El sector de servicios tercerizados encendió una señal de alerta sobre uno de los principales desafíos estructurales que enfrenta Paraguay: la desconexión entre la formación educativa y las exigencias reales del mercado laboral.
Mientras áreas como tecnología, servicios e industrias creativas expanden su demanda de talento, una porción significativa de las vacantes permanece sin cubrir.
Lejos de tratarse de un problema de cantidad de egresados, el foco está puesto en la pertinencia de la formación.
"Una de las brechas más evidentes es la falta de conexión entre lo que se enseña y lo que realmente se utiliza en el mundo laboral", sostuvo Stella Taboada, vicedirectora académica del Centro Cultural Paraguayo Americano.
Según explicó, muchos perfiles cuentan con una base teórica sólida, pero presentan escasa experiencia práctica, limitado manejo de herramientas actuales y poca evidencia concreta de competencias aplicadas.
El impacto de esta brecha no es menor. Desde el sector advierten que incluso se pierden oportunidades de inversión debido a la falta de talento técnico preparado. "Esa brecha limita el crecimiento de proyectos y la generación de empleo formal", agregó Taboada.
En economías impulsadas por el conocimiento, la disponibilidad de capital humano calificado se convierte en un factor clave para atraer inversiones. Empresas interesadas en instalar operaciones de BPO, centros de servicios compartidos o unidades tecnológicas analizan con rigor la calidad del talento disponible en el país.
En ese contexto, la educación técnica adquiere un rol estratégico.
La incorporación de innovación, tecnología, análisis de datos e inteligencia artificial en los programas formativos deja de ser una opción y pasa a ser una necesidad frente a la transformación del mercado.
A ello se suman las llamadas habilidades blandas, como la comunicación efectiva, el pensamiento crítico, el liderazgo y la adaptabilidad, consideradas hoy determinantes para la empleabilidad.
El diagnóstico es compartido por la Cámara Paraguaya de Servicios y BPO, que agrupa a empresas del sector con alto potencial de generación de empleo joven y formal.
Su presidente, Pablo Zabala, subrayó que la formación está directamente ligada a la competitividad país. "Hoy existen oportunidades que no se concretan porque formación y necesidad empresarial no avanzan al mismo ritmo", afirmó.
El desajuste no solo afecta a las compañías, sino también a jóvenes y adultos que ven limitadas sus posibilidades de inserción laboral. Según especialistas, los programas técnicos de menor duración, con modalidad flexible y fuerte componente práctico, permiten reducir esta brecha al facilitar una inserción más rápida en el mercado.
En esa línea, el CCPA lanzó recientemente el American Business Institute (AMBIZ), una propuesta orientada a la formación técnica en negocios y transformación digital. Sin embargo, los actores coinciden en que el desafío excede iniciativas puntuales y requiere una transformación sistémica.
El consenso entre el sector académico y empresarial apunta a fortalecer la articulación con el Estado y el sector productivo. Más que acuerdos formales, se plantea la necesidad de un intercambio constante sobre las competencias demandadas, actualizaciones curriculares ágiles y políticas que fomenten la innovación.
Cuando esa coordinación se traduce en pasantías, mentorías y alianzas estratégicas, la educación técnica se posiciona como una herramienta clave para la competitividad. En una economía donde el talento funciona como infraestructura crítica, reducir la brecha entre formación y mercado se vuelve esencial no solo para mejorar el empleo, sino también para potenciar la capacidad del país de atraer inversiones y sostener un crecimiento económico más sofisticado.