La imagen actual del Parque Bernardino Caballero dista mucho de la que guardan en la memoria los asuncenos. Creado en 1919 sobre la quinta del expresidente Bernardino Caballero y abierto al público en 1925, durante décadas fue un emblema de la capital. Allí funcionaba una piscina de primer nivel con medidas oficiales, lagos artificiales alimentados por manantiales, un puente colgante y camineros rodeados de frondosos árboles. Cada primavera, el Corso de las Flores congregaba a miles de familias, convirtiendo al parque en centro de la vida cultural y recreativa de la ciudad.
Hoy, la postal es otra. Los camineros están rotos, la laguna artificial emite olores desagradables, la reja perimetral está destruida y dentro del predio se levantan precarias viviendas. El lugar es utilizado como vertedero clandestino y los baños sexados de acceso se encuentran en ruinas, convertidos en nidos de insectos y alimañas. Los vestuarios y las gradas de la piscina están cubiertos de maleza, con paredes agujereadas y sin pintura.

"De noche esto es tierra de nadie. Se llena de chespis y delincuentes. Nadie hace nada", denuncian los vecinos, quienes hace años advierten sobre el peligro de cruzar el parque al anochecer.
La falta de mantenimiento y seguridad ha hecho que muchas familias ya no se animen a caminar allí, a pasear a sus mascotas o a disfrutar de la naturaleza. Paradójicamente, el parque sigue siendo usado por pobladores ribereños, que suben desde el recodo para improvisar partidos de fútbol o piquivóley, aferrándose a los pocos rincones rescatables del espacio.
Aparte de la inseguridad, el estado actual del lugar implica un riesgo sanitario. La piscina abandonada y las aguas estancadas de la laguna representan un potencial criadero de mosquitos transmisores del dengue, situación que preocupa a los pobladores.

Proyecto en el papel
El Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) realizó recientemente una visita técnica al parque con 14 empresas interesadas en el "Proyecto de revitalización del Parque Bernardino Caballero", como parte de la primera fase de licitación de obras. El plan forma parte del programa de "Resiliencia Urbana" e incluye mejoras de accesos, infraestructura, reasentamiento de familias y condiciones ambientales.
Sin embargo, hasta la fecha los avances son mínimos. Mientras se discuten licitaciones y comités de gestión, la ciudadanía sigue viendo el mismo panorama de ruinas, basura e inseguridad.
Un patrimonio en ruinas
El Parque Caballero fue declarado monumento nacional en 1976. A pesar de ello, ninguna administración logró devolverle el esplendor que lo convirtió en símbolo de Asunción. Hoy, lo que alguna vez fue residencia de presidentes y pulmón de la ciudad, es un espacio en ruinas, marcado por la desidia y la falta de voluntad política.
"Produce indignación ver cómo un lugar con tanta historia está convertido en vertedero. Nadie se anima a rescatarlo", lamentan los pobladores.
Así, entre promesas incumplidas y abandono, el parque que en sus inicios albergaba manantiales cristalinos y paseos familiares, hoy es apenas un recordatorio de lo que pudo ser y no es.