En las últimas semanas, el río Paraguay mostró una tendencia descendente que se refleja en puertos clave como Asunción y Concepción.
El retroceso superó el metro de diferencia en comparación con los niveles de agosto, lo que genera preocupación en el comercio exterior y en la logística fluvial.
El antecedente inmediato de bajantes extremas, como las registradas en 2021 y 2022, alimentó la incertidumbre de los gremios exportadores, que dependen casi en su totalidad de la hidrovía para movilizar cargas de soja, maíz, arroz, combustibles y otros productos.
Lluvias que traerían alivio
Los pronósticos climáticos de referencia anticipan que octubre marcará un quiebre en el déficit de lluvias que afectó gran parte del invierno.
Se prevén precipitaciones dentro de los parámetros normales o incluso por encima de la media en gran parte del centro y norte del país, aunque con déficits localizados en el sur y sureste.
Ese patrón contribuiría a una lenta pero sostenida recuperación de los caudales de los principales ríos, especialmente en la cuenca del Paraguay.
No se espera una crecida abrupta, pero sí el suficiente aporte para mantener operativos los pasos críticos de la hidrovía.
Impacto en la economía nacional
La navegabilidad fluvial es un factor estratégico para la economía, dado que cerca del 80 % de las exportaciones e importaciones del país se movilizan a través de los ríos Paraguay y Paraná.
Cada descenso prolongado golpea directamente a la competitividad, al incrementar los costos logísticos y limitar la salida de la producción agrícola e industrial.
El alivio que traerían las lluvias de octubre permitiría sostener los envíos y evitar interrupciones mayores en el transporte fluvial.
Sin embargo, especialistas advierten que la situación seguirá siendo frágil y que cualquier retraso en las precipitaciones podría devolver el escenario de alarma.
Vigilancia constante
Si bien los modelos climáticos ofrecen un panorama más favorable que en años recientes, los organismos técnicos insisten en la necesidad de mantener un monitoreo permanente de los niveles.
La experiencia de las últimas bajantes mostró que el país no puede relajarse ante un recurso que es vital no solo para el comercio, sino también para el abastecimiento interno y la generación de energía.
Octubre será así un mes clave: entre la memoria reciente de las sequías y la expectativa de un repunte en los caudales, la navegabilidad de los ríos vuelve a ponerse en el centro del debate económico.


