Mujeres paraguayas entre el empleo y la sobrecarga
La pobreza es un fenómeno complejo y multidimensional que no se reduce únicamente a la falta de dinero. Puede medirse desde distintos enfoques: por los ingresos o el consumo de los hogares; por las carencias simultáneas en educación, salud, vivienda y bienestar; por la percepción que las personas tienen de su propia situación; por su duración y persistencia; y por la disponibilidad de tiempo después de cumplir con las obligaciones.
De acuerdo con la analista Ana Rojas, del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (CADEP), el uso del tiempo afecta de manera distinta a hombres y mujeres, según los roles y cargas que asumen a lo largo de la vida. Esta dimensión, silenciosa e injusta, atraviesa especialmente la experiencia de las mujeres.
"La llamada pobreza de tiempo describe una condición en la que las personas —en su mayoría mujeres— no disponen de suficiente tiempo libre después de cumplir con sus tareas laborales y domésticas".
Desigualdad estructural
Este fenómeno no solo repercute en el bienestar individual, sino que expone una forma de desigualdad estructural que el dinero, por sí solo, no puede compensar.
La pobreza de tiempo se sostiene y reproduce a través de la división sexual del trabajo. Surge de la manera en que las sociedades organizan la producción, el empleo y el cuidado.
"Mientras el mercado valora y remunera el empleo formal, el trabajo doméstico y de cuidados —indispensable para sostener y reproducir la vida— permanece invisibilizado. En consecuencia, las mujeres viven atrapadas entre dobles o triples jornadas, combinando un empleo remunerado muchas veces precario con largas horas de trabajo no remunerado", subraya la especialista.