educación Media, de instituciones públicas y privadas, puso la alarma con la constatación de que 8 de cada 10 alumnos (es decir el 80%) no alcanza el puntaje mínimo en castellano, guaraní y matemática.
Indudablemente, la incorporación del bilingüismo en la matriz educativa y la política de dotación de textos son hitos importantes en nuestra trayectoria educativa, pero, aún a pesar de ellos, en términos de capacidades básicas, actualmente estamos peor que antes de la Reforma.
Una propuesta pragmática
Acá cabe una pregunta clave. ¿Qué esperamos de la educación formal?
Si bien hay una concepción difundida entre las generaciones mayores, de que la educación escolar es un bien que se traduce en un mejor vivir, a menudo esa idea no se expresa con claridad cuando se trata de la escolarización.
Según mi experiencia investigativa en escuelas públicas, en gran parte las expectativas (particularmente en el primer ciclo) coinciden en la adquisición de estos saberes: hablar castellano, leer, escribir y las operaciones aritméticas básicas.
De modo más generalizado, al menos se espera de la escuela básica la alfabetización de las nuevas generaciones.
Frente a estas aspiraciones difusas, el informe de SNEPE es contundente señalando el fracaso. Refiriéndonos estrictamente a los resultados académicos, el talón de Aquiles de la Reforma Educativa fue, y es, la falta de énfasis en la dimensión de capacidades. La urgencia del 'cambio de conducta de los agentes del sistema educativo' se privilegió por sobre la idoneidad para transmitir a los alumnos los mecanismos de aprendizaje.
Nos hubiera sido de mucho bien la especialización de docentes en este ámbito: un segmento formado y reforzado netamente en las habilidades lingüísticas (en especial la lecto y audiocomprensión y la escritura) y las habilidades lógico-simbólicas(aritmética y teoría de conjuntos). Tales docentes debieran ser inamovibles del primer ciclo, o sea los tres primeros años de la educación básica, y los contenidos (salud, naturaleza, sociales) debieran ser incorporados no en si mismos sino como temáticas para ejercitar las capacidades básicas.
Solo un alumno que haya consolidado estas capacidades, logrando usarlas como instrumentos, puede ser capaz de desarrollar ese pensamiento crítico sobre el que tanto discurso hemos escuchado en la Reforma Educativa.
En este sentido, más que una Reforma, debiera haber habido una 'reformulación' del proceso educativo.
Aunque la RAE no incluye el término 'reformulación', me permito su uso en el sentido de introducción de cambios a una fórmula.
La exposición de los comunicadores Pérez Porto y Gardey sobre las acepciones del término sirven para entender su sentido: [...] no siempre consiste en modificar la esencia de algo, sino que también puede tratarse de un cambio en la manera de comunicarlo [...] de manera que la comunicación sea efectiva en cualquier contexto. [...] un texto correcto es también aquél que puede ser entendido y aprovechado [...] para cada situación, a cada interlocutor (https://definicion.de/reformulacion/)
Si esta conceptualización la traspolamos a la didáctica o 'arte de enseñar', queda claro que desde hace mucho tiempo hace falta una 'reformulación' de los procedimientos para transmitir de modo eficaz a los alumnos las capacidades básicas. Con las evidencias ante nosotros, no podemos embriagarnos nuevamente con espejismos. El énfasis primero y principal debe estar siempre puesto en eso. Así lo hicieron Asunción Escalada, Celsa y Adela Speratti, Rosa Peña y tantas otras maestras quienes, en el peor momento material
y moral del país, se abocaron estrictamente a ello y, a pesar de todo, aportaron nada menos que
a la brillante generación del '900 paraguayo.
Quiero, para terminar, poner en metáfora a los grandilocuentes proyectos: Se puede armar un vehículo atractivo, con todos los accesorios y excentricidades, pero si no es capaz de transportar, no dejará de ser una maqueta inútil que simula ser vehículo.
CAROLA GONZÁLEZ ALSINA