A fines del año recientemente concluido, una persona a quien admiro y respeto me invitó a la defensa de su tesis de maestría. Se trata del arquitecto Gerónimo Ayala, cuyo nombre original es Verá Mĩrĩ. Lo tuve como alumno en tres cursos distintos de la maestría que dicté y, en todos ellos, se destacó por la calidad de sus aportes, su puntualidad y su permanente disposición a generar un buen clima de trabajo en clase.
Su tesis para optar al título de Magíster en Arquitectura del Paisaje no solo me sorprendió, sino que confirmó su compromiso con una arquitectura profundamente arraigada al territorio y a la cultura. Verá Mĩrĩ es miembro de la comunidad indígena Pindó, de la Nación Mbyá Guaraní, en Itapúa, Paraguay. Tras completar sus estudios primarios y secundarios, decidió formarse como arquitecto, convirtiéndose en el primer arquitecto indígena del Paraguay. Además, integró la Delegación Paraguaya en Francia y España en el marco del proyecto Jornada de Cultura Indígena en Europa.

Antes de esta maestría, Gerónimo ya había aportado al proyecto Vivienda Mbya Guaraní para la obtención de su título de grado, y mantiene una activa participación en organizaciones indígenas orientadas al fortalecimiento de los derechos de los pueblos originarios.
Durante mi trabajo en Itapúa y en el Tekoha Guasu (San Rafael), tuve la oportunidad de interactuar con parientes de Gerónimo y otros miembros de su comunidad. De esas experiencias surgieron múltiples aprendizajes e innovaciones, como el concepto y la aplicación del condominio socioambiental. Sin embargo, en esta ocasión quiero detenerme especialmente en su tesis de maestría, un trabajo exhaustivo que articula arquitectura, naturaleza, cultura y patrimonio, y que constituye un claro ejemplo de Soluciones basadas en la Naturaleza, Adaptación basada en Ecosistemas y Contribuciones de la Naturaleza para las Personas.
La investigación, titulada "Corredor Intercultural para la Comunidad Pindó (San Cosme y Damián, Itapúa, Paraguay)", propone la creación de un Corredor Intercultural en la comunidad indígena Pindó, atravesada por la ruta D022. El objetivo central es mejorar la seguridad peatonal —especialmente de niñas y niños que asisten a la escuela— y, al mismo tiempo, fortalecer la identidad cultural Mbya Guaraní, promover el turismo responsable y estimular el desarrollo local.

El corredor se plantea como un camino peatonal seguro que conecte viviendas, espacios comunitarios y áreas naturales, separando claramente el tránsito vehicular de la circulación de personas. Se trata de una respuesta concreta a problemas reales: la ruta divide físicamente a la comunidad y genera un alto riesgo de accidentes debido a las elevadas velocidades y a la señalización insuficiente. A esto se suma la falta de conectividad segura entre la escuela, el puesto de salud, los espacios comunitarios y los hogares.
La propuesta de Gerónimo consiste en un corredor peatonal continuo, seguro y señalizado, paralelo a la ruta, con cruces protegidos y un diseño inspirado en la cestería tradicional Mbya Guaraní, integrando motivos y técnicas locales para que el espacio público "narre" la cultura de la comunidad. El proyecto identifica áreas de descanso, miradores y senderos interpretativos que conectan a visitantes con la naturaleza y la historia local, así como espacios destinados a la venta de artesanías y a muestras culturales, impulsando ingresos para las familias. Asimismo, promueve el uso de materiales locales y soluciones sostenibles que respetan el entorno.
La contribución de Verá Mĩrĩ es clave. El proyecto protege vidas al reducir accidentes y mejorar la movilidad cotidiana de niños, personas mayores y familias; fortalece la cultura al integrar la cosmovisión Mbya Guaraní en el diseño territorial, reforzando el orgullo y la identidad comunitaria; y genera oportunidades mediante el turismo sostenible y nuevas fuentes de ingreso, como la artesanía, el guiado y los servicios locales. Además, mejora el bienestar general al conectar servicios esenciales y favorecer la cohesión social.

La investigación deja aprendizajes relevantes: la división física provocada por la ruta constituye un riesgo cotidiano y un obstáculo para la vida comunitaria; el diseño urbano puede ser una herramienta de inclusión cuando incorpora saberes, símbolos y técnicas propias de la comunidad; y la participación activa de Pindó en todas las etapas —diseño, ejecución y mantenimiento— es clave para garantizar la pertinencia y la sostenibilidad del proyecto. A ello se suma que un enfoque intercultural y ambientalmente responsable potencia el turismo y el desarrollo local sin sacrificar el patrimonio natural y cultural.
Felicito especialmente a Gerónimo por las recomendaciones prácticas que plantea: la construcción de un corredor peatonal separado del tránsito vehicular, con cruces seguros, señalización adecuada y control de velocidad; la integración de elementos de la artesanía Mbya Guaraní en el mobiliario y la señalética; y el desarrollo de microinfraestructuras para el turismo responsable, como puntos de información, áreas de descanso y rutas guiadas. Destaco también la incorporación de espacios formales para la venta de artesanías, la capacitación en gestión y promoción, el uso de materiales locales y soluciones de bajo impacto ambiental, la participación comunitaria y la coordinación con autoridades para mejorar la infraestructura existente y asegurar presupuesto, permisos y apoyo técnico.
El Corredor Intercultural es una solución concreta y transformadora: una innovación que salva vidas, celebra la cultura Mbya Guaraní y crea oportunidades de desarrollo sostenible. Es un proyecto que nace de la comunidad y se construye con ella, bajo el liderazgo claro de uno de sus miembros, respetando su identidad y su relación con la naturaleza. Implementar esta propuesta significa avanzar hacia un Pindó más seguro, conectado y próspero, donde el territorio es, al mismo tiempo, aula, museo y hogar.
Gracias por todas las enseñanzas. Vamos por más.