Cinco hábitos de higiene mental para vivir mejor el presente
Cinco claves para incorporar al cotidiano esos hábitos de higiene mental que permitan vivir aquí y hora para mantener el bienestar en tiempos de ansiedad. Formas de tomar conciencia sobre los momentos en que es bueno acudir a terapia para obtener la ayuda necesaria para alcanzar una mejor calidad de vida.
“En estos tiempos de pandemia y con toda la incertidumbre que se acrecentó se destapó la olla presión. Hizo erupcionar el volcán en las familias. Hubo mucha demanda de la parte psicoterapéutica”, comenta Natalia Olazar, psicóloga.
-¿La gente le tiene menos miedo a la terapia?
- Ya no se tiene miedo de decir “voy al psicólogo”, que era algo que antes se escondía. Veo que ahora los consultorios psicológicos ya tienen su letrero. Eso se debe a que las escuelas fueron obligando a las familias a acudir a los profesionales para ayudar de manera temprana a los niños y niñas.
- ¿Fue como un empujón?
-Estos chicos y chicas van creciendo dentro de esa normalidad de que ir al psicólogo, el psicopedagogo o el fonoaudiólogo está bien y cuando se convierten en jóvenes, siguen haciendo psicoterapia. Así también los padres y madres que estuvieron más abiertos a estos requerimientos y acompañaron a sus hijos, ya saben que es normal hacer el proceso y que no solamente sirve para tratar un trastorno.
- ¿Para qué sirve en otros casos?
- Por ejemplo, las personas se hacen cada vez más conscientes de que tienen alguna traba para decidir en una situación. Ahí deciden ir a un profesional para que las ayuden, eso es parte de la conducta normal. En el caso en que no puedan controlar reacciones de irritabilidad, o aparezcan pensamientos que involucren daño como autolesiones o que hacen que la vida con los demás no sea la misma de antes y me crea inconvenientes en la vida social o conmigo mismo, entonces se puede hablar de trastornos. Eso también puede llegar con sintomatología física y es bueno acudir a profesionales.
- ¿A quién ir primero?
- Lo notable es que generalmente los trastornos de ansiedad, los ataques de pánico o la depresión... cuando la persona no se da cuenta, o no quiere aceptar o no quiere hacer algo al respecto, el trastorno se mantiene a lo largo del tiempo. Eso va desgastando el cuerpo, el sistema inmunológico, los músculos, los órganos, genera reacciones hormonales y problemas de neurotransmisores.
- Entonces se va al médico...
- El cuerpo se enferma y ahí se acude al Clínico, que da estudios de diagnósticos que arrojan que a nivel fisiológico no hay nada. Entonces ahí derivan al psiquiatra o al psicólogo. Los médicos siguen enviando primero a la gente hacia la Psiquiatría como primera opción, cuando debería ser del revés. Debería ser la Psicoterapia como primera opción y que el psicólogo si ve que no se está avanzando se deriva al psiquiatra.
- ¿Cuál sería la desventaja de este camino?
- Al entrar en Psiquiatría directamente se entra en la medicación. Hay situaciones en la vida en los que no hace falta la utilización de medicación en primera instancia. Con la psicoterapia se puede lograr cambios de hábitos de comportamiento, de pensamiento y eso genera cambios en su conducta. En caso de que el psicoterapeuta vea que la persona no logra una mejora, se deriva al psiquiatra. La medicación abre una ventana, un paréntesis de bienestar que permite al terapeuta seguir trabajando para conseguir resultados que sin la medicación no se habrían conseguido. Eso debería darse después de una evaluación y un tiempo de trabajar con esa persona.
- ¿Qué efecto tuvo el encierro?
-Se vio -por ejemplo- que la familia que se pensó que estaba unida, al estar confinada vio que sus miembros estaban muy separados. Eso generó muchísimo malestar. Se vio ansiedad generalizada, ataques de pánico, intentos de suicidio, autolesiones, trastornos alimenticios, muchísimas cosas brotaron o salieron a la luz cosas que ya estaban pasando.
- ¿Estamos sobrecargados?
