La UIP pide abrir más espacio a empresas paraguayas en obras públicas sin cerrar puerta al capital extranjero
La llegada de capital extranjero y el fortalecimiento de las empresas paraguayas no deberían ser objetivos contrapuestos. Ese es el planteamiento que vuelve a poner sobre la mesa la Unión Industrial Paraguaya (UIP), que reclama una mayor participación de firmas nacionales en los proyectos de infraestructura y obras públicas, pero sin plantear el cierre del mercado a los inversores internacionales.
El debate surge en un momento en que Paraguay busca posicionarse como destino de nuevas inversiones y atraer capitales hacia sectores como infraestructura, industria, energía y manufactura. La discusión, sin embargo, plantea una cuestión más profunda: cómo lograr que el capital extranjero que llega al país genere encadenamientos con empresas locales y contribuya al desarrollo de capacidades nacionales, en lugar de limitarse a ejecutar proyectos con una participación reducida del empresariado paraguayo.
El presidente de la UIP, Enrique Duarte, sostuvo que el país debe privilegiar a la industria nacional de la construcción, aunque aclaró que esto no significa subsidiar empresas ni restringir la competencia. Su planteamiento apunta a que las compañías paraguayas que ya cuentan con experiencia y capacidad en obras viales, eléctricas y sanitarias tengan mayores oportunidades de participar en los proyectos que impulsa el Estado. Al mismo tiempo, consideró necesario mantener condiciones de transparencia en los procesos de contratación pública.
La posición adquiere relevancia porque Paraguay enfrenta simultáneamente dos necesidades. Por un lado, requiere inversiones de gran escala para cerrar su déficit de infraestructura, mejorar la conectividad y elevar la productividad de la economía. Por otro, necesita que ese proceso fortalezca a su tejido empresarial y genere empleo, proveedores y transferencia de conocimiento dentro del país.
La cuestión no es menor para una economía pequeña como la paraguaya. Cuando una gran obra es ejecutada por empresas extranjeras, una parte importante del capital, la tecnología y las compras puede quedar fuera del circuito nacional si no existen mecanismos que incentiven la participación de proveedores y contratistas locales. En cambio, cuando la inversión externa se articula con compañías paraguayas, puede convertirse en una plataforma para ampliar capacidades y permitir que empresas nacionales accedan posteriormente a proyectos de mayor escala.
Paraguay ya cuenta con un marco que busca favorecer la participación local en las compras públicas. A finales de 2025, el Poder Ejecutivo reglamentó nuevamente el acceso preferencial previsto para productos y empresas de origen nacional, estableciendo un margen preferencial de hasta 40% para las firmas que acrediten el origen local de sus productos, servicios y mano de obra. La medida busca fortalecer la producción nacional dentro de los procesos de contratación estatal, aunque su aplicación efectiva dependerá de la capacidad institucional para garantizar reglas claras y competencia transparente.
El desafío, sin embargo, va más allá de establecer preferencias. Las empresas paraguayas también necesitan contar con condiciones financieras y contractuales que les permitan competir. El sector de la construcción viene soportando una presión significativa por los atrasos en los pagos del Estado. A mediados de 2026, las obligaciones pendientes con empresas contratistas rondaban los USD 340 millones, incluyendo certificados de obras impagos e intereses acumulados.
Esta situación introduce una contradicción que merece atención. Mientras el país busca atraer nuevos capitales y anuncia grandes proyectos de infraestructura, las empresas nacionales que ya participan en la ejecución de obras enfrentan dificultades derivadas de la falta de previsibilidad en los pagos. La competitividad de la industria local no depende únicamente de ganar licitaciones, sino también de contar con un Estado que cumpla oportunamente sus compromisos y permita a las compañías sostener su flujo financiero.
La discusión también se vincula con el modelo de atracción de inversiones que Paraguay quiere construir. La llegada de capital extranjero es necesaria para ampliar la capacidad productiva y financiar proyectos que exceden, en muchos casos, las posibilidades del capital local. Pero atraer inversiones no debería significar simplemente importar empresas para ejecutar proyectos. El verdadero impacto económico aparece cuando esas inversiones generan proveedores nacionales, empleos de calidad, transferencia tecnológica y nuevas cadenas productivas.
Lógica de complementariedad regional
En lugar de concebir la llegada de empresas extranjeras como un reemplazo de las capacidades locales, el objetivo debería ser integrar ambos capitales para ampliar mercados y desarrollar nuevas industrias. Esta visión adquiere especial importancia ante el creciente interés de compañías brasileñas, españolas y de otros países por instalarse o expandir operaciones en Paraguay.
El país tiene, además, una oportunidad que no debería desaprovechar. La previsibilidad macroeconómica, la disponibilidad de energía y la posición geográfica pueden atraer inversiones, pero esos factores por sí solos no garantizan desarrollo. Para que el capital extranjero deje una huella duradera, debe integrarse a una economía local capaz de proveer bienes, servicios y mano de obra especializada.
En ese sentido, el debate sobre las obras públicas es una discusión sobre el modelo de crecimiento. Paraguay necesita capital extranjero, pero también necesita empresas nacionales más grandes, competitivas y capaces de participar en proyectos de escala internacional. La política pública debería apuntar a construir ese puente: atraer inversiones sin desplazar al empresariado local y utilizar los grandes proyectos de infraestructura como una herramienta para desarrollar capacidades productivas internas.
La apertura al capital extranjero y el fortalecimiento de la empresa paraguaya no son caminos incompatibles. El verdadero desafío está en diseñar reglas que permitan que ambos procesos se potencien. Si Paraguay consigue convertir la inversión extranjera en un mecanismo de integración con su industria nacional, las obras públicas pueden dejar de ser solamente infraestructura construida para convertirse también en una plataforma de desarrollo empresarial y productivo.