Adictos al maltrato

Adictos al maltrato

Consumir violencia es una forma de autoagresión. Existen personas que, si no reciben violencia externa, buscan activamente formas de violentarse a sí mismas para satisfacer su necesidad de flagelo. Algunas mujeres u hombres permiten conductas que con el tiempo se intensifican, en un intento por retener el amor, permiten situaciones inconcebibles que afectan tanto su vida psicológica como la de su familia.

El maltrato en algunas parejas se convierte en una adicción. Se vuelve indispensable para mantener el vínculo, convirtiéndose en la única manera en que satisfacen su necesidad, transformando esa situación en apego. El cambio amenaza la posibilidad de mantener esta necesidad de maltrato.

¿Qué es el maltrato?

Diferenciar el límite entre la cordura y la locura a veces es difícil. He escuchado aberraciones que se naturalizan en ciertos contextos de pareja, porque otros lo hacen o porque la pareja lo considera común. Nos sumergimos en un mundo donde sacrificamos nuestra psique, perdemos nuestras defensas y nos debilitamos para futuros vínculos normales. Algunas personas se convierten en el vehículo de la violencia del otro. El peligro radica en identificarse con este papel y asumirlo como parte de la propia identidad de por vida.

Darse cuenta de que este papel es un estado patológico es crucial. No hay forma de mantener la salud mental en un vínculo marcado por el control y el manejo. Es esencial comprender cómo cada uno interpreta las acciones del otro y tener la inteligencia emocional para separarse de la crítica ajena que no coincide con nuestros propios valores y necesidades.

La percepción de la violencia

Nuestra percepción de la violencia se moldea desde la infancia por los mensajes que recibimos de aquellos a quienes amamos más. Si tenemos una visión distorsionada de la violencia y creemos que es necesaria para idealizar al otro como fuerte, o que la sumisión asegura la permanencia del vínculo, estamos alimentando un concepto erróneo. Creer que el maltrato demuestra amor es un grave error.

Algunos mensajes engañosos, como "Te maltrato porque te quiero", "Te ignoro porque te quiero", "Te exijo porque no quiero enojarme contigo", manipulan la percepción de la víctima y justifican la violencia emocional o física.

La cultura del maltrato

En algunas culturas, el maltrato se ha normalizado como sinónimo de poder y fortaleza. Se distorsiona la realidad de sus consecuencias y se perpetúa de generación en generación, donde el respeto y los valores humanos quedan en segundo plano.

Es desgarrador que algunas personas no puedan enamorarse nuevamente porque extrañan el maltrato físico o emocional. Repiten patrones dañinos para encontrar paz, como si fuera una droga para el espíritu herido.

Salir de la adicción al maltrato

Salir de estos vínculos tóxicos implica un esfuerzo enorme, requiere confianza en uno mismo y la seguridad de reinterpretar los mensajes erróneos aprendidos en la infancia. Es fundamental pedir y aceptar ayuda profesional, buscar terapia especializada en comportamiento y mantener la constancia en el proceso de reaprendizaje hacia modelos de relación más saludables.

Las conductas adictivas se transmiten a los hijos. Por eso, en familias afectadas por la toxicidad del maltrato, intervenciones terapéuticas son necesarias para romper estos patrones aprendidos.

Algunas parejas no logran acordar para llegar a terapia, si bien alguno pudiera comprender que llegaron a una situación límite, no siempre cuenta con la ayuda del otro, por lo cual aparece otra manera de maltrato con extorsiones si uno quisiera salirse del vínculo.

Las personas adictas van cambiando el objeto de su adicción, no siempre son adictas a la misma sustancia, es necesario trabajar el origen de esta patología, es muy importante que quienes están cerca de personas adictas o consumidoras de maltrato puedan analizar la situación en la que se encuentran y la complejidad de la misma a fin de entender que es imprescindible el cambio antes de que sea tarde.