Despertarse repetidamente durante la madrugada podría ser un signo de estrés, ansiedad, depresión o malos hábitos como el uso excesivo de pantallas antes de dormir, y tiene un impacto directo en la salud mental y física, advierten especialistas en sueño. Este patrón de interrupción del descanso, común en muchas personas, puede afectar significativamente la calidad de vida si se vuelve frecuente y prolongado.
Según expertos, estos despertares nocturnos no solo impiden un descanso reparador, sino que también están asociados con alteraciones como irritabilidad, confusión mental y problemas de concentración durante el día. La clínica Mayo define este fenómeno como una forma de insomnio, una condición habitual en contextos de estrés.
Un estudio internacional reciente, publicado en Health Data Science, analizó los patrones de sueño de más de 88 mil adultos del Biobank británico, encontrando vínculos entre el mal descanso y más de 170 enfermedades diferentes. La evidencia señala que no solo importa cuánto se duerme, sino cómo se duerme.
Factores psicológicos y físicos detrás del mal descanso
Las causas de los despertares nocturnos son múltiples. En el plano psicológico, el estrés, los pensamientos negativos, el consumo de alcohol o cafeína y la adicción a las redes sociales pueden impedir un sueño continuo. La doctora Stella Maris Valiensi, neuróloga, explicó que el estrés actúa sobre el sistema hormonal y nervioso, fragmentando el sueño y dificultando su mantenimiento.
Por otro lado, condiciones físicas como apnea del sueño, reflujo ácido, necesidad frecuente de orinar, resfriados o ambientes inadecuados para dormir (temperatura elevada, exceso de luz o ruido) también pueden ser responsables. Además, el envejecimiento modifica las fases del sueño, volviéndolo más superficial, tal como lo señaló la psiquiatra Myriam Monczor.
La calidad del sueño, clave para la salud
La Fundación del Sueño de EE.UU. describe la calidad del sueño en base a cuatro elementos: el tiempo que se tarda en dormir (latencia), la cantidad de veces que uno se despierta, el tiempo que permanece despierto durante la noche y la eficiencia total del sueño. Incluso si una persona duerme la cantidad de horas recomendada, un sueño interrumpido puede ser perjudicial.
De hecho, según Johns Hopkins Medicine, existe una relación directa entre la depresión y los trastornos del sueño: hasta un 75 % de quienes padecen depresión presentan insomnio.
Cómo lograr un descanso nocturno reparador
Tanto Monczor como Valiensi coinciden en que establecer una rutina saludable es esencial. Algunas recomendaciones clave incluyen:
Mantener horarios de sueño regulares.
Evitar pantallas, comidas pesadas y cafeína antes de dormir.
No consumir alcohol durante la noche.
Dormir en un ambiente fresco, oscuro y silencioso.
No tomar siestas largas durante el día.
Realizar ejercicio físico por la mañana.
No automedicarse sin control médico.
Practicar técnicas de relajación nocturnas.
Finalmente, si los despertares nocturnos son frecuentes y afectan el funcionamiento diario, se recomienda consultar a un especialista en salud mental o en medicina del sueño. Dormir bien no es un lujo, sino una necesidad fundamental para el bienestar integral.
Fuente: Infobae.