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Estudio geológico reaviva debate sobre posible terremoto en la crucifixión

Científicos encuentran señales sísmicas en sedimentos del Mar Muerto que coinciden con la época en que, según el Evangelio de Mateo, la tierra tembló tras la muerte de Jesús, pero historiadores y especialistas advierten que el vínculo entre datos geológicos y relatos religiosos sigue siendo interpretativo.

27 Febrero de 2026
27 Febrero de 2026
Crucifixión.
Crucifixión. Foto: espanol.josh.org

Un estudio publicado en 2012 ha vuelto a tomar relevancia en redes sociales y medios, reabriendo el debate sobre si el terremoto mencionado en el capítulo 27 del Evangelio de Mateo realmente pudo haber ocurrido en la región de Judea durante la crucifixión de Jesús.

El texto bíblico registra que "la tierra tembló" poco después de la muerte de Jesús en la cruz, describe cómo se partió el velo del templo y se abrieron tumbas. Basándose en esa referencia, un equipo de geólogos analizó núcleos de sedimentos cerca del mar Muerto, en Ein Gedi, a unos 40 kilómetros de Jerusalén.

Los investigadores observaron capas deformadas en los sedimentos que sugieren la ocurrencia de al menos dos eventos sísmicos importantes: uno alrededor del año 31 antes de Cristo y otro más leve —o de menor registro histórico— entre los años 26 y 36 después de Cristo, intervalo que coincide con el período en que Poncio Pilato fue procurador de Judea.

Uno de los hallazgos del equipo —liderado por los geólogos Jefferson Williams, Markus Schwab y Achim Brauer— fue que este segundo evento sísmico podría ser el que deformó los sedimentos en la zona de estudio durante la primera mitad del siglo I, aunque no produjo registros documentados fuera de los textos bíblicos.

Algunos científicos han propuesto, con base en estos datos, que la crucifixión pudo haber ocurrido el viernes 3 de abril del año 33 d.C., cuando ese posible terremoto habría tenido lugar. Esta hipótesis combina la evidencia geológica con cálculos astronómicos, datos del calendario judío y referencias históricas del Nuevo Testamento.

Sin embargo, los propios investigadores y especialistas en historia antigua advierten que establecer un vínculo directo entre evidencia geológica y un episodio narrado en un texto religioso implica interpretaciones complejas. Es posible que el terremoto detectado sea independiente del relato evangélico, o que el autor del Evangelio haya incorporado elementos simbólicos a su narración.

Además de las señales sísmicas, algunos investigadores también han explorado otros fenómenos descritos en los evangelios —como la oscuridad durante la crucifixión— sugiriendo posibles explicaciones naturales, como tormentas de polvo, sin que haya un consenso científico definitivo.

Este debate entre geología, historia y estudios bíblicos continúa, subrayando tanto los avances de las técnicas científicas para estudiar eventos antiguos como los desafíos de interpretar fuentes religiosas en contextos históricos reales.

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