Economía familiar

Misión imposible: llegar a fin de mes sin auxilio de la tarjeta

A pesar del dinamismo, el BCP enciende una luz amarilla sobre la calidad de esta deuda. La morosidad se concentra principalmente en los extremos de la pirámide de crédito.
Recomiendan el buen uso de las tarjetas de crédito. Foto: Archivo.

El uso de dinero plástico en Paraguay ha alcanzado niveles históricos en el arranque del 2026. Según los últimos datos del Banco Central del Paraguay (BCP), el saldo total de tarjetas de crédito en el sistema bancario superó la barrera de los G. 6,6 billones (aproximadamente USD 1.100 millones al tipo de cambio actual) al cierre del trimestre, lo que representa un vertiginoso crecimiento interanual del 30,6% o en otras palabras, las deudas con tarjetas triplica el ritmo de crecimiento de la economía en sí. 

Este fenómeno, bautizado popularmente como la "fiebre del tarjeteo", refleja un cambio en el comportamiento del consumidor paraguayo, que recurre cada vez más al financiamiento de corto plazo para sostener su consumo diario y aprovechar las promociones de los entes financieros.

La suba galopante de los precios de combustibles y bienes alimenticios así como servicios está poniendo en aprietos a las familias paraguayas, esto en un escenario de eventual suba de G. 50.000 del salario mínimo, una suma insignificante en tiempos de subas generalizadas, aunque para el Gobierno, la inflación está "controlada", una visión muy lejana a la realidad de los consumidores cuando pasan por las cajas registradoras de los comercios. 

El informe de la banca matriz revela que no solo ha crecido el monto de la deuda, sino también la cantidad de plásticos en circulación. Actualmente, existen cerca de 2,5 millones de tarjetas activas, un incremento del 13% en comparación con el mismo periodo del año anterior.

Alerta

Los analistas del sector apuntan a que la agresiva competencia entre bancos —encabezada por jugadores tradicionales como Itaú en volumen de saldo, y nuevos competidores digitales como Ueno en emisión de plásticos— ha democratizado el acceso al crédito, aunque con matices de riesgo.

A pesar del dinamismo, el BCP enciende una luz amarilla sobre la calidad de esta deuda. La morosidad se concentra principalmente en los extremos de la pirámide de crédito.

Las denominadas líneas bajas (menos de G. 3 millones) registran una morosidad del 6,9%. Las líneas medias-bajas (G. 3 a 5 millones) presentan el índice más alto, situándose en el 7,9%.

"El crecimiento es positivo para el consumo, pero la velocidad del endeudamiento debe ser monitoreada de cerca para evitar un sobreendeudamiento de las familias en un contexto de tasas que siguen siendo sensibles", explicaron técnicos del sistema financiero.

El saldo promedio financiado por cada tarjetahabiente ronda hoy los G. 2,5 millones. Mientras que las líneas superiores a G. 10 millones muestran un comportamiento de pago más estable, los segmentos de menores ingresos son los que más "bicicletean" sus deudas para llegar a fin de mes, impulsados por los descuentos en supermercados y estaciones de servicio que dominan el mercado publicitario actual.