El acuerdo que dio origen a la represa fue suscripto en 1973 en Brasilia por los entonces mandatarios Alfredo Stroessner y Emilio Garrastazu Médici, en un contexto marcado por tensiones territoriales que finalmente se resolvieron mediante la explotación conjunta de los recursos del río Paraná. A partir de ese entendimiento, ambos países consolidaron un esquema de copropiedad sobre la energía generada en la central hidroeléctrica.
Tras su aprobación legislativa en ambos países, la Itaipú Binacional fue formalmente constituida en 1974 con el objetivo de ejecutar y administrar el proyecto que con el tiempo se convertiría en una de las mayores generadoras de energía del mundo. Desde el inicio de operaciones en 1984, la usina acumuló una producción superior a los 3 millones de GWh, consolidándose como pieza clave en el abastecimiento energético de la región.
Actualmente, la central cuenta con 20 unidades generadoras que operan con diferentes frecuencias para abastecer tanto al sistema paraguayo como al brasileño, lo que permite una distribución equilibrada de la energía producida entre ambos países.
Sin embargo, el aniversario encuentra a la binacional en un momento de incertidumbre respecto a su futuro. La renegociación del Anexo C, que define aspectos fundamentales como tarifas, distribución de ingresos y condiciones financieras, sigue sin concretarse, pese a recientes encuentros entre los presidentes Santiago Peña y Luiz Inácio Lula da Silva.
Desde el Ejecutivo se ha señalado que ambas partes coinciden en la necesidad de proyectar a Itaipú hacia una nueva etapa, enfocada en la reinversión de recursos en fuentes alternativas de energía que permitan sostener la oferta ante el crecimiento de la demanda. No obstante, las diferencias en torno al nivel tarifario y los intereses de cada país han ralentizado el proceso.
Autoridades paraguayas reconocen que se trata de una negociación compleja, que implica revisar décadas de acuerdos y redefinir el rumbo estratégico de la entidad. En ese marco, se sostiene que la existencia de una tarifa intermedia vigente brinda cierto margen para continuar el diálogo sin presiones inmediatas.
Por su parte, Brasil ha planteado la necesidad de avanzar hacia una reducción gradual de la tarifa, postura que abre un nuevo frente de discusión sobre el equilibrio entre competitividad, ingresos y capacidad de inversión de la binacional.
Así, a 53 años de su creación, Itaipú sigue siendo un símbolo de integración energética, pero también un escenario de negociación permanente, donde el desafío central pasa por definir un nuevo marco que garantice beneficios sostenibles para ambos países en un contexto energético cada vez más exigente.