El monseñor Ricardo Valenzuela, obispo de Caacupé, en su homilía de ayer, viernes, durante la Misa Central en honor a la Virgen de los Milagros, instó al pueblo a orar por la familia, por los gobernantes, por la paz, por los enfermos, por la educación y contra la violencia hacia la mujer.
El religioso sostuvo que vivimos en un tiempo donde la autoridad ya no predomina. “La rebeldía y la falta de respeto cada vez van en aumento. La voz de los padres ya no es escuchada en muchos hogares. Los profesores con angustia dicen que ya no tienen autoridad sobre sus alumnos. Los ancianos ya nos son tratados con respeto. El marido tal parece que ha dejado de ser cabeza de la familia. Tal parece que desde el más joven hasta el más adulto se han vuelto insolentes y revoltosos. Sin embargo, Dios quiere tomar a esta gente difícil y transformarlas en la clase de gente que Él quiere. Dios quiere cambiar a la familia para que sea la clase de familia que Él anhela. Y para esto, Dios ha dejado un modelo, un plan a seguir para la familia”, expresó.
A criterio de Valenzuela, una familia que ora unida permanece unida. Dijo que este principio espiritual lo vemos en muchas familias a lo largo de los años. Refirió que la oración al interior del seno familiar es un factor de cambio muy importante, que ayuda a superar los momentos difíciles. “Es necesario que los hijos vean rezar a sus padres en el hogar. “Si ve a sus padres rezar sin apuros, quedarse en silencio, cerrar los ojos y ponerse de rodillas, los niños captan la importancia de esos momentos y perciben la presencia de Dios en el hogar”. Como dice: (Proverbios 22:6) Muéstrale al niño el camino que debe seguir, y se mantendrá en él aún en la vejez”, manifestó.
El sacerdote resaltó la importancia de la oración para ejercer una influencia positiva y eficaz en nuestros hijos.
“Nada puede suceder a través de nosotros si no nos sucede a nosotros primero. Salomón dijo una gran verdad: “El justo que lleva una vida irreprochable; ¡felices sus hijos después de él!” (Proverbios 20:7) Esta es la consecuencia positiva en sus hijos de los que vivieron con justicia. Los padres que viven una doble vida, una en la iglesia y otra en su casa, no influenciaran positivamente a sus hijos. Es posible que los hijos nunca se conviertan o si se convierten, seguirán los pasos de sus padres, un cristianismo superficial, sin frutos. El Dr. James Dobson dijo: “Las huellas que un hijo siga, es probable que sean aquellas que sus padres trataron de ocultar”, apuntó.
Valenzuela pidió además rezar por los enfermos, acotando que una de las razones por las que oramos es para pedirle a Dios que nos ayude en momentos de necesidad, especialmente cuando nosotros o alguien que amamos está enfermo.
Enfatizó que debemos confiar en que Dios sabe lo que es mejor para nosotros y para el enfermo, y que Él responderá a nuestra oración de acuerdo a su voluntad. “Esto no significa que debamos dejar de orar por los enfermos. Al contrario, debemos continuar orando con fe y confianza, sabiendo que Dios nos escucha. Además, cuando oramos por los enfermos, también debemos pedirle a Dios que nos dé la fuerza y la sabiduría para ayudar a la persona enferma de cualquier manera que podamos. Recuerda que la oración es una herramienta poderosa que puede ayudar a sanar a cualquier persona que busque la ayuda de Dios”, acotó.
Seguidamente, monseñor Valenzuela pidió orar por los gobernantes y por la paz. Indicó que muchos gobernantes están sufriendo el acoso por parte de poderosos organismos internacionales, que de forma sistemática, y ciertamente, ellos, hombres y mujeres como nosotros, no están exentos de las flaquezas humanas, por lo que necesitan del auxilio del Espíritu Santo para ser fieles cada día.
Señaló que debemos orar por nuestros gobernantes, cristianos y no cristianos, para que el Señor les ilumine y les dé sabiduría y discernimiento y se conviertan en instrumentos para promover la dignidad del ser humano, la libertad, la justicia, la paz y el bien común.
El obispo de Caacupé instó además a los feligreses a orar por la educación. Recordó que los jóvenes habían expresado en su manifiesto: “Nos preocupa y genera una impotencia la educación, siempre tan postergada, una educación pública que cada vez más nos condena a la pobreza”.
Pruebas PISA
Dijo que en efecto, según las pruebas PISA, 7 de cada 10 estudiantes del Paraguay no entienden lo que leen. “El nivel educativo no mejora. También hoy, nos hacemos eco de la preocupación manifestada por los referentes de Educación Superior: estudiantes, docentes e investigadores, ante propuestas de cambiar la ley 4995/2013”, expuso.
Advirtió que la revisión, derogación o enmienda de la ley de Educación Superior requiere de análisis profundo; opinión de expertos y amplio debate. A su criterio, dicha ley es un avance muy importante en la historia de la Educación Superior del Paraguay.
“Plantearla, de manera inconsulta y apresurar cambios, hasta tal punto de proponer la gobernanza del órgano que rige la Educación Superior en instancias políticas, corre el peligro de atentar contra principios constitucionales, como es la autonomía universitaria. Nuestra Constitución, en su artículo 79, con el principio de autonomía universitaria, establece que la gobernanza, las ofertas académicas y la gestión es propia de la academia”, sentenció.
Llamó además la atención sobre la necesidad a que la generación del conocimiento, así como la enseñanza y la investigación, tengan el suficiente respaldo, para un sano análisis en la búsqueda de la verdad; pues, desde ahí deben salir las propuestas serias para orientar las decisiones que convengan en la dirección del Paraguay que nos merecemos.
“Esto no estaría garantizado si también se somete la educación superior a intereses sectarios como es el poder político hoy tan cuestionado desde distintos ámbitos”, reflexionó.
Violencia contra la mujer
Pidió a la ciudadanía orar también contra la violencia hacia la mujer.
Lamentó que hoy, siga habiendo mujeres que sufren violencia: violencia psicológica, violencia verbal, violencia física, violencia sexual. “Es impresionante el número de mujeres golpeadas, ofendidas, violadas. Las distintas formas de malos tratos que sufren muchas mujeres son una cobardía y una degradación para toda la humanidad, para los hombres y para toda la humanidad”, aseveró.
Indicó que los testimonios de las víctimas que se atreven a romper su silencio son un grito de socorro que no podemos ignorar. “No podemos mirar para otro lado. Recemos por las mujeres que son víctimas de la violencia, para que sean protegidas por la sociedad y para que su sufrimiento sea considerado y sea escuchado por todos. La violencia contra las mujeres en todas sus formas es un grito al cielo. Recemos juntos por todas las mujeres víctimas de violencia, especialmente las niñas y adolescentes, y luchemos por una sociedad más justa, para que las proteja, las escuche y alivie su sufrimiento”, enfatizó.
“Fortalecidos por la palabra de Cristo, no vamos a ceder al cansancio; al contrario, vamos a intensificar los esfuerzos y la oración por la unidad de todos los paraguayos. Que esta mañana resuene en nuestro corazón su consoladora invitación: ¡Que todos sean uno! Prosigamos nuestro camino, fiándonos siempre de Cristo, porque Él es el amigo que nunca falla. Amén”, concluyó.