De las imprentas del siglo XIX a las redacciones digitales del siglo XXI, el periodismo paraguayo ha atravesado transformaciones profundas. Cambiaron las herramientas, los formatos y la velocidad de circulación de la información. Sin embargo, su misión esencial permanece: informar con rigor, fiscalizar al poder y garantizar el derecho de la ciudadanía a estar informada.
Para comprender ese recorrido y los desafíos actuales, el periodista y escritor paraguayo José María Costa analiza la evolución de un oficio que ha sabido adaptarse a cada época sin perder su esencia.
Costa sostiene que el cambio más radical en la historia reciente del periodismo ha sido, sin dudas, la irrupción de internet.
La llegada de la red transformó por completo la manera de producir y consumir noticias. Las redacciones dejaron atrás las máquinas de escribir, los tiempos de cierre se acortaron y la información comenzó a circular en tiempo real. Las audiencias, por su parte, pasaron de ser receptoras pasivas a convertirse en participantes activos del ecosistema informativo.
Pero esta democratización también trajo riesgos. "La expansión de internet y, sobre todo, de las redes sociales, facilitó enormemente el acceso a la información, pero también amplió las fronteras de la desinformación", advierte.
Diferenciarse a través del rigor
En un entorno donde cualquiera puede publicar contenido, el periodismo profesional enfrenta el desafío de diferenciarse a través del rigor, la verificación y la responsabilidad. La credibilidad, precisamente, se ha convertido en su activo más valioso.
"La credibilidad es el capital del periodismo. Sin ella, ni los periodistas ni los medios tienen posibilidades de crecer o cumplir su función social".
Para Costa, la base de esa credibilidad reside en la ética. Sin ella, el periodismo pierde su razón de ser.
La velocidad que exige el entorno digital no puede reemplazar la obligación de contrastar fuentes, verificar datos y contextualizar los hechos. La audiencia puede perdonar un error, pero difícilmente perdone la pérdida de confianza.
En medio de la revolución tecnológica, hay aspectos del oficio que permanecen inalterables. Costa lo resume con claridad: servir a la sociedad, garantizar el derecho humano a la información y contribuir al debate democrático.
"El periodismo nunca puede ser una herramienta de manipulación ni responder a intereses sectarios".
La tecnología puede facilitar procesos, ampliar audiencias y abrir nuevas oportunidades, pero no reemplaza el criterio, la creatividad ni la responsabilidad profesional.
La experiencia personal de Costa refleja esa transición. Recuerda la etapa en que las computadoras comenzaron a sustituir a las máquinas de escribir en las redacciones paraguayas. El cambio generó incertidumbre e incluso resistencia. Con el tiempo, sin embargo, quedó claro que la tecnología no era una amenaza, sino una herramienta.
"Las nuevas tecnologías me facilitaron enormemente el trabajo, pero nunca podrán sustituir la esencia ética ni la creatividad del periodista", señala.

Redes sociales
Las redes sociales son, quizás, la expresión más visible de esta nueva era. Hoy representan una fuente constante de información, un canal de difusión y una vía directa de interacción con las audiencias. Para Costa, lejos de ser un obstáculo, pueden convertirse en una aliada.
"Las redes sociales ayudan mucho al trabajo periodístico, siempre que se utilicen con criterio y responsabilidad".
Eso implica verificar cada dato, contrastar fuentes y evitar caer en la lógica del rumor o la viralidad sin sustento. El periodismo, insiste, no puede actuar como un amplificador automático de contenidos.
La responsabilidad profesional también implica saber cuándo no publicar. Costa reconoce que, a lo largo de su carrera, tuvo acceso a informaciones que decidió reservar por razones éticas o legales.
"No publicar algo por responsabilidad no es censura ni autocensura; es cumplir con la ética y la ley", afirma.
Esa capacidad de discernimiento marca una diferencia clave entre el periodismo profesional y la simple circulación de información.
Santiago Leguizamón
Los desafíos del periodismo paraguayo no son únicamente tecnológicos. La violencia contra periodistas sigue siendo una amenaza real y persistente. El asesinato de Santiago Leguizamón, ocurrido el 26 de abril de 1991 a manos del crimen organizado, marcó un punto de inflexión en la historia de la prensa nacional.
Desde entonces, Paraguay registra 21 periodistas asesinados y más de 600 casos de amenazas, ataques y agresiones contra trabajadores de prensa.
"No podemos hablar de un ejercicio libre del periodismo sin garantizar condiciones de seguridad", resume Costa.
La frase refleja una realidad preocupante: sin seguridad, la libertad de prensa se debilita. En este contexto, considera urgente la aprobación de una ley específica de protección para periodistas.
"El Estado tiene la obligación de prevenir la violencia, proteger a quienes ejercen la profesión y garantizar justicia cuando se cometen crímenes contra comunicadores", sostiene. "La violencia contra periodistas termina afectando el derecho a la información de toda la sociedad", enfatiza.
No obstante, advierte que cualquier normativa debe ser precisa y eficaz. Una legislación excesivamente amplia o burocrática podría resultar ineficiente.
A lo largo de su historia, el periodismo paraguayo ha desempeñado un papel central en la defensa de la libertad y la democracia. Durante la dictadura, fue un espacio de resistencia; en la transición democrática, contribuyó a consolidar las libertades públicas; y hoy, en la era digital, enfrenta el desafío de combatir la desinformación y seguir fiscalizando al poder.
Costa define ese legado con claridad: "El periodismo paraguayo ha tenido un rol fundamental en la defensa de la libertad, la democracia y la libertad de expresión".
Ese legado, afirma, debe orientar a las nuevas generaciones. En tiempos de algoritmos, inteligencia artificial y sobreabundancia informativa, el periodismo sigue siendo insustituible.
Cambian las plataformas, evolucionan las tecnologías y se transforman los hábitos de consumo. Pero la necesidad de una prensa libre, ética y profesional permanece intacta.
Desde las páginas de El Paraguayo Independiente hasta los portales digitales y las redes sociales, el periodismo paraguayo continúa escribiendo su historia: una historia que comenzó defendiendo la soberanía nacional y que hoy sigue defendiendo un derecho igualmente esencial, el derecho de la ciudadanía a conocer la verdad.