El 26 de julio, entre parras y cabellos: la fecha que conserva antiguos rituales de renovación
Una fecha donde la fe y las tradiciones rurales se mezclan
El 26 de julio no solo marca en el calendario católico la celebración de Santa Ana y San Joaquín, considerados los padres de la Virgen María y abuelos de Jesús, sino que en Paraguay y otras comunidades rurales también está asociado a antiguas prácticas relacionadas con la naturaleza, la agricultura y el cuidado personal.
Una de las costumbres más conocidas es la poda de las parras. Productores y familias aprovechan esta época del año para cortar ramas viejas de la vid y favorecer el crecimiento de nuevos brotes antes de la próxima cosecha.
Pero la tradición popular también sostiene que esta jornada es favorable para cortarse el cabello, una práctica que busca representar un momento de renovación y dejar atrás lo viejo para dar paso a una nueva etapa.
¿Por qué se podan las parras el 26 de julio?
La elección de esta fecha responde principalmente a una combinación de tradición y conocimiento agrícola. Durante el invierno, la vid entra en reposo vegetativo, reduciendo su actividad interna, por lo que la poda permite ordenar la planta, eliminar ramas improductivas y fortalecer los futuros racimos.
Según la creencia campesina, los cortes realizados en el día de Santa Ana favorecen una mejor floración y una producción más abundante. Aunque la fecha exacta depende de la región y del tipo de vid, la práctica se mantiene como una costumbre heredada.
El cabello y la idea de renovación
Otra tradición asociada al 26 de julio indica que cortarse el cabello en esta fecha ayuda a que crezca más sano, fuerte o abundante. Esta creencia está relacionada con antiguos saberes populares que vinculan los ciclos naturales, la energía de la tierra y las fases de la Luna con los procesos de crecimiento.
Sin embargo, desde el punto de vista científico, no hay pruebas que demuestren que un corte realizado en un día específico modifique la velocidad o la fuerza del crecimiento del cabello. El cabello crece desde el folículo capilar y su desarrollo depende principalmente de factores genéticos, hormonales y del estado general de salud.
Aun así, muchas personas mantienen el ritual por su valor simbólico: cortarse las puntas representa comenzar una etapa nueva, renovarse y cuidar la propia imagen.
Una tradición que llegó hasta nuestros días
La poda de las parras y los rituales vinculados al cabello forman parte de un conjunto de costumbres donde se mezclan la herencia europea, los conocimientos agrícolas transmitidos en el campo paraguayo y la devoción religiosa.
En hogares con patios, huertas o pequeñas plantaciones, el 26 de julio continúa siendo una fecha especial para trabajar la tierra, cuidar las plantas y mantener vivas prácticas que pasaron de abuelos a nietos.
Más allá de la explicación científica o religiosa, la jornada permanece como un símbolo de renovación: podar una planta para que vuelva a crecer y cortar el cabello como una forma de cambio personal comparten una misma idea, dejar espacio para lo nuevo.
