Cerca de 900 mil personas no tienen acceso a agua de calidad en el país

27 Marzo de 2021
27 Marzo de 2021
Cerca de 900 mil personas no tienen acceso a agua de calidad en el país
Cerca de 900 mil personas no tienen acceso a agua de calidad en el país

Paraguay es uno de los países con mayor cantidad de agua dulce por habitante en el mundo. El derecho al agua constituye un derecho humano consagrado incluso en nuestra legislación, pero sin embargo todavía unas 900 mil personas no tienen acceso a agua potable de calidad, según las mismas estadísticas oficiales.

En momentos como éstos, con la pandemia de Covid-19 fuera de control, en que la higiene es fundamental y lavarse las manos puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte, el tema adquiere especial relevancia.

El déficit de agua, y fundamentalmente de saneamiento, afecta en especial a las zonas periféricas de las ciudades, y en el área rural a las poblaciones más pobres, pequeños poblados agrícolas, asentamientos campesinos y comunidades indígenas. Localidades como Ypekaé, a menos de 40 kilómetros de la capital, todavía se surten de pozos artesianos, que no ofrecen ninguna garantía en cuanto a calidad de las aguas.

Según la última encuesta de hogares (EPH-2013), de la Dirección General de Encuestas, Estadísticas y Censos (DGEEC), la población que cuenta con servicio de agua mejorada en el país alcanza el 85,8%, de la que un 79% dispone también de servicio de saneamiento.

La mayoría de esta población se encuentra en las ciudades, tal como muestra un relevamiento de ESSAP, que ubica en 80% la población urbana con acceso al agua potable, contra un 49% en el área rural.

El abastecimiento de agua potable en Paraguay está regulado por la Ley N° 1.614/2000, que otorga la prestación de los servicios de agua a la Empresa de Servicios Sanitarios (ESSAP), para poblaciones de más de 10.000 habitantes, y al Servicio Nacional de Agua y Saneamiento (SENASA), que se ocupa de poblaciones con menos de 10.000 habitantes.

El SENASA trabaja a través de Juntas de Saneamiento, para poblaciones de hasta 10.000 personas; comisiones vecinales, que administran pequeños sistemas de abastecimiento; y aguaterías, para el caso de sistemas con menos de 300 conexiones.

Otro organismo con competencia es el Ente Regulador de Servicios Sanitarios (ERSSAN), encargado de las concesiones y permisos a estos prestadores. Las cifras oficiales revelan que el 60% de los prestadores tiene menos de 100 conexiones, y el 87% no sobrepasa las 300, y se señalan también superposiciones y muy poco control sobre la calidad del agua. El mismo organismo contabiliza en unas 895.000 personas las que no acceden a agua segura en el país.

Acueducto para el Chaco

La falta de agua potable de calidad constituye un problema estructural e histórico en el Chaco paraguayo, una de las regiones más áridas del mundo, y donde buena parte de su población suple el desabastecimiento surtiéndose de tajamares, pozos, y agua de lluvia.

Las perforaciones de pozos artesianos siempre estuvieron a la orden del día en nuestra Región Occidental, y si bien se han revelado como una alternativa más que viable, en el caso chaqueño tropiezan con el alto grado de salinidad de las aguas subterráneas, lo que ha llevado al desarrollo de plantas salinizadoras que nunca pudieron escapar del terreno de la controversia.

Sin embargo, pese a los problemas de gestión, en julio del año pasado el agua potable de la ESSAP llegó finalmente al Chaco, con la puesta en marcha del acueducto de 203 km, construido por el Ministerio de Obras Públicas (MOPC), entre Puerto Casado, donde se realiza la toma y tratamiento de las aguas del río Paraguay, hasta la ciudad de Loma Plata, en el Departamento de Boquerón.Desde allí, el agua se distribuirá a las colonias menonitas y a unas 84 comunidades indígenas de la zona, que conforman un universo de beneficiarios de unas 80.000 personas, que por primera vez dispondrán de agua potable de red.

Las obras para la distribución del vital líquido contemplan la llegada a ciudades como Villa Choferes del Chaco, Cruce Los Pioneros, Teniente Irala Fernández, y comunidades indígenas periféricas de Filadelfia y Neuland, con aductoras, redes y tanques elevados.

Alcantarillado crítico

El problema crítico, no obstante, es el alcantarillado sanitario y el tratamiento de estas aguas residuales. Según un estudio sobre Usos y Gobernabilidad del Agua en Paraguay, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la mayor cobertura de redes cloacales se concentra en Asunción, mientras que en el resto del país es todavía muy baja y en muchos casos ninguna, con su consecuente contaminación del suelo y las napas freáticas o subterráneas, lo que termina impactando en los indicadores sanitarios y la calidad de vida de poblaciones enteras.

“Mientras el agua potable constituye una necesidad vital, las aguas cloacales son una dimensión más de la calidad de vida, condición ésta que inspira escasa responsabilidad en la sociedad para abordar el problema de saneamiento básico”, señala el informe del PNUD.

El organismo multilateral indica que “la dificultad en el tratamiento del tema se da en la separación política que se realiza entre agua potable y saneamiento básico”. “Dicha separación ha formado parte de la política nacional de manejo de ambas realidades con el resultado de una profunda asimetría entre población que accede al agua potable y población servida efectivamente por sistemas de alcantarillado sanitario y tratamiento de efluentes, situación que también se observa en casi todos los países de América Latina”, agrega.

Los bajos índices de alcantarillado sanitario, y el posterior tratamiento de estos efluentes antes de su vertido final, aparecen como uno de los principales problemas relacionados con la calidad del agua en el país.

La planta de tratamiento de aguas residuales inaugurada en el barrio de Varadero, en Asunción, el 23 de marzo pasado, y la noticia de la construcción de otras dos en el Bañado Sur, y San Lorenzo, constituye un verdadero hito en la atención de una problemática histórica, en un país donde solo se trata el 4% de los efluentes cloacales colectados.

Una encuesta ambiental de 2019 reveló que casi la mitad de la población del país estaba preocupada por la contaminación ambiental. El sondeo mostró que la contaminación del agua ocupa el segundo lugar entre los tres problemas ambientales que más preocupan en el área metropolitana de Asunción, junto con la polución del aire y la gestión de residuos; y el el tercer lugar a nivel nacional, después de la deforestación y la contaminación del aire.

Relevamientos ambientales del MADES han encontrado bacterias coliformes en prácticamente todas las fuentes de abastecimiento, así como la presencia de nitratos en el agua de pozo. Un estudio publicado por la Fundación Moisés Bertoni atribuye la contaminación del agua en el país a la presencia de bacterias, metales pesados y agroquímicos; destrucción de las fuentes de agua, colmatación por erosión y pesticidas, deforestación, degradación de costas y suelos, y la eutrofización, un exceso de nutrientes que aumenta la población de algas y cianobacterias.

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