Una vez más, las fotografías motivan la redacción, y con fotografías y conocimiento acumulado es que hago volar mi imaginación para compartir aspectos de la naturaleza que me han llamado la atención. Y aquí compartimos, parece, la misma fascinación por la riqueza de nuestra biodiversidad, y gracias a Lidia Pérez de Molas (la profe, como muchos la llaman) tenemos la posibilidad de apreciar la diversidad de construcciones, arquitecturas que son muy comunes en nuestro paisaje natural. Estas estructuras cónicas que se elevan del suelo y que presentan diferentes colores, texturas y formas, inundan el paisaje rural y natural, y muchas veces los vemos con su entorno de árboles, pastizales, y hasta con el ganado.
Lo cierto es que estas construcciones son hechas por termitas. Entonces, son el resultado de las acciones de estos invertebrados sobre el terreno, y podríamos relacionarlo hasta con un nido, o una cueva, resultado de la acción de elementos de la biodiversidad. Las termitas son insectos y se las conoce también como hormigas blancas, ya que se parecen externamente a las hormigas, pero no lo son. Están más emparentadas con las cucarachas que con las hormigas, pero evidentemente evolucionaron en forma y en comportamiento porque había ahí una “oportunidad para ser exitosas” y de hecho lo han sido, son animales sociales que construyen sus nidos, los termiteros que nosotros conocemos con el nombre de takuru o tacurú, y que se alimentan de celulosa que contiene la madera, y que pueden degradar gracias a una simbiosis con otros organismos.
Si bien hay diferentes formas y modos de vida, los que tratamos hoy son aquellas termitas que construyen colonias en forma de montículos, y para ello remueven gran cantidad de suelo, en particular en suelos duros y poco fértiles. Estos movimientos hacen que puedan aparecer algunas plantas como árboles y arbustos, y esto daría origen a las isletas de bosques. De hecho, si uno revisa cada isleta de bosques en los pastizales, verá que hay un termitero, y seguramente asociado un árbol o arbusto, cuya raíz pudo llegar a lo profundo de ese suelo en donde se habrían movido valiosos nutrientes.
Las construcciones son a veces pequeñas y cónicas, y hasta pueden pasar desapercibidas y ser confundidas con un hormiguero; o bien, pueden ser muy llamativas y hasta complejas, lo que ha originado el nombre de “termiteros catedrales”. Estos sobresalen del suelo y se erigen, pudiendo llegar a tener varios metros de altura. Normalmente, de uno a dos metros de altura y un diámetro de base de un metro, tiene agujeros, entradas y salidas, y hasta, a veces, con estructuras que evitan el ingreso del agua de lluvia, están orientadas al norte, y la altura y la orientación de los tacurúes ayudan a regular la temperatura interior, que mantiene la temperatura interna con poca variación (no más de un grado), muy fresco, comparado con las temperaturas del entorno.
Si alguna vez tocaste uno o lo quisiste romper, te habrás dado cuenta de lo duro que es. Es que esa estructura que fue construida con el suelo existente no es solo tierra, es una mezcla de saliva y excrementos de las termitas, que combinados dan esa dureza, que en muchos casos solo con el uso de tractores pueden ser destruidos. La estructura externa es muy particular, con formas y colores que dependen de la especie de termita. Pero por dentro, es un sistema de galerías extremadamente complejo, en las zonas más superficiales son galerías irregulares pero cuanto más nos acercamos al centro, las galerías son de mayores dimensiones, más regulares y las paredes que las separan son más delgadas. En algunos lugares, los tacurúes son tan comunes que parece que hubiesen sido plantados, y parece que cuanto más degradado está el suelo, más frecuentes son estas termitas, como si quisieran ayudarnos a restaurar el daño ambiental causado, por ejemplo con el sobrepastoreo.
Los tacurúes cumplen un rol importante en la naturaleza, ya que como dijimos parecen ser el origen de las isletas de bosque y quizás en asociación con alguna hormiga como las hormigas podadoras, pero además, varias especies de aves y mamíferos utilizan a los tacurúes como sus lugares de nidificación (lechuzas y algunos loros) y abrigo (tatú o armadillo, teyú o iguana overa). También los tacurúes son lugares donde dejan marcas que sean más visibles u “olfateables”, como el caso del aguará guazú, que prefiere dejar su marcado a través de excrementos sobre los montículos del tacurú. En muchos casos, podemos acercarnos a los tacurúes y ver los restos de algún oso hormiguero, tanto el grande o yurumí como el tamanduá o kaguare, que con sus garras dejan claras marcas en la pared de los tacurúes, solo con garras fuertes, algunos animales como estos pueden romper esa dura pared.
Maravillas de la naturaleza, arquitectura de nuestros paisajes naturales y no tan naturales. No debemos confundirlas con hormigas, y mucho menos con las ysa'u, hormigas cortadoras (del género Atta) que también modifican el paisaje natural. Cuando encontremos uno roto, inspeccionemos sus galerías, sus “pisos” y también aprendamos del conocimiento de los lugares, que muchas veces los usan en partes para generar humo que espante a los mosquitos.
Se agradece a la Profesora Lidia Pérez de Molas por las fotografías, todas de su autoría y tomadas en diferentes lugares del territorio paraguayo.