- Todo conflicto, toda situación que genera malestar conmigo mismo o con los demás comienzan en la cabeza. Estamos tan cargados de cosas que se genera un ruido constante que queremos controlar completamente. Ese exceso de carga no es solamente culpa de uno o de una, sino que la sociedad misma no colabora para alcanzar el bienestar. Desde el gobierno, las empresas, el entorno general, se dan exigencias estereotipadas.
- ¿Cuáles son estas exigencias y sus efectos?
- Hoy en día la persona tiene que ser multifacética para poder sobrevivir en el ámbito laboral, por ejemplo, y debe tener al menos un trabajo que le permita tener lo básico para vivir. Todo esto genera un alto nivel de estrés por la competencia misma que hay en el mercado laboral. Eso hace que papá y mamá estén mucho tiempo fuera de casa porque deben mantener ese trabajo porque está siendo difícil conseguir otro y eso deriva en la desvinculación. También se genera la “necesidad” de control. Quiero controlar lo que pasa en mi trabajo, en mi casa, y en ese querer tener el control de todo genera la ansiedad.
- ¿Se le puede dar un nombre a eso?
- Está el Síndrome de Adaptación General que genera una resistencia... se va resistiendo a lo largo del tiempo hasta el agotamiento. Es ahí que aparecen los trastornos psicológicos, enfermedades psicosomáticas como la gastritis, la migraña, los dolores musculares, bajan las defensas y aparecen los resfríos. Todo eso se genera desde lo psíquico.Hábitos de higiene mental
¿Cómo se puede en el cotidiano alcanzar el bienestar y no entrar en esos ciclos?
1-Respirar. Si no respiramos nos morimos y si respiramos mal estamos viviendo mal. La respiración es vida y si nosotros no respiramos bien no estamos viviendo bien. Entonces, qué pasa. Cuando yo estoy nerviosa, enojada, ansiosa, deprimida o triste, mi respiración cambia. Cuando estoy enojada los músculos se contraen, y los pulmones no pueden expandirse. Lo primero que debemos hacer es recordar respirar bien. A mí todavía me sorprende, como cuando a una persona le pido que se concentre en su respiración la enlentece y profundiza, pero cuando el hincapié es que deje a su cuerpo respirar solo, se nota que no sabemos respirar porque es algo automático. El cuerpo ya está acostumbrado a respirar de cierta manera. Hay que entrenar otra vez a la persona para respirar. A veces una respiración profunda basta. Es muy importante que la respiración no sea solamente automática, sino intencionada y consciente para lograr que mi cuerpo respire bien. Ese tipo de respiración hace que pueda vivir el aquí y el ahora. Con la ansiedad, la cabeza va por delante del cuerpo y con la depresión está 20 pasos detrás, en el pasado.
2- Aprender las batallas que valen la pena pelear. No se pueden luchar en todas porque se resulta demasiado herido.
3- Hacer un vaciado mental. Por eso es importante la utilización de agendas o cuaderno de pendientes que también ayuda con la procrastinación, que no es lo mismo que postergar. La gente confunde mucho. La procrastinación se volvió un trastorno que tiene que ver con la postergación, pero mucho más intensa. Lo que tengo en mi cabeza, anotarlo es un ejercicio muy bueno, que si podemos tomarlo como hábito nos va a ayudar además a ver cuántas cosas en realidad estamos haciendo, incluso en el caso de que estemos haciendo un trabajo que no nos corresponde. Anotar pensamientos y cosas que siento también es muy beneficioso.
4- Actividad física. Tenemos que querer encontrar un espacio ya sea de 10, 15 minutos, media hora, una hora o lo más que se pueda para mover el cuerpo. El cuerpo necesita movimiento. Necesitamos sentir nuestro cuerpo. Cuando estamos todo el tiempo sentados en una oficina, en clase o en casa, no sentimos el cuerpo. El cuerpo está como entumecido.
5- Abrir los sentidos. Esa conexión entre mente y cuerpo se hace a través de los sentidos. Es importante que me pueda detener a mirar los colores, a escuchar los ruidos de mi ambiente, que pueda oler mi alrededor... todo eso hace que mi salud mental esté bien y que yo sea consciente de mi presente.
Ver también: https://www.elnacional.com.py/lifestyle/2021/11/13/arteterapia-cuando-la-expresion-ayuda-a-curar/