Alarma por consumo de drogas en menores: casos ya comienzan desde los 11 años
El consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes y jóvenes muestra un crecimiento sostenido en Paraguay, acompañado de un inicio cada vez más precoz y de una mayor demanda de atención en el sistema de salud pública. Así lo afirmó el doctor Cantero, especialista en tratamiento de adicciones, quien subrayó la necesidad de reforzar la prevención desde edades tempranas.
Según explicó, la edad promedio de inicio se sitúa en los 13 años dentro de la población escolarizada. Sin embargo, en sectores socioeconómicos más vulnerables desciende a los 11 años, registrándose incluso casos excepcionales desde los 4 años. Este escenario evidencia una exposición temprana de niños y adolescentes a sustancias que pueden generar dependencia y afectar su desarrollo integral.
El especialista señaló que este incremento también se refleja en los registros del Centro Nacional de Prevención y Tratamiento de Adicciones, donde se observa un aumento del 90% en las consultas ambulatorias en los últimos cinco años, así como una demanda de internación cercana al 100% para procesos de desintoxicación programada. La franja etaria con mayor requerimiento de asistencia se ubica entre los 15 y 29 años.
Entre las sustancias más consumidas se destacan el alcohol, el cigarrillo, la marihuana y los dispositivos electrónicos para vapear, cuyo uso ha crecido de forma sostenida en los últimos tres años. En menor proporción, también se reporta consumo de cocaína, estimulantes y benzodiacepinas, estas últimas utilizadas como tranquilizantes.
Cantero explicó que el aumento del consumo responde a múltiples factores. Entre los socioeconómicos mencionó la falta de oportunidades educativas y laborales, así como la deserción escolar. En el plano individual, destacó la predisposición genética —especialmente en casos con antecedentes de alcoholismo— y las dificultades para gestionar el estrés o los conflictos interpersonales.
También incidió, según indicó, el impacto de la pandemia de COVID-19 en los jóvenes, debido al aislamiento prolongado y a la virtualización de las clases durante casi dos años, lo que limitó la interacción social en una etapa clave del desarrollo emocional.
Desde el punto de vista cultural, el especialista advirtió que la sociedad tiende a asociar el consumo de alcohol con la diversión y el bienestar, lo que contribuye a su normalización. Asimismo, señaló que la percepción de riesgo sobre la marihuana ha cambiado en los últimos años, impulsada por discursos que la presentan como una sustancia natural o medicinal, favoreciendo su aceptación social.
Otro factor relevante es la transformación de la dinámica familiar. La ausencia prolongada de los padres por motivos laborales, los procesos migratorios o la disgregación familiar reducen los espacios de acompañamiento y supervisión, aumentando la vulnerabilidad de los adolescentes.
En cuanto a la detección temprana, Cantero indicó que existen señales de alerta para padres y cuidadores, como cambios en la conducta habitual, bajo rendimiento académico, ausencias reiteradas en la institución educativa, irritabilidad, tristeza persistente, alteraciones del sueño o variaciones en el apetito. También pueden observarse signos físicos, como ojos enrojecidos o modificaciones en la rutina diaria.
El especialista remarcó que la prevención debe basarse en la información y la educación desde edades tempranas. Sostuvo que los enfoques centrados exclusivamente en la prohibición han perdido eficacia, por lo que resulta clave brindar a niños y adolescentes información clara sobre los efectos del consumo a corto, mediano y largo plazo, así como sus consecuencias en la salud, el rendimiento académico y las relaciones sociales.
Además, advirtió que el acceso permanente a internet y redes sociales facilita la difusión de contenidos que minimizan los riesgos del consumo o promueven ideas erróneas sobre sus efectos. Muchos de estos mensajes presentan a las sustancias como una solución rápida frente a problemas emocionales, lo que influye especialmente en jóvenes sin adecuado acompañamiento adulto.
El abordaje de las adicciones requiere un enfoque integral que involucre a la familia, las instituciones educativas y las políticas públicas, con estrategias orientadas a reducir factores de riesgo, fortalecer habilidades sociales y generar entornos de contención para los jóvenes.