Alerta sanitaria

La peste persiste y sigue siendo una enfermedad con alta letalidad

Aunque suele asociarse con la Edad Media, la peste continúa presente en varios países y provoca miles de contagios cada año. Especialistas advierten que el principal riesgo sigue siendo el diagnóstico tardío, pese a que existen tratamientos eficaces si se administran a tiempo.
La pulga, transmisora de la peste ayer y hoy. Foto: higieneambiental

La peste, una de las enfermedades más devastadoras de la historia, no ha desaparecido. Aunque hoy es poco frecuente, continúa circulando en regiones de África y registra casos esporádicos en Estados Unidos, donde sigue representando una amenaza debido a su elevada letalidad cuando no es diagnosticada y tratada de manera oportuna.

La enfermedad es causada por la bacteria Yersinia pestis, un microorganismo capaz de propagarse rápidamente por el organismo y provocar daños severos en diversos órganos. Sin tratamiento, la mortalidad puede acercarse al 100 % en algunas de sus formas clínicas.

Uno de los casos más conocidos ocurrió en el estado de Oregón, Estados Unidos. Paul Gaylord desarrolló síntomas similares a los de una gripe tras ser mordido por su gata enferma. Inicialmente fue tratado por una presunta enfermedad por arañazo de gato, pero los antibióticos no surtieron efecto. Su estado empeoró hasta ingresar en terapia intensiva y permanecer en coma. Finalmente, los médicos determinaron que padecía peste, de la que logró recuperarse tras un tratamiento intensivo.

Los especialistas distinguen tres formas principales de la enfermedad. La peste bubónica, la más común, se transmite generalmente por la picadura de pulgas infectadas que previamente se alimentaron de roedores portadores de la bacteria. La peste septicémica ocurre cuando el microorganismo invade directamente el torrente sanguíneo, mientras que la peste neumónica afecta los pulmones y constituye la única variante que puede transmitirse de una persona a otra mediante gotas respiratorias.

Según datos del Instituto Robert Koch (RKI), cada año se notifican hasta 3.000 casos de peste en el mundo. Madagascar concentra la mayor cantidad de contagios, con entre 250 y 500 casos anuales, aunque la enfermedad también permanece activa en la República Democrática del Congo y Uganda. En Estados Unidos se registran casos aislados, principalmente en los estados del oeste del país.

Durante la Edad Media, la denominada Peste Negra causó una de las pandemias más mortíferas de la historia. Entre 1347 y 1353 provocó alrededor de 25 millones de muertes en Europa y, a lo largo de varios siglos, eliminó cerca del 60 % de la población del continente. Sin embargo, investigaciones recientes revelan que la bacteria ya afectaba a los seres humanos hace más de 5.500 años, mucho antes de aquel episodio histórico.

Europa dejó de registrar casos autóctonos desde 1945, cuando se notificaron los últimos contagios en la isla francesa de Córcega. De acuerdo con Holger Scholz, director del Laboratorio Nacional de Referencia para Yersinia pestis del Instituto Robert Koch, ello se debe principalmente a las mejoras en las condiciones sanitarias y al menor contacto entre las personas y los roedores que actúan como reservorios del patógeno.

El experto advierte que el mayor desafío sigue siendo el reconocimiento temprano de la enfermedad. Los síntomas iniciales suelen confundirse con los de infecciones comunes, lo que retrasa el inicio del tratamiento. Aunque existen antibióticos altamente eficaces, en muchos brotes las primeras víctimas fallecen antes de que se confirme el diagnóstico. Por ello, los organismos sanitarios insisten en fortalecer la capacidad de los laboratorios y la vigilancia epidemiológica en las zonas donde la peste continúa siendo endémica.

Fuente: DW.