Año Nuevo: “La posibilidad de empezar de cero nos da ilusión de que todo puede ser mejor"
La llegada de un nuevo año despierta emociones encontradas: ilusión por comenzar de nuevo, pero también presión por aquello que quedó pendiente. Este ciclo de esperanza y frustración puede desgastarnos, especialmente si las metas parecen inalcanzables.
Para entender cómo afrontar este desafío, desde El Nacional, conversamos con la Lic. Carla Cataldo, psicóloga educacional y orientadora vocacional. Con su visión experta, nos brindó consejos prácticos para establecer objetivos realistas y sostenibles en este 2025.
“Hay una viñeta que me gusta mucho de Ricardo Liniers, dibujante argentino, donde uno de sus personajes, Enriqueta, le pregunta a Fellini, su gato, que traerá el año nuevo y este le responde, 365 oportunidades. Creo que esa posibilidad de empezar de cero, de comenzar en página blanca, es lo que nos da ilusión de que todo puede ser mejor, que nosotros podemos ser mejores”, destacó la profesional al inicio de la entrevista.
¿De dónde surge la tradición de establecer metas al inicio de un nuevo año?
Aunque parezca una cuestión más de los medios y las redes sociales, con tantos desafíos y consejos actuales, los propósitos de año nuevo tienen una historia mucho más antigua que ya data de la época de los babilonios, los romanos y los cristianos.
Los primeros, los Babilonios, a 2000 AC, en la festividad que daba inicio al nuevo año, hacían promesas a sus dioses para pagar sus deudas o devolver objetos prestados, comprometiéndose a ser mejores el siguiente año. Los segundos, los romanos, al adoptar el calendario juliano, daban inicio al nuevo año, el 1 de enero, y también hacían promesas y resoluciones de mejora para el año que comenzaba. Por último, los cristianos, coincidiendo con los anteriores en que sus resoluciones implicaban mejorar en lo personal, buscaban prepararse para la Cuaresma con un propósito de enmienda.
¿Por qué tendemos a esperar un cambio de año para iniciar nuevos hábitos?
Por el mismo motivo que comenzaremos la dieta el lunes, por la sensación de nuevo comienzo, de aprovechar la oportunidad que se presenta o por la necesidad de cerrar ciclos primero. El inicio de un año da la percepción de que es posible lograr eso que nos proponemos, que podemos resetearnos de lo que veníamos haciendo e iniciar algo distinto o algo mejor.
Además, de alguna manera, a fin de año, de forma consciente o inconsciente, buscamos empatar, si no pudimos cumplir alguno de los propósitos que nos propusimos o hasta adecuamos estos propósitos para no quedar en saldo negativo en nuestra evaluación personal.
Existe un deseo explícito de cumplir con nuestras propias expectativas, de que podemos ser mejores, pero también un deseo implícito de demostrarlo a las personas que nos rodean.
¿Cómo influyen las diferentes culturas en el tipo de metas que las personas se proponen?
Influyen en gran medida, ya que tienen mucha relación con la crianza, los valores, las costumbres, las creencias y las normas de cada sociedad, que se espera de cada individuo, es decir, la expectativa social. Existen culturas que potencian mucho lo individual, el éxito personal, y otras que apuntan más al éxito colectivo, el bienestar del grupo, la familia, el clan.
También tiene que ver con la valoración de las cosas o las situaciones, algunas culturas dan mucho valor a los bienes materiales, y otras al estado de las personas, las relaciones entre estas. Además, se puede considerar la propia definición que hace la sociedad a la cual se pertenece de lo que es el bienestar y la felicidad, y por qué no el éxito.
Otro aspecto que tiene una influencia significativa tiene que ver con la religión y las creencias de las personas, la búsqueda interior o el deseo de vivir en concordancia con un ser superior.
En Paraguay, ¿qué tipos de metas predominan y cómo reflejan nuestra identidad como sociedad?
Para nosotros los paraguayos, las fiestas de fin de año, son fiestas de encuentro familiar, de personas cercanas, afectivamente, pero que podrían estar lejos físicamente. Considero que la primera meta que nos ponemos, más bien un deseo para el nuevo año, es la unidad familiar, el estar bien con los de “uno” por lo tanto, las metas suelen pasar por cambios en la forma de ser, cambios de comportamiento en algunos aspectos, el deseo de “ser mejor”.
También tenemos que partir de nuestra historia, del sueño de vivir mejor, en nuestro propio país, que puede ayudarnos a tener como meta el hacer algo por nuestra sociedad.
Ahora, es importante que distingamos que habrá metas más personales, tantas metas como personas hay, y tendrán que ver con algunas de las necesidades que sentimos que están carentes o de aspectos a los cuales les tenemos que prestar atención por ejemplo el llevar una vida más sana, generalmente nos impulsa a prometernos a comer mejor, dormir mejor, ir al gimnasio, dejar de fumar o tomar; el tener un mejor pasar en la vida, nos puede llevar a proponernos ahorrar, ser menos consumistas, buscar un mejor trabajo, o a emprender algo; el tener relaciones más saludables nos puede llevar a buscar mejores maneras de vincularnos o porque no cortar relaciones con aquellas personas que nos lastiman constantemente.
¿Cómo podemos abordar nuestras metas desde un enfoque más realista y sostenible?
Lo principal primero es soñar, que queremos para nosotros mismos, y para los que nos rodean, poder ponerle nombre a lo que deseamos ser, darle un tiempo a este ejercicio de introspección personal, a veces queremos hacer todo rápido y nos ponemos metas demasiado grandes que no nos da ni el tiempo ni el esfuerzo de concretar.
Luego cuando tengamos claro qué queremos y que expectativas tenemos, podemos centrarnos en tres ideas que a su vez se pueden desglosar en algunas acciones que nos ayuden a llegar a esas metas, cuando nos ponemos metas más pequeñas que se puedan lograr, la misma sensación de logro nos ayudará a continuar. Y mientras estamos desglosando en actividades podemos evaluar cuánto tiempo y esfuerzo estamos dispuestos a invertir en conseguir lo que queremos, esto nos va a ayudar a delimitar la actividad a lo más realizable y posible para nosotros.
Por último, y sin ánimo de empezar autoboicotear nuestro propio proyecto, pensar en un plan B, que pasará si no lo logró en un tiempo determinado conseguir lo que me propuse, darnos la posibilidad de revisar, replantear y reproyectar nuestra propia meta, que al fin y al cabo forma parte del proyecto de vida que tenemos para nosotros mismos.