Un 12 de octubre pero de 1912, y en Siria, nacía Don Julio Domínguez. Con apenas 14 años huyó de la guerra de su país y llegó al Paraguay en 1924, tras la huella de su padre, quien adoptó el nombre de Domingo Abed teniendo en cuenta que la traducción del Haddo sería precisamente el nombre traducido, según el libro "Los Árabes en el Paraguay", de Daniel Nasta.
Una de las características más fuertes de su personalidad era su espíritu emprendedor, ya que rápidamente instaló como primer negocio una fábrica de espejos y marcos. Luego vendría la apertura de la fábrica de tapas metálicas para cervezas y gaseosas que eran típicas de la época, entonces la década del 40.
Consolida su éxito empresarial
Por aquellas décadas, los libaneses hallaron grandes dificultades para su inserción en la cultura paraguaya. Sin embargo, Don Julio mostró tempranamente una inteligencia tenaz, la misma que la lleva a consolidar su éxito empresarial y comercial, ya en 1962.
Trabajó como miembro de una sociedad invirtiendo capital y trabajo. También incursionó en el sector de la construcción y bienes raíces. Y su vinculación con los árabes ha sido siempre importante para él a fin de atesorar sus orígenes. Fue por muchos años figura y presidente del Club Sirio del Paraguay.