El hallazgo fue realizado por personal de guardia durante una ronda de control efectuada a primera hora del día en una zona lindera a la calle México, considerada desde hace tiempo como uno de los puntos más expuestos del reclusorio.
De acuerdo con los datos recabados por la Policía, los bultos contenían marihuana acondicionada en bolsas de plástico y cinta adhesiva, y uno de ellos incluía además casi una veintena de cartuchos calibre 9 milímetros que no llegaron a ser utilizados. El material fue puesto a disposición de agentes especializados, que confirmaron la naturaleza de la droga y aseguraron los proyectiles.
El episodio generó especial preocupación entre las autoridades penitenciarias, no solo por el ingreso de sustancias prohibidas, sino por la posibilidad de que un arma de fuego haya sido introducida previamente al penal para hacer uso de la munición. Esta hipótesis motivó el refuerzo inmediato de la vigilancia en el perímetro y el anuncio de una inspección exhaustiva dentro de la cárcel para descartar la presencia de armamento en poder de los internos.
Según fuentes policiales, la modalidad utilizada no sería nueva: personas aún no identificadas se desplazarían rápidamente en motocicletas por la zona y lanzarían los paquetes hacia el interior del predio, aprovechando sectores con menor cobertura de seguridad. Pese a los controles implementados en ocasiones anteriores, este tipo de hechos se repite con frecuencia y vuelve a poner en debate las condiciones de resguardo del principal centro penitenciario del país.
Las autoridades no descartan nuevas medidas en las próximas horas, mientras continúan las investigaciones para identificar a los responsables y evitar que el material incautado pueda ser utilizado dentro del penal, en un contexto ya marcado por la tensión y la sobrepoblación carcelaria.